Fernando Aceto

El cigarro electrónico, el Ministerio de Salud, las tabacaleras y los exfumadores

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En estos tiempos es raro encontrar un fumador que no quiera dejar de fumar. Los que pueden, dichosos, lo dejan de un día para otro. Aplausos grandes para ellos. Otros (la mayoría) probamos de todo: filtros, terapia psicológica, terapias de reemplazo de nicotina (TRN) como el chicle o el parche, ansiolíticos y hasta fármacos caros con efectos depresivos como el Champix.  Yo fumé durante 25 años, logré dejarlo hace ocho años gracias al cigarro electrónico. No he vuelto a tocar un cigarrillo, y mi salud ahora es comparable a la de un no fumador.

Los cigarrillos electrónicos son dispositivos que calientan un líquido, sin llegar a quemarlo, para producir un aerosol. El líquido se compone de glicerina grado farmacéutico (50 – 70 %), propilenglicol y agua destilada (44 – 24 %), saborizantes especiales (1 – 3 %), y nicotina (0 – 3 %). Lo que sale de la punta del cigarro electrónico es técnicamente una neblina o aerosol conocido popularmente como “vapor”. Es casi igual al humo artificial que se utiliza en discotecas y espectáculos, en estos casos la misma glicerina que se utiliza en los nebulizadores para asmáticos. La solución suele contener diferentes concentraciones de nicotina que varían desde 30 mg/ml, las más fuertes -un cigarro puede tener hasta 2 mg-, hasta cero (sin nicotina). No todos contienen nicotina, de tal forma que algunos simplemente proporcionan ese aerosol para simular el efecto del fumado, un placebo. La disponibilidad de líquidos con diferente concentración permite que los exfumadores reduzcan gradualmente la dosis de nicotina que reciben al utilizarlos, algo que no pueden hacer con los productos de tabaco.

Los cigarrillos electrónicos también llamados ‘e-cigs’ o sistemas electrónicos de entrega de nicotina (ENDS) fueron inventados en China en el año 2003. Los primeros llegaron a El Salvador en el año 2009. Estos dispositivos han evolucionado y mejorado considerablemente, de manera que, mientras la mayoría de los modelos iniciales emulaban a los cigarrillos en forma y tamaño, los modelos más recientes son muy diferentes. Los que aún conservan una forma cilíndrica tienen aproximadamente el tamaño de una pluma estilográfica, y muchos otros tienen formas que en nada se parecen a un cigarrillo convencional. Estos modelos recientes se conocen como ‘vaporizadores personales’. 

Desde que yo pude liberarme del tabaco con este maravilloso invento, mis familiares y amigos comenzaron a bombardearme con artículos y reportajes en contra del cigarro electrónico. Las críticas que he leído siempre se basan en opiniones de supuestos «expertos», algunos sin respaldo científico y otros citando fuentes –con conflicto de interés- que ya han sido desmentidas científicamente. Casi siempre se enfocan en magnificar los posibles efectos negativos que pudiera tener aspirar el aerosol de glicerina, omitiendo a su conveniencia comparar eso con las fatales consecuencias de seguir fumando. Dicen que a los seres humanos no nos gusta ver ojos bonitos en cara ajena, yo agregaría que tendemos a disfrutar de los fracasos ajenos. Sea por envidia o por lo que sea, existe una intensa campaña de desinformación a nivel global en contra del método más eficaz para dejar de fumar que yo he conocido y ha llegado el momento de ponerla al descubierto. 

Yo no necesito ver más estudios que demuestren lo que ya he comprobado con mi propia experiencia y de la de cientos de exfumadores que han recuperado su salud gracias al cigarro electrónico, pero me veo obligado a exponer los hechos que nadie quiere publicar. Es un hecho innegable que ya hay muchos estudios científicos serios (sin conflicto de interés con las tabacaleras, ni con la O.M.S., ni con las compañías farmacéuticas) que concluyen que el cigarro electrónico, si bien no se puede afirmar que sea totalmente inocuo, es mucho menos dañino que el tabaco. En contraste con lo que hacen los críticos para desinformar, el cigarro electrónico se tiene que evaluar como alternativa menos dañina exclusivamente para fumadores. Lo que interesa es el beneficio de aspirar glicerina contra el riesgo de seguir fumando. 

