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Educación: Sin rumbo, sin brújula…

En un diálogo digital -y medio ubicuo- con el académico Carlos Cañas Dinarte, residente en Barcelona, España, conversábamos sobre el rumbo educativo y cultural de El Salvador; mi punto de vista era que el país estaba simplemente “ralentizado”, pero Carlos me propuso una serie de argumentos para explicarme que más bien era una “entropía”, es decir estamos en incertidumbre, desordenados e involucionando. Luego del intercambio de ideas, decidí excavar un poco en el pasado…

En el capítulo I del documento “Transformar la educación para la paz y el desarrollo de El Salvador” (1994) la Comisión Nacional de Educación, Ciencia y Desarrollo proponía dos preguntas sobre la identidad nacional. ¿Qué somos? y ¿cómo somos?, y a renglón seguido respondía: “No hay ninguna respuesta ni siquiera medianamente satisfactoria (…) la educación salvadoreña ha estado moviéndose sin brújula” (pág. 9). Han pasado 26 años y no tenemos respuesta a esta otra pregunta del mismo documento: “¿Qué tipo de hombre y mujer debe formar el sistema educativo para lograr hacer realidad una nueva sociedad, justa, fraterna y solidaria?” (pág. 22).

Y agregamos: “Es fundamental definir un proyecto nacional de educación que se integre dentro del proyecto histórico de nación (…) para rebasar visiones y objetivos partidistas, coyunturales o períodos gubernamentales. Visibilizar los mandatos de la Constitución requiere cambiar la actitud y mentalidad de los salvadoreños. Este proyecto nacional, con objetivos y metas de largo plazo, debe aglutinar esfuerzos y superar las tradicionales posiciones e intereses políticos e ideológicos sectoriales (…) debe generar un espíritu de nación que permita fortalecer la identidad cultural de todos los salvadoreños…” (pág.24).

Desempolvé el Diagnóstico “Harvard-UCA-FEPADE” (1995) y descubrí que la mayoría de los desafíos establecidos en los 10 capítulos siguen vigentes: a) el fracaso escolar se debe a la baja calidad de la educación impartida (pág. 67); b) las desigualdades en las oportunidades se agudizan en los niveles superiores por razones de bajos ingresos (pág. 71); c) el enfoque presupuestario del MINED posee una distribución que refuerza la base de bajo nivel salarial y el bajo nivel de la educación sobre la cual compite la economía salvadoreña con sus vecinos, ya que invierte mucho más en educación básica que en superior (pág. 189); d) las tendencias históricas de la tasa bruta de escolaridad en educación media han colocado a El Salvador entre los países con menor cobertura en la región Latinoamericana (pág. 281); e) debido a las bajas remuneraciones la mayoría de los maestros trabaja en dos y hasta tres turnos (pág. 292); entre muchos otros…

“Desafíos de la Educación en el nuevo Milenio” (1999) propuso cuatro ejes: i) Generación de oportunidades para progresar; ii) Ampliación del acceso efectivo a servicios educativos básicos; iii) Fortalecimiento de la participación social y la descentralización; y iv) Fomento del desarrollo personal y la integración social (p. 2). En este contexto, se iba a mejorar la calidad fortaleciendo el desempeño de directores y docentes; se iba a fortalecer la participación comunitaria en las escuelas; se iba a facilitar el acceso a la educación en todos los niveles; y se iban a profundizar la formación en valores. Todo con el apoyo de Escuela 10 (pág. 5).

“El Plan Nacional de Educación 2021” (2004), con base en un diagnóstico, una Comisión Presidencial, consultas y metas, definió cuatro grandes metas: i) Formación integral de las personas; ii) Once grados de escolaridad para la población; iii) Oportunidades flexibles de formación profesional y técnica; y iv) Fortalecimiento de la investigación, la ciencia y la tecnología para la productividad, el bienestar social y el desarrollo cultural (pág. 8).

“El Plan Social y Educativo Vamos a la escuela” (2009) –ya en su tercera edición modificada- propuso una nueva escuela y el rediseño del aula sobre la base del modelo de Escuela Inclusiva de Tiempo Pleno (EITP); también incluyó la entrega de 800,000 laptops en el programa “una computadora, un niño una niña”, de las cuales no se entregaron ni el 5%. Era el contexto del cambio y de transición… (pág. 27).

Luego llegó el “Plan El Salvador Educado” (2014) con seis desafíos: i) Escuela libre de violencia; ii) Docentes de calidad; iii) Atención al desarrollo integral de la primera infancia; iv) Doce grados de escolaridad universal; v) Educación superior para un país productivo, innovador y competitivo; y vi) Infraestructura acorde a una educación integral de calidad (págs. 28 y ss).

