continuidad pedagogica
Ana María Ábrego

Ana María Ábrego

Directora del Instituto de Investigación para el Aprendizaje

Continuidad pedagógica en tiempos de confinamiento: ¿Qué podemos y debemos hacer?

Desde el momento en que se anunciaron las medidas de cerrar las instituciones educativas por la Pandemia del COVID-19, supe que mi práctica docente como la de mis colegas se vería alterada por la “continuidad pedagógica” no solo por el cambio de modalidad a distancia sino también por la necesidad de recurrir al internet y considerando todas las condiciones que conlleva el confinamiento. El objetivo: mantener el vínculo pedagógico con nuestros estudiantes asegurando el seguimiento de su aprendizaje bajo otras modalidades y en condiciones excepcionales. El concepto de “vínculo pedagógico” es algo más profundo que hacer educación a distancia y/o utilizar plataformas -Blackboard, Moodle o Sakai– se trata de la comunicación esencial que genera el aprendizaje, la empatía, la relación humana docente y esto es complejo cuando hacemos educación mediada con tecnologías, pero es posible.  

Pasar de la noche a la mañana de una enseñanza presencial a una enseñanza a distancia, on-line y enfocándonos en que cada estudiante, de acuerdo a su condición, se beneficie de esta continuidad, hizo que muchos de nosotros nos interrogáramos: ¿Cómo lo haremos? ¿Qué tipo de actividades podemos realizar? ¿Cómo nos relacionaremos con nuestros estudiantes y sus familias? ¿Qué recursos usaremos? ¿Cómo regularemos el tiempo y las actividades para que ninguno de nuestros estudiantes se vea afectado 

Desde el primer momento muchos colegas se implicaron y trataron de organizarse de la mejor manera. Salieron a relucir una gran cantidad de opciones y de recursos tecnológicos que algunos de nosotros ya conocíamos y otros que descubríamos por primera vez desde el más simple correo electrónico hasta plataformas para organizar clases virtuales, conferencias web, etc. Así, readecuamos nuestras disciplinas a la tecnología, reprogramamos las actividades y nos lanzamos a un nuevo modelo de enseñanzaaprendizaje un tanto improvisado por la emergencia y sin visualizar aún todo lo que implicaría tanto para los estudiantes como para sus padres y nosotros mismos... 

Transcurridos un par de días, constatamos que para los docentes esta nueva modalidad se había traducido en una carga de trabajo exagerada y mucho tiempo invertido en responder correos y chats de estudiantes y padres. Para muchos estudiantes con dificultades de aprendizaje en el aula, se les hace muy difícil comprender lo que se les solicita y se sienten “perdidos con las consignas de sus maestros. Así, los docentes deben estar atentos para responder a sus inquietudes y dudas estando conectados todo el día y, algunas veces, hasta la noche con el ambiente de trabajo, modificando consignas que no son precisamente entendibles y claras para todos. Los correos y chats de los padres también son muy numerosos para aclarar sus propias dudas de cómo apoyar a sus hijos en sus diferentes actividades.  

Los padres por su lado manifiestan que la cantidad de tareas asignadas a sus hijos es exagerada y que las guías de trabajo son interminables. Muchos de ellos precisan que a pesar de saber perfectamente que no se pretende que ellos reemplacen a los maestros y que la situación de crisis actual lo requiere, muchos no tienen ni el tiempo ni la facilidad para ayudar a sus hijos y hacer homeschooling les resulta demasiado estresante. Estos sentimientos no son ajenos a otros padres en el mundo como lo confirma el New York Times en su reciente artículo publicado “I refuse to Run a Coronavirus Home School (Jennie Weiner, 2020) y la revista Insider con el artículo Some parents say they’re not homeschooling during the coronavirus pandemic because it’s too stressful (Emely Cavanagh y Eleanor Goldberg, 2020). 

Por otra parte, es irreal pensar que todos los estudiantes encontrarán en su casa las condiciones óptimas que favorezcan su aprendizaje (¿tienen un espacio adecuado?, ¿el ancho de banda requerido?, ¿alguien a quien consultar ante dudas?, ¿cuentan con recursos didácticos mínimos para las actividades?, ¿existen distractores?; éstas son algunas preguntas esenciales sobre los “ambientes de aprendizaje). Aprender supone un ambiente propicio y una organización que limita la distracción, un apoyo continuo y un acompañamiento personalizado. Los estudiantes se ven confrontados a una situación que requiere de muchas competencias técnicas y genéricas como la utilización de los recursos tecnológicos, la autodisciplina, la gestión del tiempo, la planificación de tareas, la organización y cuya ausencia frecuentemente se ve compensada con el acompañamiento del maestro. Su autonomía se cuestiona aún más a distancia que en el aula y esto aunado a una sobrecarga de trabajo, hace que sea inevitable que muchos de ellos, particularmente aquellos que presentan dificultades de aprendizaje, simplemente no respondan y no hagan nada.  

