estupidez
Óscar Picardo

Óscar Picardo

Anatomía de la estupidez

El diccionario de la RAE define la estupidez como “torpeza notable en comprender las cosas”; la etimología del concepto hace referencia a dos acepciones: el verbo latino “stupere” (quedar paralizado) y “stultus” (necio). 

El historiador Carlo Cipolla escribió el libro “Las leyes fundamentales de la estupidez humana”, el cual se basa en cuatro postulados: I.- “Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo”. II.- “La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona. III.- “Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio”. IV.- “Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error”. 

Dietrich Bonhoeffer, mártir, teólogo y pastor luterano que participó en el movimiento de resistencia contra el nazismo, desarrolló una teoría sobre la estupidez humana y argumentó que las personas estúpidas son más peligrosas que las malas. En este contexto definió en una de sus cartas: “Contra la estupidez no tenemos defensa. Ni las protestas ni la fuerza pueden tocarlo. El razonamiento no sirve de nada. Los hechos que contradicen los prejuicios personales pueden simplemente ser descreídos; de hecho, el estúpido puede contrarrestarlos criticando, y si son innegables, pueden simplemente dejarlos de lado como excepciones triviales”. 

La estupidez no es un defecto intelectual, sino de índole moral, según el material publicado en YouTube “La teoría de la estupidez de Bonhoeffer”; se puede ser intelectualmente ágil pero estúpido o intelectualmente estándar pero no estúpido; en este sentido, la estupidez no es un defecto congénito sino una condición aprendida. Así mismo, la estupidez se manifiesta menos en personas solitarias que en las gregarias, siendo así un problema más de índole sociológico que psicológico. 

La estupidez suele manifestarse cercana a los fanatismos y al ascenso del poder político o religioso; se torna una conducta contagiosa y se genera una especie de ley sociológica-psicológica, en dónde: el poder de uno necesita la estupidez del otro. 

No se trata de una falla repentina del intelecto sino un fenómeno estrechamente vinculado al ascenso del poder y a la satisfacción vicariante (mi proyección de carencias y necesidades en otro superior); así, los sujetos se privan de su independencia interior y renuncian a su autonomía depositando toda su confianza en su líder, a quien le creen y defienden a capa y espada.  

Los hechos o ideas que pueden contradecir las creencias de una persona estúpida generalmente son descartados irracionalmente y aunque sean irrefutables suelen dejarse de lado; en este contexto, la persona estúpida está satisfecha de sí misma y se suele irritar fácilmente cuando se le contradice e inmediatamente ataca. 

El estúpido se hace más testarudo y se aferra a ideas, eslóganes o consignas; y su fanatismo lo va segando y siendo un instrumento de otros, siendo capaz de hacer cualquier cosa mala e incapaz de reconocer sus errores. 

El fanatismo o el yihadismo​, la pertenencia a pandillas, partidos políticos, iglesias o sectas, son neoideologías emergentes vinculadas a la necesidad de pertenencia del ser humano; son un lugar social en donde determinados sujetos son aceptados y suelen ser adoctrinados, agudizando su nivel de estupidez. 

El fanatismo -junto con la estupidez- es una pasión exagerada, desmedida e irracional que desencadena ideas y conductas peligrosas; el psicólogo Tõnu Lehtisaari ha definido el término fanatismo como la búsqueda o defensa de algo de una manera extrema y apasionada que va más allá de la normalidad. 

Cuando una persona sustituye su identidad o conciencia, y deja de funcionar como sujeto único, por una ideología o creencia, despoja a los demás o enemigos de su condición humana. La obsesión de un fanático puede ser muy peligrosa ya que no se valoran otras formas de pensar que no sea la suya, y eso puede arreglarlo de manera moderada o violenta. Los obsesos de una idea confunden lo que imaginan con la realidad. 

Desde el punto de vista psicológico, en la situación de estupidez, la conciencia de la individualidad se suprime mediante la atenuación de la conciencia del yo, por una parte, y mediante la acentuación del sentimiento de pertenencia a lo otro.  

El fanático o estúpido nunca se equivoca; si algo no sucede como explica o piensa, quienes están cometiendo el error son los demás. Los que no tienen su misma mentalidad no le comprenden y se pone en la actitud defensiva. Inclusive a veces, el fanatismo delirante puede repercutir en la personalidad, provocando inclusive una doble personalidad. Cuando alguien se convierte en seguidor incondicional de un grupo o secta, vive en dos mundos: el que le rodea y el de la organización, donde ambos suelen ser incompatibles. 

El estúpido o fanático se comporta como si poseyera la verdad de manera tajante. Afirma tener todas las respuestas, y en consecuencia, no necesita seguir buscando a través del cuestionamiento de las propias ideas que representa la crítica del otro. 

La estupidez, pues, se caracteriza por su espíritu maniqueo y por ser un gran enemigo de la libertad. Los lugares donde impera la estupidez son terrenos donde es difícil que prospere el conocimiento y donde parece detenerse el curso fluyente de la vida.  

La estupidez se cura con la liberación externa e interna y no con la instrucción; se necesita una experiencia traumática en donde el individuo sea defraudo o es acorralado. Así que paciencia…  

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