Por último, se presentó el “Plan Educativo Cuscatlán” (2019) y un nuevo plan estratégico con tres proyectos insignia: i) Nacer crecer; ii) Mi nueva escuela; y iii) Proyecto Dalton; y con 5 ejes transversales: a) Innovación de la legislación educativa; b) Dignificación del magisterio; c) Pertenencia pedagógica y curricular; d) Tecnología e innovación; y e) Fortalecimiento de la gestión institucional (Láminas 3 y 10).

En síntesis, llevamos, desde los Acuerdos de Paz, seis planes educativos que no han reformado, transformado ni mejorado la educación: 1) Plan decenal (1995); 2) Desafíos de la Educación para el nuevo milenio (1999); 3) Plan Nacional y educativo 2021 (2004); 4) Plan Social vamos a la escuela (2009); 5) Plan El Salvador educado (2014); y 6) Plan Cuscatlán (2019). ¿El resultado?: no hay políticas de Estado ni proyecto de nación, sólo planes de quinquenios, cambios y más cambios superficiales. Todos los documentos impecables, bien redactados, magistralmente diagramados, algunos con más datos que otros, pero en suma ninguno se cumplió…

Lo único que ha mejorado en el sistema educativo son los implementadores o socios estratégicos del MINED… los que han co-ejecutado y ganado muchísimo dinero, fortaleciendo sus infraestructuras, sus cuentas corrientes y certificados de depósito; incluyendo consultores, empresas consultoras, universidades, fundaciones, ONG’s y socios de cooperantes. 

Si analizamos los datos de la PAES, desde 1997 a la fecha, descubrimos una patología crónica de limitada calidad. Los datos de escolaridad promedio avanzan lentamente a medida de un grado por cada década; de igual modo el descenso del analfabetismo sigue el mismo ritmo; los problemas de cobertura en Parvularia y Media se mantienen, perdemos 6 de cada 10 estudiantes; el calendario escolar no se cumple; no contamos con un Currículo Nacional Básico que presente el perfil de ciudadano que necesitamos; no hay libros de texto en las escuelas; no hay internet, biblioteca ni laboratorios en las instituciones; nadie dignifica al docente; las universidades no patentan ni conectan con el sector productivo; y el 6% del PIB para educación se promete y no llega. Pero estos datos no son los preocupantes, sino otras manifestaciones…

En la actualidad estamos siendo testigos del “producto” ciudadano de nuestro sistema educativo; lo que cosechamos de estas reformas durante estos casi 30 años. Así está la situación –sin absolutismo ni generalizaciones- en estos rasgos: 1) Una clase política impresentable, inmoral y corrupta; 2) El auge y poder de las pandillas; 3) Un clero con limitado compromiso, liderazgo y sentido de justicia; 4) Crecimiento de religiones “light” con dioses a la medida del creyente; 5) Comunicadores que no pueden escribir ni hablar; 6) Intolerancia y violencia en las redes sociales; 7) Un sistema de justicia injusto, corrupto e ineficiente; 8) Un aparato deportivo altamente irrelevante; 9) Funcionarios públicos sin educación ni cultura; 10) Menosprecio a la intelectualidad, a lo académico y a las humanidades; 11) Universidades similares a ascensores sociales, sin patentes, sin conciencia ni ciencia; 12) Consumismo, manifestado en el crecimiento exacerbado de centros comerciales; 13) Anarquía en el tráfico; 14) Limitado respeto y valorización a la autoridad; 15) Pobre valoración medioambiental.

En efecto, debemos reconocer que somos un país sin brújula, sin rumbo, que cada cinco años cambia de proyecto país; y, a pesar de ello, habemos muchos salvadoreños que creemos que es posible mejorar desde la educación. Que valoramos la riqueza y potencialidad de la gente como principal recurso del país.

El país no está como debería estar, y debemos pensar y trabajar para que más niños sean bilingües, lean más y accedan a nuevas tecnologías; necesitamos más ingenieros y doctores; y para ello debemos corregir el rumbo del país.

Se avecina un nuevo plan educativo, cuyo impacto se verá en no menos de una década, nos debemos arriesgar a creer, pero también las autoridades esfuércense por convencernos, ya que estamos bastante agnósticos. Esperamos que un pacto de nación vigile y cuide los compromisos y aseguren el largo plazo sin fanatismos ni ideología, porque, hoy por hoy, seguimos sin rumbo… 

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