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Conductas contagiosas…

El estudio “Contagion in Mass Killings and School Shootings” (2015) de Sherry Towers, Andres Gomez-Lievano, Maryam Khan, Anuj Mubayi y Carlos Castillo-Chavez, encontró evidencia significativa de que los asesinatos en masa que involucran armas de fuego están incentivados por eventos similares en el pasado inmediato (en contextos de fácil acceso a armas de fuego); también presentó evidencia significativa de contagio en tiroteos escolares, para los cuales un incidente es contagioso durante un promedio de 13 días, e incita un promedio de al menos 0,22 nuevos incidentes ( p = 0,0001). Para esta investigación se utilizó un “modelo matemático de contagio de autoexcitación”, utilizando una distribución de probabilidad exponencial para simular este proceso. 

Mi objetivo no es reflexionar sobre los tiroteos masivos en las escuelas, ni discutir sobre modelos matemáticos, sino abordar el fenómeno de las “conductas contagiosas” desde la perspectiva de la psicología social. 

Tomo como puntos de partida para el análisis: a) la atmósfera política que vive El Salvador; b) los altos niveles de aprobación del presidente; c) la transferencia de la imagen y popularidad del presidente a otros funcionarios de gobierno; d) el rechazo ciudadano al periodismo independiente y a posibles evidencias de corrupción; e) la creación del paradigma del 97%; entre otros factores. 

La hipótesis de la reflexión apunta a un fenómeno de masas, pero más concretamente al tópico de “conductas contagiosas”. A la base de este tema se puede situar un componente tecnológico, ya que este contagio se vehiculiza a través de redes sociales. 

En los antecedentes encontramos otros fenómenos similares: “Primavera Árabe” (2010-2012) o “Chalecos Amarillos” (2018). En estos contextos hay un caldo de cultivo, un malestar acumulado y un humor social de enojo. 

Luego aparece un “Triger” que dispara las reacciones locales, las cuales se encadenan exponencialmente en redes sociales y son alimentadas con vectores comunicacionales instigadores que antagonizan y agudizan, hasta llegar a un nuevo escenario. Aquí todo lo digital suma y sirve: Twitter, YouTube, Facebook, Instagram, WhatsApp, Memes, etcétera. 

¿Es una estrategia de marketing o comunicación?; posiblemente sí, pero hay más. El comportamiento o conducta es, en términos psicológicos, un conjunto de respuestas, frente a un entorno o estímulos. Puede ser consciente o inconsciente, voluntario o involuntario, etc. según las circunstancias que lo afecten. 

Detrás de las conductas hay una realidad cultural, familiar y educativa; hay una cosmovisión y una axiología. Sociedades o individuos cultural o educativamente más fuertes pueden estar inmunes a estos contagios colectivos o fenómenos de masa.  

Desde el punto de vista psicosocial, el contagio conductual suele analizarse desde las reacciones emocionales en situaciones caóticas ocasionadas por emergencias o alarmas; así, grupos humanos reaccionan con agitación motriz, desorientación, compulsión, sugestionabilidad y otras alteraciones o distorsiones perceptivas. 

Desde otro punto de vista, la histeria colectiva (enfermedad psicogénica de masases un caso de ataque de ansiedad en grupo. Se caracteriza porque aparecen una serie de síntomas psíquicos y físicos que se van propagando en un colectivo. Como en un efecto dominó, los síntomas se van contagiando. 

Muchos habrán vivido episodios de euforia y descontrol emocional en los estadios cuando juega la selección; el colectivo se hace “uno” y la identidad se diluye. Esto que describimos se parece, pero es más sofisticado y funciona en encadenamientos grupales o personales. 

Procesos semi-masivos de envío de información digital; referencias de autoridades comunales o familiares; repetición de contenidos; uso de troles en redes sociales; señalamientos persistentes de errores del pasado; satisfacción vicarial o aspectos proyectivos; mesianismo; son algunas de las herramientas que se pueden utilizar para facilitar las conductas contagiosas. 

Hasta el mismo fenómeno deportivo entre el Barcelona o Real Madrid puede explicarse desde esta perspectiva; ¿a cuenta de qué, hay tanta devoción, admiración y fanatismo por una liga que queda a 8,607 kilómetros de distancia? Efectivamente, nos proyectamos en algo que carecemos y que necesitamos. También podemos incorporar en el análisis lo religioso ¿cómo se expande una religión o secta?; efectivamente, también aparecen elementos de convencimiento, miedo o manipulación. 

Podríamos incorporar en el análisis el concepto de “moda”. En términos generales, la moda puede ser definida como un mecanismo que regula las elecciones de las personas ya que, por una especie de presión social, indica a la gente qué debe consumir, utilizar o hacer. La moda se convierte en un hábito repetitivo que identifica a un sujeto o a un grupo de individuos. Se trata de una tendencia adoptada por una gran parte de la sociedad. 

Las modas suelen generar nuevas “tendencias” que alteran un comportamiento normal o típico; detrás de una moda existen aspectos emocionales, psicológicos y estructurales, gestionadas por pioneros, Influencers o Influyentes, quienes impulsan un cambio en el inconsciente colectivo (personas que no están conectadas entre sí comienzan a actuar o pensar de la misma manera). Los influyentes están conectados con un segundo círculo de sujetos: TrendSetters o Early adopters; los Early adopters o adoptadores tempranos son los encargados de que una tendencia se convierta en moda y llegue a los seguidores o Followers. 

Es importante analizar desde el punto de vista sociológico o desde la psicología social este fenómeno de las conductas contagiosas; entender las dinámicas de transmisión y su evolución. No hay casualidades ni magia en política, siempre encontramos una “causa, causarum. 

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