Stack of old books laid on windowsill
Francisca Alfaro

Francisca Alfaro

Docente.

Ausencia y silencio en algunos docentes de Educación Superior en tiempos de Covid19

Mario, a quien llamaremos así, comenta que a diario se presenta a sus clases virtuales con dos de sus catedráticos de la carrera que cursa en la universidad pública. Él al igual que muchos otros estudiantes compran datos para estar conectados, por el celular a las clases que sus docentes, contratados por hora, preparan y desarrollan. Mario se pregunta por qué no todos los docentes están desarrollando sus clases. Él relata que una de sus catedráticas estuvo 45 días ausente de toda comunicación con él y sus compañeros.  

Una mañana envió dos guías y tres PDF’s para solventar el 25 % de la evaluación del ciclo. Sin agendar clases o reuniones virtuales para asesoría, la maestra exige la resolución de las guías y  probablemente la excelencia académica  a la que está acostumbrada en la casa de saber.  Mario piensa que su carrera es fascinante, pero le contradice el hecho de que dos de sus docentes, citadinos, con remuneración escalafonada, no puedan brindarles, al menos media hora de su tiempo semanal bajo la excusa de no tener recursos, internet o luz.  

Así como Mario, muchos otros estudiantes de universidades privadas y la universidad pública han visto con decepción lo irresponsable del quehacer docente y el sin rumbo de una administración educativa que emula el sin rumbo político de la educación nacional. Lo político preelectoral parece superar en centro de interés a lo educativo y lo cultural.   

Según el artículo publicado por UNESCO: El Coronavirus covid-19 y la Educación Superior: impacto y recomendaciones, las instituciones de educación superior tienen a la base un plan de contingencia frente al distanciamiento social y frente a la necesidad de la continuidad educativa desde el cumplimiento de las medidas sanitarias para evitar el COVID.  Entre las medidas puntuales que sugiere la Unesco para sobrellevar esta emergencia están:  la utilización de las plataformas propias de aprendizaje en línea y de campus virtual o la utilización de aquellas aplicaciones y plataformas abiertas; la segunda recomendación, apunta a contar con mecanismos de formación y apoyo en línea al profesorado y a los estudiantes.   

Hasta el 20 de abril del presente año, la Unesco estimaba que un 91.3 % de la población estudiantil mundial se había visto afectada por la pandemia. En El Salvador, las medidas sanitarias y las regulaciones legales al respecto han generado en la población confinada una serie de reacciones que, a la fechason evidentes en las diversas demandas sobre derechos humanos, falta de alimentos, mala o nula organización para atender a las exigencias de la población cuya economía depende de las actividades informales. Si se suma a ello el desempleo, la falta de recursos, no solo tecnológicos, sino vitales como el agua, se podrá entender que aquellos estudiantes que aún persisten en estar presentes todos los días en sus clases hacen un enorme esfuerzo económico, de voluntad frente la crisis y de creer que la educación transformará su sociedad.   

En tal escenario no es admisible que las metodologías y prácticas irresponsables en la educación superior atropellen los derechos de sus estudiantes. Si bien es cierto, existen diferentes mecanismos para informar de las irregularidades, no debería ser la norma, estar escribiendo a jefes de departamento, juntas académicas para exigir que hagan su trabajo, observando el buen desempeño de la planta docente, su empatía y disposición al trabajo de calidad en un nuevo escenario.  

La educación es compromiso, no solo acervo bibliográfico, que hoy por hoy es fácil recopilar para estudiantes con múltiples habilidades digitales. Enviar un PDF, una guía de cinco preguntas que no superan el nivel literal de comprensión en la lectura, que no supone una planificación para el desarrollo de las competencias propias de cada disciplina es solo intentar hacer un trabajo como docente a la vieja usanza de las metodologías tradicionales, sin importar lo vital que resulta el contacto humano con los estudiantes del curso, con los enfoques de la materia y con los objetivos propuestos para la educación superior.  

En la Propuesta Política para una Educación Superior (MINEDUCYT y USAID, 2018)   se retoman como funciones indispensables de El Salvador las siguientes investigación, docencia y proyección social. Significa, por tanto, que la educación superior no está al margen de la exigencia y contraloría ciudadana, y con mayor razón, de sus usuarios, estudiantes que, en este contexto de crisis, exigen una respuesta diferente, de calidad, de rumbo claro, de sensatez y no de escapismo, ausencia y burocraciaSe está imitando aquellas prácticas en las clases presenciales, que nunca se desarrollaron porque el catedrático o catedrática estaba en campaña electoral en la única universidad pública, o porque no se preparó la clase y basta con llegar a intimidar con falacias argumentativas sobre política, religión o cualquier tema, evadiendo el saber puntual y el desarrollo de habilidades en los estudiantes.  

Por otra parte, resulta más que claro que la educación está vinculada al desarrollo, a la prosperidad, a la superación de condiciones materiales y que se escucha bastante bien en discursos políticos y de autoridades  educativas, así por ejemplo, la misma Propuesta Política para una Educación Superior (MINEDUCYT y USAID, 2018) apunta que las políticas públicas para las instituciones de educación superior armonizan los planes de desarrollo productivo, desarrollo regional, vinculados a las necesidades de los grupos sociales, el sistema de valores,  procesos de desarrollo internacional y mejora de la calidad de vida (p. 12).  

En ese sentido, en la lógica de armonizar objetivos, políticas y esfuerzos es que hoy exigimos a la educación superior, mayor garantía de respeto a los derechos de los estudiantes, asegurando que las clases, las conferencias, los intercambios de conocimiento y los recursos bibliográficos están siendo planificados y ejecutados con el mayor de los compromisos.   

Es la calidad de vida de nuestros adultos, de una generación venidera, la que está en juego. Es el prestigio y la decencia, porque no solo se trata de una cuota o de un servicio profesional sino de la integridad de una educación que es la única salida al subdesarrollo, a la crisis humana en muchas áreas. Son recursos del estado, para el caso de la universidad pública.   

Son recursos de familias migrantes o aquellas que acá, en medio de toda la zozobra, se quedan sin nada para poder pagar la mensualidad y lo que reciben de algunos catedráticos es un PDF con cinco preguntas, cero acercamientos humanos, de comunicación de saber y por tanto una falta grave de respeto a los derechos educativos de los salvadoreños. No sea usted uno más, no hay excusas, la educación es compromiso, es innovación, es humanidad, no vacío y silencio.

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