5minutos

5 minutos…

Ni un minutos más; el tiempo pasa; se te acaba el tiempo; parece que fue ayer; pasa rápido el tiempo; no hay tiempo que perder; perdimos la oportunidad; el futuro está en juego; mañana es tarde; no malgaste el tiempo; es un viaje largo; llegaré tarde; somos esclavos del tiempo…

Afirmaba Agustín de Hipona: “¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Pero si tuviese que explicárselo a alguien no sabría cómo hacerlo. Todos tenemos una fecha de nacimiento, y si no pasa algo extraordinario, también una fecha de caducidad, somos hijos del tiempo.

¿Y qué es el tiempo…? una invención humana, una magnitud, reglas métricas para entender el deterioro, ciclos naturales; la ciencia lo intenta definir de dos modos: 1) Dimensión física que representa la sucesión de estados por los que pasa la materia; y 2) Período determinado durante el que se realiza una acción o se desarrolla un acontecimiento.

Pasado, presente y futuro… la mecánica clásica y la mecánica relativista han estudiado los hechos particulares o simultáneos que se producen en el mismo lugar del espacio utilizando el tiempo como marco de referencia. La teoría general de la relatividad incluyó la constante cosmológica a sus ecuaciones y la curvatura espacio-tiempo; en efecto, en la célebre fórmula E=mc², «E» es por energía; «m», por masa y «c», por la velocidad de la luz al cuadrado; ahí está la velocidad, y esta se define como una magnitud física que expresa el espacio recorrido por un móvil en la unidad de tiempo.

La unidad básica del tiempo -en el Sistema Internacional- es el segundo…; medimos constantemente todo en segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años. Incluso los seres humanos tenemos “relojes biológicos”; por ejemplo, el núcleo supraquiasmático NSQ, la glándula pineal (Melatonina) o los ritmos circadianos que ocasionan los cambios físicos, mentales y conductuales que siguen un ciclo de 24 horas y que responden, principalmente, a la luz y la oscuridad.

Carlos López-Otín, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad de Oviedo, donde compagina su labor docente con el desarrollo de líneas de investigación sobre cáncer y envejecimiento, acaba de publicar su libro “El sueño del tiempo”; una obra para entender las claves del envejecimiento y para caer en la cuenta que en la naturaleza “hay muchos relojes para poco tiempo”.

La cosmología filosófica se ha dedicado a estudiar la relación entre tiempo y espacio; para Heráclito, todo fluye, el movimiento es la ley del universo; para Aristóteles, el tiempo es aquella medida del movimiento con relación a lo precedido y a lo sucedido (physis); para Kant, una forma de intuir lo acontecido respecto a la interioridad humana; para Nietzsche una serie infinita de ciclos.

El concepto tiempo ha sido sometido a grandes debates: la direccionalidad del tiempo, la relatividad, la simultaneidad, la invarianza, la covarianza, el vacío cuántico, la entropía, el flujo. Es algo demasiado cotidiano, pero a la vez algo sustancialmente profundo o complejo.

Los seres humanos lidiamos con diversas circunstancias de tiempos durante nuestra vida; horarios, plazos, planificación, todo lo hacemos inconsciente o conscientemente en función del tiempo.

Nuestra vida está planificada en etapas y tiempos: infancia, adolescencia, juventud, adultez, vejez; tenemos en promedio unos 73.3 años de vida para resolver todo, esto son un poco más de 25 mil días u 876 semanas; y luego, hagamos lo que hagamos, la materia corporal se deteriorará y moriremos, no hay ciencia que detenga esto, no somos inmortales.

Parece que nos inventamos el tiempo y caímos en la trampa de su ritmo, ahora medimos todo contra él; pero igual, si no tuviésemos métrica, el cosmos seguiría funcionando en sus ciclos rotativos y la materia seguiría en deterioro. Todo es un gran reloj y la materia se descompone.

Al final el tiempo también es una cuestión de alteridad, en los otros lo descubrimos, valoramos o malgastamos, bien decía Borges: “Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo”; como que cada quién puede reinterpretarlo a su modo y circunstancias, solos o con otros.

El tiempo es un intangible, una ilusión, algo que puedo considerar, ignorar o que en cualquier momento me acorrala. No está como una cosa, pero sí como factor condicionante de la vida; pues al fin y al cabo, la duración de la vida tiene un tiempo.

Posiblemente el “Carpe diem” (aprovecha el día) de Horacio, actualizado por Robin Williams en “La Sociedad de los Poetas Muertos” sea una clave del buen vivir dicen que John Lenon contaba el tiempo por su cantidad y calidad de amigos y no por años; al final, tenemos calendarios para todos los gustos, Gregoriano con los símbolos romanos o Chino con animales, puede que estemos en el 2022 de pandemias y guerras o en el 4720 del Tigre; como que el tiempo también es cultural.

Pepe Mujica nos recuerda que cuando compras algo no lo haces con dinero, sino con tiempo de vida; efectivamente invertimos mucho tiempo en trabajar y dedicamos poco tiempo de calidad a nuestra familia y amigos.

Mientras ha leído esto han pasado cerca de 5 minutos, y durante ese tiempo han ocurrido miles de hechos a nivel global; 5 minutos de alegrías en el Caribe y 5 minutos desgracias en Ucrania; 5 minutos menos de vida o 5 minutos más de aprendizaje. Quién sabe… el presente acaba de pasar…

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