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Nuestro punto de vista: Hacia un “Nuevo Acuerdo para El Salvador”

El 16 de enero de 1992, con la firma de los Acuerdos de Paz, no sólo se puso fin al conflicto armado, sino que se abrió una nueva etapa de oportunidades para construir una sociedad con base en el diálogo, al respeto de la opinión pública y con administración de disensos para diseñar soluciones a los problemas del país. 

Pese a las imperfecciones de nuestra democracia, hemos respetado de modo ejemplificante este acuerdo en los diversos procesos electorales con madurez en un marco de alternabilidad; no obstante, no hemos podido construir una visión de país con alcance de largo plazo, de tal modo que existe una diversidad de problemas sociales y económicos que se mantienen estáticos o se van resolviendo muy lento. Migración, violencia, falta de oportunidades de empleo, calidad de la educación, crecimiento económico, deterioro del medioambiente, reconciliación, impunidad, corrupción y crisis del agua son algunos de los nudos gordianos sin resolver. 

La clase política y gobernantes deben entender que ostentan un poder prestado y limitado que funciona con los recursos tributarios del pueblo, y no importa que en este momento tengan más o menos apoyo ciudadano, ya que de no solucionarse los problemas del país las aritméticas pueden cambiar. Tenemos institucionalidad, y a pesar de sus limitaciones, se debe respetar y mejorar y no debemos destruirla por caprichos personales. Llamamos a la cordura. 

Como comunidad científica, no creemos que la vía para resolver los problemas del país sea antagonizar las aritméticas de poder, amenazar o forzar los principios constitucionales. Tampoco hacer interpretaciones antojadizas y caprichosas de los artículos constitucionales. Por el contrario, creemos que ante las diferencias ideológicas debemos anteponer la razón, el sentido común y el diálogo; en este contexto, hacemos un llamado a los gobernantes, a crear una mesa técnica de diálogo con participación de las fuerzas vivas del país; así Iglesias, academia, empresarios, cooperantes, gremiales y miembros de los tres poderes del Estado, entre otros, debemos sentarnos a diseñar en una ruta crítica para el país, con alcance de corto, mediano y largo plazo, creando un “Nuevo Acuerdo para El Salvador”. 

Sin lugar a dudas, la academia está en disposición de atender el llamado; estamos seguros que una mesa de diálogo intersectorial y representativa puede resolver y garantizar que se diseñen políticas públicas de largo plazo razonables y eficientes, para acompañar a los gobernantes de turno y del futuro en construir la nación que soñamos. 

Campus Universitario, 8 de febrero 2020 

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