Nuestro sistema deportivo está mal y cada vez estamos peor; y esta situación no es actual, viene empeorando desde hace años y se observa fácticamente en los resultados, logros, marcas, rankings, medallas, entre otros indicadores atléticos y deportivos.

Quisiera pensar que los dirigentes lo saben, pero muchos de ellos han hecho del deporte un modo de vida. Se engañan a sí mismos, a sus atletas, a los fans y a la sociedad, para andar viajando por el mundo realizando fogueos que sirven de poco y nada; algunos hasta reciben subsidios o becas del Estado.

Muchos deportistas y equipos participan en eventos internacionales de bajo nivel, para ganar alguna medalla o presea y así generar un espejismo de buenos resultados y una hoja de vida deportiva; pero al final nos toca participar en eventos competitivamente reales y ahí se revela en dónde estamos y cómo estamos.

Para lograr un sistema deportivo y competitivo robusto debemos trabajar en dos grandes líneas estratégicas: a) Fortalecer la Educación Física escolar; y b) Crear en todas las disciplinas espacios de reclutamiento y retención tempranos (canteras); bajo programas formales, serios y educativos.

En la actualidad, la mayoría de atletas competitivos o de alto rendimiento comienzan su carrera deportiva a los 4 años de edad, “sepan o no” que serán deportistas brillantes. Esto significa que tendrán una plataforma formativa robusta y básica, basada en la motricidad fina y gruesa, educación sensorial y visual, buena alimentación, cuidado de la salud y el inicio de un modelo disciplinar. Esto es para todos los niños y niñas.

Dependerá mucho de los hábitos e intereses familiares si un niño o niña se decantará por una disciplina deportiva; o si por razones genotípicas posee un físico privilegiado para realizar algún deporte y alguien lo descubre y lo trabaja.

Habrá talentos que se fraguan en escenarios desfavorecidos, excluidos y pobres; allí en dónde el único ocio y entretenimiento es jugar o practicar algún deporte día y noche, con más carencias y entusiasmo que oportunidades. De las favelas, tugurios o barriadas populares han salido grandes deportistas, con mucha “hambre y deseos” de romper el círculo de miseria. Ahí están atentos los que realizan scounting y también promotores y buitres del deporte…  

Más allá de los mitos, los jugadores, deportistas y atletas se hacen, y casi todas las historias tienen en común la disciplina -por necesidad o placer- de entrenar mucho y muy duro; muchas horas repitiendo, una y otra vez, hasta lograr los niveles perfectos. Dicen que la diferencia entre lo imposible y lo posible está en la voluntad y en la disciplina… Como comentó el destacado jugador de la NBA Stephen Curry “El éxito deportivo no es un accidente, es en realidad una elección.” y añade el entrenador Tim Notke: “El trabajo duro supera al talento cuando el talento no funciona bien.”

Hoy detrás del deporte hay mucha ciencia…; tecnologías, equipos, especialistas, nutricionistas, médicos, psicólogos, modelos matemáticos, estadísticas, mediciones, mapas analíticos, etcétera; no es fácil destacar y cada día es más complejo.

Llega un momento que el deporte trasciende al mundo del entretenimiento y las cosas cambian y mucho; los atletas, jugadores y deportistas pasan a ser figuras públicas, influencers, figuras de marketing, referentes, etcétera. Inclusive en contextos deportivos limitados hasta deportistas mediocres pasan a formar parte de ese mundo publicitario, para bien o para mal. Algunos inclusive terminan su carrera involucrados en la política, ya que son conocidos y esto es fundamental para lograr votos.

En nuestro medio hay talento…; niños, niñas, adolescentes con ganas y capacidades de ser buenos atletas y deportistas; pero carecemos de espacios, infraestructura y dirigentes deportivos profesionales. Para colmo hemos normalizado la mediocridad y el conformismo, y hasta repetimos los ciclos y errores de procesos. Hoy volvemos a repetir el error de mejorar o sobrevalorar los escenarios deportivos al margen de los programas formativos, y ahí están a la vista los resultados.   

Quizá el fútbol -el más popular de los deportes- sea el mejor ejemplo de la indolencia y el mal manejo dirigencial; sin una buena liga de fútbol infantil y sin canteras formales en los principales equipos nunca vamos a mejorar. Tanto la liga infantil, lo que en el cono sur se llama “Baby Fútbol” como las canteras o ligas inferiores, debe haber sistemas formativos integrales que enseñen a ser buenos deportistas y que trabajen aspectos de estado físico, cuidado personal, nutrición, asuntos éticos, disciplina, auto análisis, horarios y trabajo táctico y técnico. Pretendemos jugadores de alto nivel sin trabajarlos…

Conozco el trabajo de algunas “escuelas deportivas reconocidas locales” y lo que sucede allí no ayuda mucho; 50 % del tiempo lo dedican a jugar y el otro 50 % a ejercicios técnicos; no hay análisis correctivo, no se estimula la disciplina ni el trabajo físico dirigido a superar ciertas limitaciones personales y mucho menos se tratan otros temas complementarios fundamentales. Juegas bien estás en la alineación, juegas mal estás en la banca. Se observan chicos con buen físico que tienen posibilidades pero no se trabajan sus carencias; se estimulan sólo a los jugadores “habilidosos”.  Queremos ganar ya, y obtener resultados positivos, sin visión de largo plazo.

Al observar las marcas y resultados de estos XXIV Juegos Centroamericanos y del Caribe, podemos ver claramente las brechas entre atletas y sistemas deportivos bien organizados y los modelos amateur. No hay dónde perderse, detrás de todo hay datos, buenas prácticas y una pasión educada.

Nuestro sistema deportivo es “amateur”…; un término que guarda relación con la motivación por la cual se realiza o practica un deporte. Mientras que la actividad profesional normalmente requiere un nivel mínimo de preparación, conocimiento o entrenamiento para poder practicarse socialmente, la amateur en general no.   

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