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Nohel Meléndez Reyes

Nohel Meléndez Reyes

Lo único permanente en la realidad social es la transformación

Comparte disruptiva

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Las elecciones presidenciales del pasado 3 febrero en El Salvador han sido históricas. En realidad, antes que iniciaran, ya podíamos decir que lo eran. Por primera vez después de la firma de los Acuerdos de Paz, una tercera opción tenía posibilidades reales – así lo demostraban las encuestas de opinión – de ganar las elecciones y con esto iniciar el rompimiento del sistema de partidos políticos construido durante los últimos 27 años.

En El Salvador, el sistema de partidos políticos se encuadra dentro de los sistemas competitivos. Específicamente es un sistema de pluralismo polarizado, en las palabras del politólogo italiano Giovanni Sartori. Este sistema se caracteriza principalmente por tener partidos predominantes que utilizan a los partidos pequeños del sistema para generar gobernabilidad y que crean dinámicas centrífugas en los ámbitos ideológicos y programáticos.

En este sentido, la victoria en primera vuelta de la fórmula presidencial de Gana/NI/CD terminó de construir este calificativo de histórica. Pero esta victoria electoral, así como otros hechos sociales – y por lo tanto políticos – relevantes acontecen dentro de un contexto social determinado. Ellos no son efectos espontáneos de una campaña electoral, sino el resultado de años de desgaste político.

Para el caso de El Salvador, como bien lo menciona Óscar Picardo, una razón importante es el desgaste ético de los grandes partidos políticos. A este elemento me gustaría agregar una categoría que, pienso, puede resumir la conducta de las comisiones o cúpulas políticas de estos partidos: el autoengaño. En el ámbito de la psicología social, Leon Festinger estudió el fenómeno que él llamaba disonancia cognitiva, este es un conflicto que emerge debido a la diferencia entre nuestros pensamiento, acciones y sentimientos.

Una de las salidas menos apropiadas ante esta situación es el autoengaño. Es decir, crear un conjunto de argumentos que justifiquen nuestras acciones para poder sobrellevar esta paradoja sin tener que afrontarla o modificarla. En el caso salvadoreño, los partidos FMLN y Arena, o por lo menos sus principales líderes, justificaban sus acciones bajo el argumento o lógica implícita que la realidad salvadoreña está condenada a la pobreza, y por eso no valía la pena asumir grandes costos y sacrificios personales para crear un proyecto transformador a largo plazo – eso lo demostraron durante sus 30 años de gobierno.

Este profundo entendimiento conservador de la realidad llevó a la utilización de las organizaciones públicas en beneficio de intereses de grupos aislados y en detrimento de los intereses de las mayorías – y ni hablemos de las minorías. Pero como el politólogo liberal Samuel Huntington mencionaba, toda institución es el reflejo de intereses enmarcados en un determinado contexto histórico.

Por lo tanto, cuando esas instituciones dejan de representar los intereses de la sociedad entran en un proceso de decadencia política. Para el caso del FMLN y Arena, así como fue antes el caso del PCN y PDC, han iniciado su decadencia política, y sus reformas internas van a definir la rapidez o lentitud con la cual este proceso va a desarrollarse.

Hablemos sobre los resultados electorales

Todo lo anterior se puede sustentar, en gran parte, por los resultados de las elecciones presidenciales. Los resultados finales no solo reflejan una victoria de Gana/NI/CD, o específicamente de Nayib Bukele como candidato antisistema, sino también reflejan un profundo mensaje de la ciudadanía. Por eso a continuación, vamos a hacer una revisión de estos resultados y apuntar algunas hipótesis preliminares que deben ser comprobadas y profundizadas en futuros esfuerzos académicos.

Vamos a utilizar un abordaje deductivo para ordenar las ideas. En ese sentido, la participación electoral en las pasadas elecciones fue del 51.88 % del padrón electoral. Desde una comparación nacional, esto representó una disminución con tendencia a la baja, en comparación a las últimas tres elecciones presidenciales – 2004 (66.1 %), 2009 (62.9 %) y 2014 (55.3 %). Y también en comparación al promedio histórico de participación desde la firma de los Acuerdos de Paz que ha sido del 55.02 % para las elecciones presidenciales.

