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Libertad de expresión… pero no mucha

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El reciente arresto de Julián Assange pone de manifiesto que a la clase política global, –desde el primer al tercer mundo- que vive de los impuestos que pagamos los ciudadanos, en realidad no les interesa la libertad de expresión en el sentido pleno.

Assange -y con él WikiLeaks– o Edward Snowden desplegaron la era de las filtraciones, y ahora como anota uno de sus protagonistas: “Los cables diplomáticos son la enciclopedia más extraordinaria de cómo el mundo funciona en un nivel internacional y de cómo los países funcionan”, y resulta que en nombre de la democracia y sobre todo de los intereses geopolíticos, el mundo funciona muy mal, e insisto, esta maquinaria perversa es financiada por los aparatos fiscales de los gobiernos que se nutren de nuestros impuestos.

Se miente, se encubre corrupción, se asesina, se persigue, se espía, se tortura, se toman decisiones perversas y muchas cosas más, y sólo accedemos a estos datos gracias a los grandes enemigos de la “democracia”: Assange y Snowden.

Julián Paul Assange, programador, periodista y activista de Internet australiano y naturalizado ecuatoriano, y Edward Joseph Snowden, consultor tecnológico estadounidense, informante, antiguo empleado de la CIA y de la NSA, no pudieron contener tanta infamia y deliberadamente arriesgaron su comodidad, privilegios, vida y libertades al compartir cables, correspondencia, informes y otros documentos que describen la forma de pensar y actuar inmoral de muchos políticos, funcionarios, gobernantes, tecnócratas, contratistas y operadores, y que lo hacen en nombre de su falsa democracia, plagada de intereses, mentiras, impunidad y corrupción.

• Tenemos derecho a saber porque financiamos todo lo que hacen los gobiernos…
• Tenemos derecho a saber porque les prestamos temporalmente el poder para gobernar…
• Tenemos derecho a saber la verdad, pero una verdad transparente, sin intereses ni ideologías…

Tenemos derecho a la construcción de una sociedad más ética, con referentes y líderes moralmente fuerte, gente a quien creer y sobre todo en quién confiar, personas dignas que antepongan la humanidad y sus derechos ante cualquier interés petrolero, armamentístico, geopolítico o comercial.

Parece que a muchos le interesa la libertad de expresión, pero no la total libertad, sino una acomodada a la medida socioeconómica de sus socios, y esto no es libertad, sino el enmascaramiento frecuencial de la verdad; es una libertad defectuosa, ideologizada; en fin, una libertad mínima para grupos, una falsa libertad.

La libertad de expresión en su sentido e interpretación plena es radical, no admite medias tintas y esto incomoda, así como estorba un periodismo independiente, riguroso y crítico. Desde hace muchos años grandes sectores de la clase política están enemistados con los periodistas serios, ya que éstos han revelado la cara oculta de la corrupción e impunidad que tiene a los pobres siempre en la miseria y que elimina o daña a quien no piensa como ellos.

No es casualidad que en México hayan asesinado a más de 40 periodistas, que arresten a Assange o que persigan a Snowden, y esto es sólo un símbolo muestral de lo que sucede a escala planetaria. No es casualidad, porque la verdad incomoda y saca a la luz los rasgos más perversos de la democracia contemporánea.

La podredumbre del mundo: Narcotráfico, racismo, tráfico de armas, trata de personas, espionaje, guerra y corrupción, entre otros fenómenos, tiene al acecho algunos periodistas que desenmascaran, que desideologizan con rigor metódico y evidencias; algunos son odiados, otros eliminados y la mayoría perseguidos.

Nos interesa la “Libertad de expresión”… pero no mucha libertad.

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