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Medicina amarga… para la clase media

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La “medicina amarga” que anunció el Presidente Bukele en la toma de posesión el 1 de junio puede interpretarse de diversos modos: Reorganización del gobierno –despidos por nepotismo o compadrazgo, por ejemplo-, impuestos en algunos rubros, eliminación de privilegios económicos o subsidios, sacrificar algunos servicios para potenciar otros  o, reforma fiscal; por cierto, una reforma justa y necesaria, en un país en donde hay muchos desequilibrios, evasores, elusores y un sistema legal que coadyuva a este desorden. Si queremos llegar a invertir el 6 % del PIB y mejorar el sistema educativo –la plataforma de todos los cambios- se debe recaudar con más justicia y mejor; y aunque no sea un principio único, el invertir más dinero para mejorar –se necesita eficiencia y menos burocracia- en las condiciones actuales de endeudamiento que superan al 72 % del PIB poco y nada se puede hacer. 

Ahora bien, vale preguntarnos ¿quiénes tomarán la medicina amarga?, ¿los mismos de siempre?; en efecto, cada vez que se decide un impuesto nuevo o una reforma fiscal es la “clase media” la más golpeada, la que está contra la pared, y la que suele estar mejor fiscalizada; la que tributa, pero tiene que pagar educación privada, salud privada, seguridad privada, sin poder deducir estos gastos que sobrepasan el 70 % de sus ingresos. 

Mientras la “informalidad” sigue de fiesta…; una considerable cantidad de tiendas, empresarios de los mercados, transportistas, proveedores, vendedores, entre muchos otros, no entregan factura y no pagan impuestos y mueven cientos de miles de dólares al año en la “cachada”; y esto nunca se toca; nunca toman la medicina…  

En el otro extremo, un segmento de empresarios corporativos, tienen una arquitectura envidiable para presentar al Ministerio de Hacienda “cero ganancias”; empresas que cabalgan en ventas millonarias, y que compran y mueven activos y al final presentan sobre la mesa un escenario “tablas”. En cierto sector, los miembros de una junta directiva delegan a uno de los accionistas para que realice una compra de un inmueble y luego se lo auto-venda a la misma junta directiva en un precio cinco veces mayor; así lavan dinero y evaden. En otro sector, una vez analizada la rentabilidad anual, deciden hacer compras estratégicas para usufructo de los accionistas (vehículos, propiedades, etc.), pero todo a nombre de la empresa para reportar menos utilidades y pagar menos impuestos. No es extraño, ver a empleados o esposas de empresarios haciendo compras en el supermercado con “crédito fiscal” para minimizar lo que se va a declarar; también resulta extraño que vehículos de lujo de tipo SUV y de marca –BMW, Mercedes Benz, Audi, Porche- estén catalogados como vehículos de trabajo. 

No crean que el pueblo se traga todos los cuentos de los estudios patrimoniales en donde se desvanecen o se modifican por arte de magia las fortunas de políticos y empresarios; el lujo y la pobreza no se pueden ocultar…   

El axioma “hecha la ley, hecha la trampa” hace que algunos se tomen la medicina amarga, mientras que otros tomen whiskey importado... Por esta razón en nuestro medio, los ricos se hacen más ricos, los pobres siguen pobres y la clase media se viene debilitando en cada quinquenio; y todo esto sucede con conocimiento pleno y complicidad del gobierno. Inclusive hay historias en dónde se tiene trato preferencial con evasores, mientras, al profesional de clase media se le da seis cuotas a rajatabla para pagar sus impuestos. 

Ojalá que con este cambio de gobierno sea más equitativa la dosis de medicina amarga, incluyendo a los financistas de los partidos, quienes hacen caridad política a cambio de favores y privilegios. Los “niños enfermos” y las patologías socio-políticas del país desde hace años tienen la misma etiología, los mismos vectores y no se erradica la epidemia; y por esto, creo que se dio el cambio el 3 de febrero, ya veremos si tomaron nota o si nos tocará otra vez la receta de la misma medicina amarga, la que nunca cura

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