A nivel centroamericano, también se encuentra por debajo del promedio de la región: 64.7 % para el año 2014. Estos datos fueron obtenidos del Estudio sobre Participación Electoral en América Central, y de ellos se puede apuntar la siguiente hipótesis: existe una tendencia histórica a la disminución de la participación electoral en las elecciones presidenciales en El Salvador. Esta idea tiene que ser contrastada con base a la falta de depuración constante del padrón electoral salvadoreño – por particularidades como el fenómeno de la migración irregular, alta tasa de homicidios, entre otros.

Con respecto a la cantidad de votos obtenidos por cada partido, de mayor a menor tenemos los siguientes resultados. Gana/NI/CD obtuvo 1,434,856 votos, representando el 53.10 % de los votos totales. La coalición Arena/PCN/PDC/DS obtuvo 857 mil 084 votos, representando un 31.72 % de los votos. El partido FMLN obtuvo 389 mil 289 votos, representando el 14.41 % de los votos. Y finalmente, el partido Vamos obtuvo 20 mil 763 votos, representando el 0.77 % de los votos.

Este contexto apunta a por lo menos el surgimiento de tres grandes ideas. Primero que los principales dos partidos políticos históricos, Arena y FMLN, han perdido una cantidad importante de votos. Para el caso de Arena, el resultado de estas elecciones representó una disminución del 18.18 % de los votos con respecto a la última elección presidencial. Esto con el agravante que en estas elecciones participó en una colación con otros tres partidos políticos, por lo tanto, se infiere que obtuvo apoyo adicional.

En el caso del FMLN, la pérdida de votos fue mucho más grave, llegando a disminuir su votación con respecto a las elecciones presidenciales anterior en un 70.41 %. Cabe mencionar que estas comparaciones se realizan con base a los resultados electorales en primera vuelta de las elecciones presidenciales del año 2014.

La segunda idea es la confirmación del éxito electoral que representa el candidato antisistema Nayib Bukele, y su estrategia de campaña electoral con base en las redes sociales. Sobre la primera parte de esta idea, el partido Gana obtuvo un aumento de votos con respecto a las elecciones presidenciales anterior del 366.46 %. Para el caso de la elección anterior su participación se realizó dentro de una coalición y en esta elección fue como una alianza electoral. En este sentido, no ha sido la participación conjunta al lado de otros partidos políticos el elemento diferenciador, sino la participación de Nayib Bukele.

Sobre la segunda parte de esta idea, la estrategia digital de la candidatura de la fórmula presidencial Gana/NI/CD ha roto con el mito de la importancia actual del trabajo territorial. Esto no significa que el trabajo de campo debe ser totalmente reemplazado, pero sí que debe ser medido el nivel y diferencias en la penetración digital de redes sociales como WhatsApp, Facebook y Twitter. Un inicio interesante de lo anterior es la visualización de las interacciones en Twitter durante el día de las elecciones realizada por James Humberstone.

Esta idea debe ser relativizada con el hecho que esta alianza gastó la mayor cantidad de dinero en su campaña electoral, representando el 36.63 % de los 25.8 millones de dólares invertidos por todos los partidos políticos. Así como también su inversión publicitaria se concentró un 88 % en las pautas televisivas, es decir, un medio de comunicación clasificado como tradicional.

Finalmente, la tercera idea es la cantidad relativamente relevante de votos nulos en estas elecciones. Los partidos pequeños que participaron en coalición como PCN, PDC y DS, así como el nuevo partido Vamos que participó con su propia fórmula, obtuvieron un promedio de 13 mil 187 votos. Cuando la cantidad de votos nulos totales fue de 25 mil 770, un número irrelevante en términos porcentuales con respeto a los votos totales, pero interesante en comparación a estos partidos políticos pequeños.