Contrario a lo que suelen “afirmar” los críticos, está demostrado que la neblina de glicerina aromatizada que producen los cigarros electrónicos es inofensiva para terceros. El humo  del tabaco tiende a subir mientras que la neblina de glicerina cae al suelo arrastrando consigo las impurezas del aire. Un estudio serio realizado por el Dr. Michael Siegel  (Indiscutido experto en tabaquismo con 25 años de experiencia que ha abogado por  la adopción de controles más estrictos en contra el tabaco) concluyó que la insignificante concentración de nicotina proveniente de los e-cigs que se acumula en una cabina cerrada no constituye un riesgo para terceros. Hay otros estudios más recientes, como el del Dr. Miguel de La Guardia (muy respetado Catedrático de Química Analítica de la Universidad de Valencia en España), en el cual ni siquiera pudieron medir la concentración de nicotina en el “vapor” exhalado por un “vapeador” (término usado para referirse a los usuarios del cigarro electrónico) aún al colocarle el sensor a 30 centímetros de distancia de su boca. Al final de este artículo comparto los enlaces a varias entrevistas que pueden dar más luz sobre el tema. 

Es un hecho que Salud Pública del Reino Unido mantiene activa una comisión de científicos y expertos en salud que investigan y revisan todos los estudios que se publican en el mundo sobre el cigarro electrónico desde hace cinco años. En su último reporte publicado el año pasado siguen concluyendo que el cigarro electrónico es cuando menos un 95 % menos dañino que el tabaco. El gobierno de Inglaterra aprueba y promueve el uso de cigarros electrónicos como método oficial para dejar de fumar. Lo mismo ocurre en otros países desarrollados como Canadá y Nueva Zelandia. También es un hecho que en Estados Unidos los cigarros electrónicos se siguen vendiendo libremente a pesar de la poderosa campaña de desinformación promovida por los enemigos de las alternativas para fumadores. 

Recientemente se celebró en San Salvador el Taller Anual de Planificación del F.C.T.C. 2030. Este es un proyecto de “ayuda al desarrollo” financiado por los gobiernos del Reino Unido y de Australia, tiene como objetivo fortalecer el control de tabaco en países de ingresos medios y bajos ofreciendo asistencia directa y permanente a los países “seleccionados” para acelerar la aplicación del  Convenio Marco del Control del Tabaco (C.M.C.T.) de la O.M.S. En la coyuntura del evento tuvimos la oportunidad de escuchar a la distinguida consultora del C.M.C.T., Carmen Audera, reconociendo públicamente (en el programa Diálogo con Ernesto López del 20 de Marzo) que “el cigarro electrónico no es tabaco, que produce vapor en vez de humo, y que dicho vapor no contiene los conocidos componentes dañinos del humo del tabaco”. La consultora aclaró, sin embargo, que a pesar de que puede ser menos dañino, la O.M.S. se niega a promoverlo como alternativa para los fumadores porque “los que se cambian del tabaco al cigarro electrónico siguen enganchados a la nicotina”. En otras palabras, la política de la O.M.S. para ayudar a los fumadores de países subdesarrollados se puede resumir en la frase: quit or die” (O dejas de fumar por completo o mejor te mueres fumando). La Sra. Audera explicó que para fortalecer el control del tabaco, la O.M.S. promueve reformas a las leyes para aumentar los impuestos, las multas y las restricciones, incluyendo en esto posiblemente al cigarro electrónico. Lo curioso es que ese plan no ha calado ni en el congreso de su propio país (España), porque carece de apoyo popular. Dichosamente en ningún lugar del mundo se le han aplicado al cigarro electrónico los impuestos desalentadores del tabaco.

Me resulta chocante y contradictorio que la “ayuda para el desarrollo” que nos quieren recetar países ricos e inteligentes como Inglaterra (que en su territorio permite y hasta promueve el cigarro electrónico) consista en impulsar la política maquiavélica de “quit or die”. Con sus “ayudas para el desarrollo”, diseñadas para países pobres e ignorantes, nos están agarrando de conejillos de indias y le están envenenando la mente a nuestros funcionarios y a nuestros profesionales de salud. El gobierno saliente ha permitido que pisoteen nuestra soberanía y prueba de ellos es que a mediados de diciembre del 2018, en plena temporada Navideña, sin acercamientos ni avisos previos, las autoridades del MINSAL lanzaron su ataque arbitrario en contra de todos los pequeños negocios de cigarros electrónicos que operan legalmente, algunos desde hace muchos años. Los inspectores de salud recorrieron los centros comerciales de todo el país amedrentando farmacias y pequeños establecimientos, exigiéndoles Permiso del MINSAL para vender Productos de Tabaco” y les registraron hasta las mochilas de los empleados para llevarse todos los parches, los chicles y los líquidos para cigarro electrónico que pudieron encontrar, pretendiendo dejarnos a los exfumadores sin más opción que volver a comprar tabaco. Los productos que sacaron del mercado contienen nicotina, pero no contienen tabaco, y no se pueden tipificar como productos de tabaco simplemente porque el Convenio Marco de la O.M.S. y la Ley para el Control del Tabaco, que conforman el marco legal superior, definen claramente a los productos de tabaco como productos preparados totalmente o en parte utilizando como materia prima hojas de tabaco y destinados a ser fumados, chupados, mascados o utilizados como rapé. Las autoridades del MINSAL se aprovechan de la lentitud de nuestro sistema judicial, de la fragilidad de nuestro estado de derecho, y de la ignorancia de las autoridades policiales para hacer lo que se les antoja. Con total impunidad, como ya lo ha reconocido la directora de Fosalud, se han inventado un reglamento que tiene vicios de inconstitucionalidad, pasan sobre las leyes, atropellan los derechos de los consumidores y de los pequeños comerciantes, les prohíben ejercer su actividad, les decomisan su mercadería, les exigen permisos inaplicables, y los acosan con procesos sancionatorios sacados de la chistera. Atropellan nuestro estado de derecho con la “ayuda para el desarrollo” de los cooperantes del Proyecto F.C.T.C., justificando sus actos arbitrarios con los argumentos falsos de la O.M.S. que lindan con lo ridículo:   

