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 2706-5421

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«CRISIS DEL MAGISTERIO»

Comparte disruptiva

La calidad de la educación está en la calidad de sus docentes”, ese es un mantra repetido por la actual administración del Ministerio de Educación (MINED) sobre la importancia de formar a los docentes.

“La calidad de la educación está en la calidad de sus docentes”, ese es un mantra repetido por la actual administración del Ministerio de Educación (MINED) sobre la importancia de formar a los docentes. Si bien, a priori, un docente se puede sentir “identificado” en esa frase, lo cierto es que extrapola el rol del profesor y minimiza las (ir)responsabilidades del Estado en su rol de garante de la educación en el país. Pero dejando ese análisis para otra ocasión y asumiéndolo cierto, uno esperaría que el Estado diese prioridad al docente, tanto en su formación inicial, continua y con sus derechos como trabajador. Sin embargo, la semana pasada se dieron dos noticias que distan de esta idílica frase.

1- El 2 de diciembre, el MINED dio a conocer los resultados de selección de plazas docentes en el sistema público. La mayoría de los docentes seleccionados tienen diez  y quince años desde que se graduaron esperando entrar al sistema público que, entre otras cosas, asegura estabilidad laboral y un mejor salario ($700 el salario base) y dejan atrás a más de 40 mil profesores que seguirán esperando su oportunidad. Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con “calidad en la educación?

2- Complemento con otra noticia que se dio a conocer. Según el Ministro de Educación, Carlos Canjura, existen más de 5 mil profesores en edad de jubilación que no se retiran aduciendo que las pensiones son bajas. Diferentes medios han recogido a lo largo de los últimos años casos de profesores que actualmente ganan más de 1 mil dólares y que al consultar el monto de la jubilación es menor a 300 dólares. Este monto no es extraño ya que si la mitad de su tiempo de trabajo lo han realizado en colegios que como máximo pagan 500 dólares, con seguridad su pensión será muy baja. Nuevamente, ¿Qué tiene que ver con que profesores entren luego de quince años de graduados al sistema público y que haya 5 mil profesores en edad de jubilación con la “calidad en la educación”? Pues bien, existen graves consecuencias pedagógicas y laborales en este asunto. Los primeros afectados son los docentes ya que si esto no se resuelve cada año tendremos una planta docente cada vez más envejecida, hoy el promedio es de 42 años, con una tasa de recambio que irá disminuyendo porque los profesores no querrán jubilarse con una pensión menor al 30 % de su salario actual, aumentando año a año el desempleo docente que hoy nos dice que hay más profesores desempleados que empleados ¡una cifra horrorosa!

Es una “trampa perfecta”: los profesores tardarán más años en entrar al sistema público, que garantiza mejor salario, y tardarán más años en jubilarse ya que la mayoría de su tiempo de trabajo fue con salarios muy bajos. Un auténtico drama.

Esto también tiene consecuencias pedagógicas con nuestros estudiantes ya que estarán frente a profesores que, en su mayoría, fueron formados en el “oscurantismo pedagógico” que significó la desregulación de la formación docente en los años noventa en universidades de dudosa reputación y donde muchos de ellos no hacen uso de las tecnologías, ni las redes, es decir, la brecha comunicacional entre docentes y estudiantes irá aumentando. Además, esto genera un “desperdicio” de dinero ya que el Estado invierte cada año en formar docentes en las universidades, sin embargo estos docentes jóvenes con ganas, con ideas frescas, con capacidad de atreverse a innovar en su aula deberán esperar más de una década para poner su conocimiento en práctica, cuando las ganas, el entusiasmo y el deseo de cambio sea destruido en los colegios privados por un salario, con suerte, un poco arriba del salario mínimo. Es decir, podríamos crear el mejor programa de formación docente del mundo y aun así no veríamos a esos profesores en el aula hasta dentro de diez años… ¡Diez años con suerte!

Es por esta razón que no dudo en llamar “crisis del magisterio” a la actual situación que viven los profesores en El Salvador, crisis que año a año las autoridades en Plan Maestro y la Comisión de Educación ignoran atendiendo otros temas “más importantes” como nombrar el tercer jueves de noviembre como “día nacional del aire puro” o ver la discusión entre el Viceministro Castaneda y el Ministro de Educación Canjura si la deserción escolar está entre 0,9% o 2,9%.