Tengo un especial respeto por las personas rebeldes. Por todas a las que llaman “ovejas negras”. Porque no es signo de buena salud estar bien adaptados a un mundo profundamente enfermo”, Andy Warhol

Una de las principales tareas de los sistemas educativos es enseñar a pensar, a tomar decisiones de modo crítico, de forma creativa y ética; elementos que no suelen estar en los programas de estudios. Lamentablemente ya no se estudia lógica ni epistemología; todo dependerá de la responsabilidad, y buena voluntad, del docente. 

El psicólogo J. P. Guilford, en 1956, definió la categoría de “pensamiento convergente y divergente”. El pensamiento convergente se caracteriza por buscar o llegar a una solución bien definida para un problema dado. Este tipo de pensamiento es más adecuado para tareas que involucran la lógica en lugar de la creatividad. El pensamiento divergente es lo opuesto al pensamiento convergente e implica más creatividad. Bajo este modelo se generan ideas y desarrollar diferentes soluciones para un mismo problema.

Es un modelo binario que establece dos tipos de enfoques epistemológicos: 1) Convergente: Enfocarse e ir al grano a solucionar un problema, más rápido, efectivo y sin ambigüedades; y 2) Divergente: Pensar en diversos caminos o soluciones ante de resolver un problema; más creatividad, exploración, evaluación, aprendizaje.

El divergente descubre y deduce y se pregunta: ¿cuáles son las posibles causas de este problema? y ¿cuáles podrían ser las diversas soluciones?; el convergente define y determina: ¿qué causas deberíamos resolver? y ¿cuál es la mejor solución?

En la psicología contemporánea hay una taxonomía muy amplia de enfoques y estilos cognitivos y emocionales. A inicios de siglo XX las visiones sobre el temperamento y la personalidad eran mas reducidas y limitadas. Recordemos que todo partía de las teorías protopsicológicas griegas de Hipócrates y Galeno, las cuales sugerían cuatro tipos fundamentales de personalidad: sanguíneo, colérico, melancólico y flemático. Luego Avicena y Nicholas Culpeper profundizarían en esta teoría; y llegaríamos hasta la Ilustración, cuando David Hume y Voltaire establecerían los “determinismos ambientales” de las naciones. Una historia fascinante, muy discutible desde el punto de vista científico, pero que ha marcado esa necesidad de encasillar a los seres humanos en categorías.  

El inventario tipológico Myers-Briggs –MBTI por sus siglas en inglés– (1917-1957) es un cuestionario autorreportado con 88 o 93 preguntas de elección forzada que evalúa cómo las personas perciben el entorno y toman decisiones. Fue creado por Katharine Cook Briggs bajo los supuestos de Carl Gustav Jung. La prueba utiliza cuatro escalas, llamadas dicotomías, definidas como pares opuestos entre ocho categorías: introversión-extraversión, sensación-intuición, pensamiento-sentimiento, juicio-percepción; y al final, los resultados establecen cuatro categorías de personalidad: social, pensador, ejecutivo y espontáneo. Desde el punto de vista psicométrico y estadístico hay dudas de su validez y confiabilidad, pero se sigue utilizando.

Actualmente las organizaciones empresariales o académicas utilizan diversas técnicas para resolver problemas o planificar el futuro: FODA, Starbursting, Lightning decision jam, entre otras herramientas; también se han incorporado las teorías de Edward de Bono sobre “pensamiento lateral”, para romper los esquemas lineales, verticales y tradicionales.

El pensamiento lateral es una habilidad operacional para desarrollar ideas alternativas. Es una forma deliberada de creatividad de ideas, basada en la comprensión de cómo funciona el cerebro como un sistema de información autoorganizado. Cuando uno sabe lo que quiere, pero no sabe cómo conseguirlo, tiene un problema cuya solución requiere el «pensamiento lateral», un pensamiento creativo que en el fondo es un modo diferente de usar el cerebro sin utilizar la lógica, aunque ello pueda parecer irracional: salir de la caja o de la zona de confort.

La mente establece  patrones simétricos y asimétricos, mecanismos geométricos de operación y ritmos de comportamiento, se adapta a procesos. Pensamiento lateral implica trascender o romper esas reglas. La percepción es un 90% del pensamiento: el resto es bastante rutinario y automático; inclusive como ya lo hemos anotado, desde la perspectiva de MacLean, nuestras decisiones se distribuyen en tres segmentos: las más reptilianas (55 % de las actividades), otras más emocionales o límbicas (30 %) y algunas analíticas o lógicas del neocórtex (15 %).

Tal como señala Edward de Bono: “La mente opera creando “modelos” (códigos y símbolos) con los conocimientos adquiridos para su uso posterior. Cuando dichos modelos están formados es posible identificarlos, combinarlos entre sí y usarlos dentro del contexto de sus formas. A medida que se desarrolla el uso de los modelos aumenta su solidez. De hecho estos son los mismos fundamentos de la Inteligencia Artificial. El sistema de modelos es un medio eficacísimo de tratar la información. Cuando los modelos se han establecido forman una especie de código. La ventaja de un sistema de códigos reside en que para su uso, en vez de precisarse la totalidad de la información almacenada, basta con los datos codificados para proceder a su identificación, de manera análoga a como se extrae un libro en una biblioteca a partir de la simple mención de su número codificado (…) La mente maneja la información de forma eficaz, con grandes ventajas inherentes a su método de funcionamiento: no obstante, tiene también algunas limitaciones, principalmente la dificultad para reestructurar sus modelos de ideas en respuesta a nueva información. Estas limitaciones exigen la aplicación de las técnicas del pensamiento lateral para su superación”.

Más allá de las características y rasgos generacionales de los Baby Boomers (1945 y 1964); Generación X (1965 y 1981); Generación Y o Millennials (1981 y 1997); Centennials o Generación Z (1997 y 2010); inclusive, más allá de la vasta teoría de humor, temperamento, estilos de pensamiento, emociones, personalidades o inteligencias, nos quedamos con una síntesis: Convergentes, Divergentes y Laterales. Tres formas de enfrentarnos a la realidad y resolver problemas. Como sostenía Sócrates, conocernos a nosotros mismos sigue siendo esencial.

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