OMS: “Los cigarros electrónicos han sido introducidos por la misma industria tabacalera, y la solución no puede venir de quien hace el daño».

¡Totalmente falso y absurdo! No se han tomado el tiempo de investigar un poco. Los comerciantes de cigarros electrónicos en El Salvador son emprendedores y pequeñas empresas operadas por vapeadores que no le compran absolutamente nada a la industria tabacalera. ¿Con qué derecho vienen a imponer su criterio sin consultarnos? ¿Acaso no tenemos derecho los consumidores de decidir cuál solución nos conviene más? 

OMS: “No hay certeza sobre los riesgos del cigarro electrónico».

Los científicos y los expertos han concluido reiteradas veces que el cigarro electrónico es cuando menos un 95 % menos dañino que el tabaco. Si todos los fumadores se pasaran al cigarro electrónico, el mundo se ahorraría miles de millones de dólares en servicios de salud. El cigarro electrónico es la mejor alternativa para reducir al mínimo los riesgos de los fumadores que son refractarios a otros métodos para dejar de fumar. ¿Por qué insisten con su “quit or die” en lugar de aplicar la política del daño menor como lo ha hecho sabiamente el gobierno de Inglaterra? 

OMS: “Los que dejan de fumar con el cigarro electrónico posteriormente vuelven a fumar».

Para afirmar eso tendrían que respaldarlo con datos estadísticos, como los de una investigación realizada con 19 mil vapeadores por Konstantinos E. Farsalinos , Giorgio Romagna, Dimitris Tsiapras, Stamatis Kyrzopoulos y Vassilis Voudris  en la cual se comprueba que ese argumento es una falacia. ¿Por qué no invierten sus “ayudas para el desarrollo” en una investigación con los vapeadores salvadoreños? 

Todos estamos de acuerdo en buscar opciones para reducir el tabaquismo respetando el sistema jurídico, con leyes ampliamente discutidas, justas y equitativas. El cigarro electrónico tiene que considerarse como una opción menos dañina para los fumadores, porque puede ser un valioso instrumento de salud pública. Las regulaciones para los cigarros electrónicos deben ser diseñadas sobre la base científica de sus características, que son muy diferentes a las de los productos de tabaco. Pretender castigarlo con los mismos impuestos que el tabaco sería una violación del principio de proporcionalidad. Castigar a los fumadores de escasos recursos con más impuestos sin ofrecerles opciones reales sería otra canallada más. En sus esfuerzos por restringir la comercialización de la mejor forma para dejar de fumar que yo he conocido, el Ministerio de Salud está cometiendo un grave error que favorece a la industria tabacalera y nos afecta a todos los ex fumadores.

Referencias

  • “Mirando a través de la neblina: ¿Qué nos dice la composición química de los cigarros electrónicos sobre sus riesgos para la salud?” Por: Dr. Igor Burstyn, Departamento de Salud Ambiental y Ocupacional, Universidad Drexel, Filadelfia, EEUU. — –
  • Reporte sobre los cigarros electrónicos comisionado por salud pública de Inglaterra: “Electronic cigarettes. A report commissioned by Public Health England” –
  • «Cigarros electrónicos: Actualización de la evidencia. Reporte comisionado por salud pública de Inglaterra” Por: McNeill A, Brose LS, Calder R, Hitchman SC, Hajek P, McRobbie H,Agosto 2015, Public Health England. –
  • Revisión de evidencias sobre los cigarros electrónicos y productos de tabaco calentados 2018, Un reporte encargado por Salud Publica de Inglaterra.
  • “Evidence review of e-cigarrettes and heated tobacco products 2018, A report comissioned by Public Health England”.
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