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Raúl Benítez

Raúl Benítez

LA TEPELCÚA NO ES COMO LA PINTAN

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La tepelcúa (Dermophis mexicanus) es un pequeño anfibio centroamericano con un cuerpo relativamente largo, entre los 50 y 70 centímetros de longitud. También conocido como Cecilia, pertenece a la familia dermophiidae y es fácilmente confundida con una serpiente o una lombriz terrestre.

Es un anfibio de hábitos nocturnos, “tiene un cuerpo oscuro con un vientre pálido, además de ser ciego y con un sentido del olfato muy desarrollado”, explica Rosa María Delgado, coordinadora de la Unidad de Servicios Educativos y Museografía del Museo de Historia Natural de El Salvador. 

La especie es una depredadora con forrajeo pasivo, es decir que espera a la llegada de su presa, “prefieren invertebrados como las lombrices, termitas y pequeñas lagartijas”, comentó. Además, posee una mandíbula pálida con marcas de tentáculos.

La voz popular salvadoreña señala a la tepelcúa como un animal que puede introducirse en el ano de las personas que defecan en el campo, un mito que despierta el odio hacia el pequeño animal. “Hay que concienciar a las personas de que son animales inofensivos y no hacen daño a nadie, al contrario, son controladores del medio ambiente y ayuda a mantener a raya a pequeñas especies”, agrega Delgado.

El Munhes exhibe en enero a la tepelcúa como su pieza del mes. El ejemplar que posee el museo fue capturado en una casa en la colonia La Mascota, de San Salvador, en 1978. Un poco más de 40 años después, ayuda desde un pequeño frasco con alcohol y agua a que se comprenda y estudie un poco más a su especie

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