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Fidel López Eguizábal

Fidel López Eguizábal

Docente investigador UFG.

El docente que se debe tener

Comparte disruptiva

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Para llegar a ser el docente ideal o el docente que queremos en las aulas se necesita ser propositivo.  El docente que queremos debe ser ético, dispuesto al cambio y a la investigación permanente para erradicar aprendizajes obsoletos; adaptarse a esos cambios que la misma sociedad plantea; tener la capacidad  de  identificarse con  los  alumnos y sus intereses, necesidades y problemas. El docente que queremos debe estar dispuesto a aceptar la crítica constructiva y a enmendar sus errores, erradicar el empirismo que lleva consigo y adaptarse a la época en la que imparte sus conocimientos.

Con respecto a esos cambios, hago alusión a la filosofía Kaisen que propone la búsqueda de la “mejora continua”. En el proceso enseñanza – aprendizaje se debe adoptar una actitud hacia el cambio educacional. Si se aplica lo anterior en el proceso mencionado, se irán implementando paulatinamente las mejoras esperadas para transformar a los docentes. El docente ideal, debe contar con conocimientos sólidos sobre el proceso de investigación y aplicarlos a los estudiantes para que sean mejores cada día y se entusiasmen en el proceso enseñanza-aprendizaje.

El docente que queremos debe adaptarse a la investigación, a la proyección social y la docencia. Realmente el “docente ideal” no existe, pero debe acoplarse a los cambios, acoplarse a la educación evolutiva. Ejemplo de ello es en la asignatura de contabilidad, el maestro debe de impartir la cátedra con software de aplicación; así también, en otras especialidades que lo requieran. Ya no debe enseñar la famosa “T” de contabilidad nada más en la pizarra. Es menester incluir en este escrito, que las universidades están acreditándose y certificándose, y por ende, a los docentes que las conforman, se les está evaluando constantemente, es por ello que el docente seleccionado, tiene la obligación de reunir las características mencionadas. Enseñar no es de muchos y los que lo hacemos tenemos una tarea ardua que cumplir.

Haciendo referencia a las palabras de Ignacio Ellacuría: “Hay unos que son autores: los que repiten como títeres, como mimos; los agentes: son los que hacen, los que son activos y por último están los autores: los que producen, esos que paren ideas, esos que son innovadores”.

¿Hacer docencia es algo que se trae en la sangre o se hace a la fuerza? Un docente ideal es el que tiene conocimiento de la asignatura que impartirá, tiene que tener relación con el área de trabajo, habilidades para transmitir mencionados saberes, utilizando métodos innovadores en el campo didáctico y por ende tener por lo menos estas características: respeto, honestidad, iniciativa, responsabilidad, disciplinado, presentación personal y léxico acorde a la asignatura impartida.

En la actualidad, el docente ideal tiene que adaptarse a las nuevas tecnologías del conocimiento y ello no implica alejarse del método tradicional de pizarra y yeso, aunque ello ya está quedando para los “profesores tradicionales”. El profesor tiene que adaptarse a nuevas exigencias, tiene que saber que los alumnos ahora son cibernéticos y envían trabajos y consultan a través del correo electrónico y otras plataformas de enseñanza y a través de las tecnologías de la información y comunicación. Esto es lo que se parafrasea en el siglo XXI: “Actualicemos al docente”.

Con respecto a la sociedad del conocimiento, campo al cual el docente debe de adaptarse, indagar, descubrir nuevos discernimientos para estar a la vanguardia de la educación. Debe estar siempre en constante aprendizaje con las nuevas plataformas educativas, pizarras electrónicas, sistemas de enseñanza en 3D, etc. Es lo que se debe aprender.

La enseñanza continúa en constantes cambios, en Argentina se inauguró una mesa virtual “La Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Católica Argentina incorporó una Mesa Virtual de Anatomía… se trata de una Mesa Sectra, de tecnología sueca, que recrea imágenes en 3D. Esta mesa permite hacer cortes con un bisturí virtual, realizar mediciones, estudiar las distintas capas de tejido y explorar las estructuras del cuerpo humano en tamaño real”. En cada asignatura se deben adaptar las tecnologías y el maestro debe aprender a utilizarlas. Son sorprendentes los avances de la ciencia.

Un profesor ideal es aquél que innova; es el que indaga en ensayos, en recortes de periódicos, revistas especializadas, en el mundo de la Internet… Resalto algunas respuestas sobre el catedrático que deberían tener las universidades salvadoreñas: indagador y científico; pedagógico y humanista; debe actualizarse constantemente, ser especialista en el área o asignatura, actualizarse en avances tecnológicos; debe ser honesto, empático, investigador, ecuánime, con sentido social amplio, ordenado, puntual, exigente, etc.

El docente debe estar capacitándose continuamente, estar prestos a lo que brinda la sociedad del conocimiento, especializarse en el área en la que imparte sus conocimientos, tener producción intelectual o escribir artículos, crear sus propios libros de lectura (libros de cátedra) y no olvidarse de los principios pedagógicos.

Se analizan las posibilidades en donde el catedrático tiene que entregarse a la docencia y no hacerlo como modo de supervivencia; el pedagogo Óscar Joao Picardo manifiesta: «No queremos docentes que se refugien en la universidad por haber fracasado como profesionales”. Sabemos que en nuestro país la docencia no es bien remunerada, en especial en la educación media y primaria. El docente no debe solo dictar las clases, no debe llegar a cumplir una misión sin rumbo o salir del compromiso, no debe llegar al salón de clases pensando solo en el salario que devengará.

Un docente, “el de hora clase”, sabe bien que es igual a aquél de tiempo completo, sabe la responsabilidad de estar en el recinto universitario. Sin embargo, el docente que trabaja en alguna empresa o en el gobierno y luego se va a la universidad; en muchas ocasiones, no lleva ni preparada la clase, incluso, reúne a los alumnos en grupo y les da un caso práctico inventado, sacado de la manga de la camisa para escaparate y problema solucionado.  El alumno espera una “clase magistral” o el maestro verá que los alumnos preferirán mejor adentrarse en el mundo del smartphone y buscar en Google información pertinente y actualizada.

Esperando tener un augurio positivo con el docente universitario, y los que estamos inmersos en el mundo de la pedagogía, debemos convertir a los discentes en estrellas y no los estrellados al salir de cada clase. Se espera que el docente se entregue en cuerpo y alma en el salón de clases, que ponga toda su sinergia.

El profesor de la Universidad Francisco Gavidia: José Melgar Callejas (que en paz descanse) manifestó en su libro ‘Enseñando con amor’: “Falta de constancia en el propósito, dar énfasis en lo material, falta de evaluación permanente, falta de estímulo para que el estudiante permanezca en clase, falta de reconocimiento entre docente y estudiante, falta de interés por el estudiante, solo realizar evaluación sumativa, no mantener temas actuales, no mantener viva la llama del saber y falta de liderazgo”.

A modo de conclusión, los mejores maestros se hacen en el camino. Se podrá estudiar hasta un doctorado en pedagogía pero si no hay práctica educativa no se podrá saber el verdadero trabajo de un maestro. Esperemos que se cumplan los objetivos y no veamos como mandamientos estas palabras, que sirvan de apoyo para aquél ser humano (el maestro) que está enseñando a las nuevas generaciones. Que instruya de la mejor manera, con ello, lograremos ciudadanos mejores, educados, un país más justo y próspero. “El docente que quiere servir enseña con amor”.

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