Los primeros desafíos del nuevo gobierno

Ahora que Gana/NI/CD han ganado las elecciones, existen más dudas que certezas con el nuevo gobierno que se está formando. En primer lugar, no se sabe el nivel de influencia que el partido Gana, como partido oficial en gobierno, va a tener dentro de la administración del presidente electo Nayib Bukele. Durante esta semana después de las elecciones, los líderes del partido Gana han dicho hasta el cansancio que la formación del gobierno es facultad únicamente del presidente electo. Sin embargo, la duda continua en una ciudadanía que no confía en las cúpulas de los partidos políticos.

De igual forma, debido a la concentración de la campaña en la figura del presidente electo, es difícil identificar liderazgos que vayan a asumir cargos estratégicos en el nuevo gobierno, y al mismo tiempo no vayan a descuidar la consolidación de su partido Nuevas Ideas. En este punto es posible que se presente el dilema de la mezcla entre partido y gobierno, y en este caso entre el partido Gana, Nuevas Ideas y CD y el gobierno para ser más precisos.

Sobre su capacidad de generar gobernabilidad en una Asamblea Legislativa con mayoría opositora, parece a primera vista que tendrá menos problemas que los pensados en un inicio. A pesar de tener solo 11 diputados gracias al partido Gana y uno al partido CD, en menos de una semana desde su victoria electoral, la bancada legislativa del PCN – ocho diputados – y el PDC – tres diputados – han ofrecido su apoyo al presidente electo. A esto se suma el apoyo puntual de diputados del partido Arena, FMLN y el diputado no partidario.

Existe también una incógnita sobre el equipo de trabajo que liderará el proceso de transición de gobierno. A una semana de las elecciones, el primer tuit del presidente electo ha sido para comunicar una reunión con la embajadora de Estados Unidos, sin lugar a duda un claro mensaje en materia de política exterior – aquí no estamos contando las interacciones como likes o retweets.

Pero es preocupante que el segundo tuit del presidente electo fue destinado a denunciar la contratación de nuevos funcionarios públicos, el cambio de contratos y el aumento de salarios dentro del actual gobierno. En conjunto con su tercer tuit que expresaba la falta de voluntad para una transición ordenada, generó una reacción del presidente Sánchez Cerén en la cual emitía un decreto a través del Ministerio de Hacienda que prohibía todas las acciones mencionadas anteriormente. Nuevamente, un ejemplo sobre la necesidad de reinterpretar la dimensión del impacto de las redes sociales en nuestras actuales sociedades.

El penúltimo elemento que pienso es interesante destacar es de naturaleza cualitativa. Después de las elecciones la ciudadanía salvadoreña ha recobrado la idea que es posible opciones diferentes – de forma y fondo – al momento de elegir a sus funcionarios públicos. Este contexto abre las posibilidades a nuevos partidos políticos, algunos que ya están inscritos como Nuevas Ideas y Vamos, y otros que están en proceso de inscripción como Nuestro Tiempo.

Es probable que los partidos políticos históricos, como instituciones que representan tiempos del conflicto armado, hayan llegado a un punto de decadencia política crítico. Esto le añade una gran responsabilidad al nuevo gobierno, el cual despertó una alta expectativa en la población y, por lo tanto, será altamente cobrado durante su gestión.

Finalmente, el nuevo gobierno del presidente electo Nayib Bukele tendrá que afrontar, desde mi punto de vista, su mayor paradoja en el corto plazo: la naturaleza de las transformaciones sociales. Porque ellas buscan modificar la situación actual, pero no significan un quiebre radical con respecto a la situación anterior.

Quiere decir que las expectativas de la ciudadanía sobre una forma totalmente nueva de ejercer política – en su sentido amplio – va a contrastarse con las posibilidades reales de administrar las organizaciones públicas. Finalmente, las transformaciones siempre recogen elementos del pasado, y crean nuevas síntesis que en el futuro también provocarán transformaciones. Esta es la naturaleza dialéctica de la realidad social, creada, modificada e interpretada por los seres humanos, e imposible sin ellos.

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