Adalberto 01

¿Dónde se incuba la corrupción?

Nuestro país, Centro América y América Latina en general, nos sorprende con frecuentes noticias escandalosas de caso de corrupción, siendo esta una plaga dominante del sector público, pero también se conocen muchos casos en la empresa privada a través de regalías, favores o confabulaciones de todo tipo y a todo nivel.

Hay normas religiosas, normas sociales, y normas jurídicas que tratan de regularlo desde diferentes puntos de vista, pero las mismas no han sido suficientes para detener este flagelo. Es como si hubiéramos perdido el rumbo y la sociedad ha olvidado valores básicos y principios fundamentales que nos obligan a obrar con rectitud, cualquiera que sea la actividad que desarrollemos, en el sector público o privado, o en lo político y lo religioso.

Actualmente tenemos regulaciones nacionales e internacionales, también en nuestro país contamos con  instituciones como el Tribunal de Ética, y dentro de las regulaciones internacionales  podemos mencionar la Convención Interamericana contra la Corrupción, la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción, XVII Cumbre de Presidentes, y el Tratado Marco de Seguridad Democrática en Centroamérica. Además, se han creado agencias anticorrupción, se promueve el gobierno electrónico en los países de América Latina, se crean leyes y mecanismos para mejorar las compras y contrataciones públicas, hay regulaciones en convenios y marcos interinstitucionales, se exige a funcionarios que declaren sus patrimonios y se mejoran los sistemas de gestión financiera, de compras, de contrataciones públicas y en contratos comerciales agregamos cláusulas anticorrupción entre muchas otras medidas. 

Actualmente estamos hablando combatir la corrupción a través de una Comisión Internacional Contra la Impunidad (CICIES), la cual fue una promesa de campaña del actual presidente de la república, Nayib Bukele,  encontrando opiniones de todo tipo sobre la viabilidad de esta opción para nuestro país; la corrupción no es un fenómeno nuevo, existe desde hace siglos; sin embargo, no se solía hablar de ella, no era parte del debate público y hasta por lo menos hace 25 años, era una palabra casi prohibida en la agenda internacional de desarrollo;  en nuestro país hemos visto en los tribunales casos muy emblemáticos, en América Latina un ejemplo especial sobre la gran corrupción es el escándalo protagonizado por la constructora brasileña Odebrecht, la corrupción es una sombra que avanza inexorablemente abarcando todos los ámbitos del que hacer de la sociedad del siglo XXI.

Todos como sociedad salvadoreña independiente, el rol que desempeñamos en la misma y desde el círculo laboral, puesto, campo de trabajo o espacio o lugar habitual que estemos posicionados, nuestra actuar es imperante ya que no hay corrupto sin corruptor.

¿De dónde nace la CORRUPCIÓN? ¿Es corrupto solo el que se apropia del dinero público? ¿O el que da o recibe para que le adjudiquen una licitación? ¿Solo el que soborna en cualquier ámbito público o privado?

Como ya habíamos mencionado hay regulaciones de todo tipo, ahora bien con la implementación de las políticas de PLD-FT en el tema de Prevención del Lavado de Dinero y Financiamiento del Terrorismo y la implementación del Código de Ética, los sujetos obligados, establecieron lineamientos y procedimientos para tratar de prevenir conductas frecuentes y habituales consideradas  como un actuar natural, pero que son fraudulentas, todo esto con el ánimo de disuadir y detectar a los corruptos.

Dichas regulaciones son normas que se imponen coercitivamente, la ley identifica tres elementos esenciales: manda, prohíbe o permite, pero la verdadera ley anticorrupción, inicia en casa: “No le compre el último iPhone a su hijo o no le compre el carro nuevo de agencia, si lo paga con los frutos de la corrupción. No le compre la licencia de conducir. No le saque documentos falsos, No le de dinero para pagar que le hagan los trabajos del colegios ni de la universidad. No fomente el bullying en los colegios ni en la universidad. No explote a su cónyuge ni ejerza violencia económica.”

No soborne policías, y muchísimo menos, delante de sus hijos ni de su familia. No compre objetos robados. Recuerde que en la mente de un estafado hay un estafador. No arroje basura a la calle. Haga filas y no se incorporé a la misma de forma fraudulenta, aun tomando más tiempo para ello. No actue despóticamente contra su prójimo aunque tenga posibilidades económicas.

Pague el salario justo a sus trabajadores, no espere a que llegue el Ministerio de Trabajo a multarlo, si tiene empleados domésticos págeles el salario mínimo y reconózcale sus derechos laborales. No humille al que tiene menos dinero o al que tiene menos poder que usted.

No fomente el mobbing en los círculo laborales, puestos, campos de trabajo o espacio o lugar habitual que estemos posicionados.  

No humille al que tiene menos dinero o al que tiene menos poder que usted. Deje de decir a sus hijos y a su familia que lo importante es el dinero y que hay que salir adelante como sea, mejor dígales que estudien y trabajan para crear su patrimonio.

Y si está de suerte porque se encontró una billetera, un iPhone o una Tablet, devuélvalos, tienen dueño y los necesitan quizá más que usted.

Eduque a sus hijos y familia.  Enséñeles el respeto a los demás. Solo con el ejemplo les enseñaremos a nuestro prójimo y a la sociedad a ser honestos, alegres, generosos, responsables, serviciales y felices. No importa que no seamos ricos basta la salud, el trabajo y la familia, porque no es necesario tenerlo todo basta tener lo necesario para vivir. Pero si tienes para comprar, para pagar, para viajar hágalo porque en el cementerio no importa si eres rico o pobre.

En conclusión la sociedad salvadoreña ha aprendido a vivir con la ‘vivianada’ al natural, por ello es necesario que en el hogar se vuelva a formar excelentes seres humanos, a educar y crear valores. No importa que hagan o dejen de hacer los políticos, los religiosos, los funcionarios actuales, que se creé la CICIES, lo que haga el Presidente o deje de hacer, si en el hogar se fomentan antivalores. ¡En la casa se incuba la corrupción!

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