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Dinamismo y propagación de contagio: De amigos y piojos

La propagación y dinamismo de contagio de enfermedades infecciosas es uno de los temas más estudiados por la biología matemática computacional; comprender las relaciones de contagio, identificar los factores que aceleran la propagación de la enfermedad o saber a cuántas personas es capaz de contagiar un infectado son los temas cruciales. 

La mayoría de enfermedades contagiosas: Ébola, VIH-SIDA, malaria, tuberculosis, gripe A/H1N1, SARS y ahora SARS-Cov2, etcétera, han sido tratadas con diversos modelos matemáticos: SIR o SEIR, «Generalized Linear Model» (GLM), Markov, modelos espaciales, modelos bayesianos y «Generalized Estimating Equations» (GEE). Con el tiempo hemos aprendido mucho, pero cada enfermedad tiene su identidad y forma particular de propagarse y contagiar (secreciones, sexo, jeringas, flugge, etc.). 

Durante la pandemia todos aprendimos el parámetro “Erre Sub Cero” (R0) o número reproductor básico, el cual va estableciendo, justamente, el dinamismo de contagio; de 1.0 en adelante -1.2, 2.0, 3.0, etcétera- el contagio se va acelerando y creciendo; por el contrario, de 1.0 a menos, la enfermedad se controla. 

Debemos añadir al análisis un factor importante: Muchos de los portadores de SARS-Cov2 son asintomáticos, prácticamente seis de cada diez; esto facilita muchísimo la propagación, ya que el contagiado no sabe que lo está, y suele actuar de modo normal, siguiendo sus rutinas sociales. Los jóvenes poseen un sistema inmunológico más robusto, poseen mayor tolerancia a los virus gripales y se recuperan de síntomas leves con mayor facilidad.  

Últimamente el contagio de Sars-Cov2 comunitario en El Salvador se está facilitando a través de los jóvenes, quienes rompen fácilmente las burbujas familiares y se reúnen con amigos; pero esos amigos tienen otros amigos. Fiestas, reuniones sociales, encuentros con compañeros de colegio, son los factores que inciden en la propagación del virus. Luego, los jóvenes llegan a sus casas y contagias a sus padres, hermanos o abuelos; aquí la cosa cambia, ya que la gente mayor tiene un sistema inmunológico más débil y pueden terminar en el hospital o el cementerio. 

15 días de aislamiento radical pueden romper el ciclo de contagio y poner fin a la pandemia. Pero los seres humanos somos tan complicados y tenemos necesidades tan diversas, que resulta utópica la sentencia. En efecto, cuando se está controlando una cadena de contagio en una familia, aparece otra, y así sucesivamente y, multiplicado por el número de familias, ciudades y países que hay en el mundo. Parece fácil, pero no lo es. 

El placebo de la vacuna parece ser la victoria frente a la pandemia; aunque estamos en fases experimentales y la efectividad no es al 100%. Da la impresión que tendremos que vivir mucho tiempo con rebrotes por aquí y por allá, y con micro-paranoias virales; y sobre todo dispuestos a contraer el virus en lugar y día menos pensado. Por si fuera poco, no hay certeza de la inmunidad total o permanente. Dependeremos en el futuro inmediato de test auto-aplicados de diagnósticos, cada vez habrá más y esperamos que sean efectivos y más baratos que las pruebas PCR.   

Cuando volvamos al sistema educativo, tendremos la gran oportunidad de aprender estrategias y tácticas, de control comunitario de la enfermedad. En efecto, colegios, escuelas y universidades serán el escenario de contagio y control por excelencia. Así como sucedía en el pasado con sarampión, viruela, paperas, rubeola o pediculosis (piojos). 

¿Se acuerdan cómo se desarrolla o controla una epidemia de pediculosis o pijos?: Raparse la cabeza, lavarse el cuero cabelludo o distanciarse de los niños que tienen piojos…; además de charlas o una campaña educativa sobre higiene. No es fácil, pero se controla. Con el Covid-19 es muy similar. 

Los seres humanos somos difíciles para ponernos de acuerdo, también complicados para acatar normas disciplinares; y en medio aparece el criterio de la “libertad”, de no vivir bajo coacciones o imposiciones. Hay hasta movimiento anti-mascarillas. 

Finalmente, debemos agradecer a la empresa privada, por favor sigan exigiendo protocolos de bioseguridad para ingresar a comercios, oficinas y negocios. Pero a los más comerciales les pedimos evitar organizar eventos masivos, conciertos y otras actividades que faciliten aglomeraciones.  

A las autoridades les pedimos mayor control en el transporte público, principal vector de comunicación y contagio; no bajen la guardia en el aforo al 50% de las unidades de transporte para garantizar el distanciamiento físico y en la desinfección. 

El sistema educativo tendrá que seguir –al menos en el primer semestre 2021- online; las secuelas de diciembre y enero llegarán hasta febrero, marzo y abril. Aunque con un buen mapa epidemiológico, uso de tecnologías y protocolos de respuesta, podría ir abriéndose el sistema poco a poco, pero requiere disciplina. 

Mientras tanto, seguiremos aprendiendo más sobre el dinamismo y propagación de contagio; este fenómeno no es lineal, simple ni tan lógico, hay que estudiarlo a profundidad para diseñar mejores soluciones sociales.

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