Mauricio Manzano

Señor Presidente, tiene razón: El Salvador es una nación de héroes

La Real Academia de la lengua española (RAE) define en su primera acepción el concepto héroe como: “Persona  que  realiza  una  acción  muy  abnegada  en  beneficio  de  una causa  noble”, en su segunda significación afirma que héroe es una “persona ilustre y famosa por sus hazañas o virtudes”. Ambas definiciones resaltan aspectos positivos de una persona, talantes épicos del ser humano como la generosidad, espíritu de trabajo con objetivos nobles, personas honestas, honradas etc.  

Tiene razón, Señor Presidente, las y los salvadoreños somos un pueblo de héroes y heroínas.  

Hay miles de maestras y maestros abnegados, garantizando la educación de la población bajo condiciones muy precarias e indignas, desarrollando su trabajo con pocos recursos didácticos, infraestructura inadecuada, con salarios no competitivos y la profesión poco dignificada, exponiéndose en zonas de alto grado de peligrosidad y con el futuro incierto ante las miserables pensiones que les están siendo concedidas para su jubilación.   

El personal médico y de enfermería que garantiza la salud de miles de pobladores que solo pueden acudir al sistema público, a quienes les toca trabajar en condiciones infrahumanas, con escasos recursos materiales, con salarios mezquinos, con una cantidad de pacientes que sobrepasan sus capacidades temporales y sometidos a situaciones de inseguridad.  

También están los miles de hombres y mujeres que diariamente salen de nuestro país a enfrentar la riesgosa travesía de migrantes que no tienen la seguridad de llegar a puerto seguro, sobre todo hoy que las políticas migratorias les criminalizan y presionan para que desistan de buscar una salida a la pobreza y la violencia de la que intentan escapar. Son héroes y heroínas porque son quienes sostienen la economía de la mayoría de nuestras familias, son ellos los que nos envían remesas que pasan de los $4,900 millones de dólares que vienen a paliar la crisis económica permanente que vivimos los salvadoreños.  

Las madres solteras dirigen el 35% de los hogares salvadoreños. Son ellas las que no permiten que se desplomen sus familias, porque sostienen la economía de estos hogares, garantizan todas las labores del cuidado y son las garantes de la sobrevivencia familiar, por lo tanto, de buena parte de nuestra sociedad.  

Las y los campesinos que hacen producir la tierra y nos garantizan la alimentación a gran parte de la sociedad, en ambientes cada día más amenazados por el cambio climático y el deterioro ambiental. Siguen trabajando con nobleza y abnegación la tierra.  

Nuestra juventud es también heroica porque hay miles de jóvenes que resisten y no se doblegan ante la presión de las pandillas y el crimen organizado, y que a pesar de la criminalización de la que son víctimas, optan por estudiar y salir adelante con sus proyectos de vida, buscan con optimismo su primer empleo y aceptan las condiciones precarias de trabajo juvenil.  

Nuestros miles de compatriotas que sobreviven del trabajo informal, enfrentados a la extorsión pandilleril, la incertidumbre de la inseguridad diaria y la desesperanza de no contar con ninguna prestación social ni jubilación, los vuelven también héroes diarios de la supervivencia humana. 

Tiene razón, Señor Presidente, somos un pueblo heroico porque, de otra manera, este país habría sucumbido desde hace tiempo. 

Es este pueblo salvadoreño, el de abajo, el mancillado por los poderosos, el que ha sido el protagonista de los grandes cambios de nuestra historia.  

Hoy, es este pueblo heroico el que confió electoralmente en usted y el que espera que no lo defraude en su gobierno. Es este pueblo el que le demanda no matar la esperanza de una vida mejor y para eso le exige que gobierne en favor del pueblo, no en favor de los poderosos de siempre. 

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