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Oscar Picardo

El aula sin muros…

Fue Marshall McLuhan quien comenzó a teorizar en los años 60 y 70 sobre la “aldea global” como resultado de la interconexión humana por medios electrónicos; también pronosticó “El aula sin muros” (1968); luego a mediados de los 90 llegó internet y todo comenzó a cambiar aceleradamente, pero la pandemia de COVID-19 nos empujó de manera forzada a educar en entornos alternativos y/o virtuales… 

Mientras ASML fabrica los más sofisticados sistemas de fotolitografía y semiconductores, Mark Zuckerberg intenta huir hacia adelante con Metaversos; pero esto no es nada, hay mucho más en el proceso de transformación digital acelerada en dónde se diseñan múltiples espacios virtuales tridimensionales, compartidos y persistentes. 

Metaverso es un concepto de Neal Stephenson que surge en la literatura de ficción en 1992, pero que toma forma y fuerza a partir del año 2003 en las teorías de “Second Life”, algo que estamos viviendo sin darnos cuenta. Justo ese mismo año, en Indiana University llevamos un curso con la profesora Noriko Hara, discípula de Bob Kling titulado: “What is Social Informatics and Why Does it Matter?; un estudio sobre el impacto y las consecuencias tecnológicas en los seres humanos. 

Las tecnologías de la información y las comunicaciones están cambiando y afectando nuestras vidas y a la vez creando nuevas paradojas; no obstante, son los aspectos socio-técnicos los que le dan vitalidad o excluyen ciertas herramientas tecnológicas; así, hay productos -servicios web, revistas electrónicas, aplicaciones móviles, software, etcétera- que conectan bien con la humanidad y se desarrollan vertiginosamente y, otras que no, e inmediatamente se debilitan o desaparecen. 

Vivimos un entorno perplejo, acelerado y vertiginoso pautado por Internet de las cosas (IoT), robótica, automatización, inteligencia artificial, Blockchain, nanotecnologías, biología molecular. Las tecnologías nos acorralan, facilitan la vida y también nos deshumanizan. Es un viaje sin retorno posible, nos adaptamos o el sistema nos excluye. ¿Se puede viajar sin tarjeta de crédito o débito?, AirBnb, Amazon, eBay, Hugo, Netflix, Spotify, Waze, Uber, Google, Tesla, entre muchas otras aplicaciones móviles y servicios digitales están modificando nuestra forma de vivir, consumir, transportarnos y comunicarnos.    

Los videojuegos (p.e. Minecraft o Fortnite), los mundos espejos (desde Google Earth hasta Earth Two); las herramientas de realidad aumentada; o  Lifelogging (sistemas estadísticos de inteligencia artificial); ofrecen Interactividad (comunicación con otros usuarios); corporeidad (hay leyes físicas en el diseño); y persistencia (el sistema siempre está funcionando). 

A raíz de la pandemia de COVID-19, nos ha tocado desarrollar reuniones, conferencias o clases virtuales por Zoom, Teams, Google Meet u otras plataformas; siempre que estoy en una sesión de trabajo virtual reflexiono sobre esta oportunidad de conexión que nos permite estar en una pantalla a un grupo de personas de modo sincrónico, aunque estemos distanciados por cientos o miles de kilómetros. Puede o no haber bilateralidad, diálogo, empatía, aprendizaje. Parece real, pero es virtual, es un aula sin muros… 

Manuel Castells, Martin Carnoy o Jeremy Rifkin han teorizado sobre esta nueva sociología ocasionada por el internet y la sociedad en red; también sobre el futuro del trabajo; y la docencia está inmersa en este debate. ¿Cómo están cambiando los roles?, ¿qué nuevas habilidades y capacidades son necesarias? 

Recuerdo haber visto y leído una crítica a las aulas educativas; que se mantenían con la misma arquitectura y roles, similar a sus orígenes medievales (un profesor parado y los estudiantes en sus pupitres); mientras que los quirófanos o naves industriales había cambiado significativamente con tecnologías y equipos sofisticados. Pero hoy eso cambió…    

¿Estamos los docentes generando aprendizajes significativos y relevantes a través de las plataformas virtuales? (sean Blackboard, Sakai, Moodle o bien Zoom, Teams o Google Meet). Más allá de la necesidad de un equipo -laptop, PC, Tablet o móvil- e inclusive más allá del ancho de banda, lo importante es conversar o pensar sobre la “bilateralidad” o capacidad de reacción, sobre la empatía y sobre la generación de aprendizajes. 

No se trata de estar una hora conectados en la plataforma, en dónde un docente o tutor comparte láminas de Power Point, da indicaciones o deja tareas; creo que el punto es intentar dialogar, interactuar y humanizar la sala virtual; como si fuera un aula tradicional con muros; gestionar el tiempo con interacción didáctica para que los estudiantes no esté estáticos oyendo y observando. 

Y no es un tema semántico, algunos señalan que el docente debe ser “tutor”, y que no es lo mismo; el docente debe seguir siendo docente y de modo constructivo debe dirigir y generar los aprendizajes respondiendo a las diversas inteligencias que hay en el aula, pero necesita incorporar a su equipaje pedagógico y didáctico algunas nuevas herramientas comunicativas y recursos digitales, para que su clase sea igual o más atractiva que un video de YouTube. 

No sabemos cuándo finalizará esta pandemia y tampoco si detrás de esta se avecina otra nueva; lo cierto es que esta experiencia forzada nos debe servir para estar mejor preparados y tener las competencias para seguir enseñando de modo eficiente en la nueva aula sin muros… Q:E:D

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