Iris Palma
Iris Palma de Rojas

Iris Palma de Rojas

Directora de The Next Services | Representante país ante la Red Latinoamericana de Transformación Digital

La (falta de) agenda (digital) que nos agenda

Hemos vivido tantos hitos sobre el entorno y desarrollo tecnológico en el país, que es fácil concluir que el hecho que no contemos con una agenda digital en curso (medible y lógica) no significa que faltó voluntad, más bien, parece que ha sido una cuestión de saber cómo, cuándo y por qué crear e implementar una agenda digital.  

Las buenas intenciones han estado siempre ahí, los eventos, las visitas a otros países para conocer experiencias, los expertos, los estudios, los informes han aparecido – a veces de forma desasociados entre ellos- pero ahí han estado.  Los aportes y documentos han pasado por muchos escritorios y entidadesLo bueno es que los avances de la madurez del ecosistema digital de El Salvador demuestran que aun sin una hoja de ruta establecida y acordada entre los actores claves, no nos hemos detenido en la transformación digital del país.  

Pero aún falta mucho que hacer.  El Salvador se ubica en una no tan codiciada posición, en el Índice Global de Gobierno Electrónico edición 2018, 100 de 193 a nivel mundial; y 4 de 7 a nivel centroamericano, contando a México; no hemos mejorado significativamente en el Índice Global de Preparación de las Redes, conocido también como Índice Global de Tecnologías; posición 93 de 139 a nivel mundial y con una calificación de 3.7, siendo la mejor 7, que mide la sofisticación de negocios, ecosistema, educación, marco normativo e infraestructura digital; y somos el séptimo país con más trámites públicos, y no hay registro de trámites que se puedan iniciar y terminar en línea (según informe Fin del Trámites, del BID).    

Carecemos de un plan nacional de banda ancha, seguimos a la espera de la implementación de la Unidad Raíz de firma electrónica y nuestro marco normativo vinculado a las tecnologías es uno de los más débiles a nivel latinoamericano.  

Estamos en el momento más disruptivo de la historia, hablando de tecnologías, y no tenemos mucho tiempo que desperdiciar.  Pasar del discurso a la acción va a conllevar revisar la historia, aceptar la realidad y trazar caminos rápidos y efectivos para cimentar la transformación digital del país de forma escalable y firme, y esto significa reconocer que la agenda digital es más que un documento, un compromiso. 

La agenda digital no es una voluntad unilateral, un listado de proyectos o un documento de buenas ideas.  La agenda digital es algo un poco más complejo, es el encuentro entre diversas visiones para alcanzar metas país, utilizando inteligentemente la tecnología; entonces, lo importante realmente de las agendas digitales no es la tecnología, es la visión.  

Entre algunos países (aquellos que despuntan en el índice global de competitividad, índice global de gobierno electrónico, por ejemplo) como Chile, México, Colombia, Uruguay, Argentina cuentan con agendas digitales (algunos incluso ya con diversas versiones) que no ha sido fácil establecer, pero si posible, y no es casualidad que todo está engranado para impactar en la competitividad regional de estos países.  Acá deberá suceder lo mismo, aprendamos de las lecciones de otros, y de nuestras mismas experiencias intentando trabajar como islas de buenas intenciones.  

No hay una fórmula mágica o preestablecida para crear una agenda digital, pero si buenas prácticas que podemos tomar, por ejemplo: prioridades, datos, mapa de actores, base de expertos por temática (expertos por experiencia y no por autodenominación claro), roles definidos a nivel instituciones, recursos otorgados y compromisos para alinear las acciones públicas y privadas a la agenda, es decir, con metas para cada actor para lograr la meta colectiva.  

La orquestación para crear una agenda digital no es fácil, pero posible.  Sin duda, estamos ahora más cerca de nunca que hacerlo, el mercado, el entorno, la sociedad y especialmente, el orgullo nos lo exige.  No podemos permitir que existan iniciativas de marcos legales desasociados del ejecutivo, y proyectos privados sin el incentivo y apoyo necesario en la gestión pública; trabas para invertir y/o financiar en el desarrollo de productos y servicios tecnológicos, o una débil estructura para crear polos o clúster tecnológicos.  No podemos fortalecer la oferta de talento humano en tecnologías si no desarrollamos el mercado de empresas que los absorba y/o encadene a la comunidad de desarrolladores. 

En definitiva, no se trata de quien tiene la razón o la voz cantante sobre la definición de la agenda digital, sino más bien, de quien aporta a su construcción sabiendo que otros también tienen enfoques que aportar, y se compromete a alinearse a lograr esas metas comunesSe trata de respetar una agenda de trabajo conjunto para crear esta agenda digital, que evolucionará, definirá factores críticos que inhiben o impulsan la transformación digital del país y especialmente, fortalecerá la confianza basada en resultados. 

La agenda digital no es la meta, es el inicio del camino. 

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