Debemos considerar que una situación de confinamiento es una situación excepcional y particularmente difícil para las familias; existen factores muy particulares y propias a cada una desde la falta de recursos, conexión a internet, un solo computador para varias personas (padres que teletrabajan, hermanos), sin enumerar las condiciones psicológicas y emocionales.  

Tanto los docentes como los padres sabemos que es frecuente que las tareas sean un momento de tensión en casa por lo que en estos momentos tan críticos es imperativo evitar a toda costa agregar agobio y preocupación. 

La continuidad pedagógica no debería generar más estrés del que ya vivimos con esta crisis pandémica y no debería atentar por ningún motivo a la salud mental ni de los estudiantes ni de sus padres sin dejar a un lado tampoco las condiciones del docente.  

A continuación, algunas recomendaciones que los docentes no debemos olvidar para asegurar la continuidad pedagógica, considerando la naturaleza de la disciplina y el nivel académico. 

Primeramente, debemos evitar poner en dificultad a nuestros estudiantes y sus familias y evitar saturarlos con numerosas herramientas y recursos tecnológicos.  

Desde que se anunciaron las medidas de cierre de las instituciones educativas hemos visto un aumento en las ofertas de recursos pedagógicos muy interesantes, pero debemos privilegiar aquellos con los cuales nuestros estudiantes ya están familiarizados. Según el artículo publicado recientemente por Education Week (Schwartz, 2020) Flood of Online Learning Resources Overwhelms Teachers muchos expertos dicen que, aunque los maestros en algún momento próximo tendrán que hacer la transición a nuevas plataformas y formas de interactuar con los estudiantes, precisamente ahora no es el mejor momento ya que podría ser contraproducente. 

Por otra parte, las actividades que se propongan deben de ser congruentes con lo visto en clase; una prolongación de lo estudiado, ejercicios de revisión y/o que actúen como una simple introducción al material que se verá al regreso a clases. Deben estar “dosificadas”, es decir no pedirles más de lo que se les pide habitualmente y pensadas para realizarse en un tiempo específico el cual debe ser precisado para que los estudiantes puedan organizarse. Si bien es cierto que “no están de vacaciones”, tampoco se trata de agobiarlos con una cantidad exagerada de actividades. De igual forma, las actividades deben estar adaptadas al nivel y a las capacidades de los estudiantes, considerando las necesidades particulares de cada uno. Las adecuaciones individuales no deben dejarse de lado ya que justamente la continuidad pedagógica es para beneficio de todos los estudiantes. Debemos evitar que la brecha académica entre los estudiantes se acentúe y que aquellos que ya presenten alguna dificultad de aprendizaje en el aula se vean aún más afectados con esta nueva modalidad hasta el punto de ausentarse y romper con la continuidad. Además, deben tener sentido; ser significativas y ser fuente generadora de motivación.  

Es muy importante que las consignas sean cortas, claras y precisas y que estén acompañadas con ejemplos, videos, audios, imágenes, etc. pensando en que los estudiantes tengan una amplia gama de opciones para su comprensión. 

Si bien es cierto que lo que se busca con la continuidad pedagógica es que los estudiantes continúen realizando sus actividades escolares, también es cierto que no podemos   pretender que el trabajo a distancia reemplace el contacto directo y las interacciones entre el docente y sus estudiantes en un curso presencial y en condiciones habituales. Sin embargo, un trabajo escolar bien planificado y adaptado a las condiciones del contexto puede permitir que los estudiantes cambien sus ideas y pensamientos, trabajen sin angustia ni estrés, y hasta cierto punto compensen su vida social. 

Finalmente, en estos momentos tan difíciles y sin saber aún hasta cuando seguiremos en esta situación de crisis, asegurar el cumplimiento de los objetivos de la continuidad pedagógica adecuando nuestras disciplinas a los recursos disponibles, considerando las condiciones de confinamiento y sobre todo pensando en la diversidad de necesidades y requerimientos de nuestros estudiantes es hoy por hoy nuestro más grande reto. 

Weiner, J. (2020, 19 de marzo). I refuse to Run a Coronavirus Home School. The New York Times. Recuperado el 1 de abril de 2020  de https://www.nytimes.com/2020/03/19/opinion/coronavirus-home-school.html 

Cavanagh, E. y Goldberg, E. (2020, 25 de marzo). Some parents say they’re not homeschooling during the coronavirus pandemic because it’s too stressful. Insider. Recuperado el 1 de abril de 2020 de https://www.insider.com/parents-wont-homeschool-in-coronavirus-pandemic-because-of-stress-2020-3 

Schwartz, S. (2020, 25 de marzo) Flood of Online Learning Resources Overwhelms Teachers. Education Week. Recuperado el 1 de abril de 2020 de  https://www.edweek.org/ew/articles/2020/03/25/flood-of-online-learning-resources-overwhelms-teachers.html 

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