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Nicole Ortiz

Nicole Ortiz

Docente de Educación Especial. Universidad Evangélica de El Salvador
Estudiante de Maestría en Política y Evaluación Educativa

Docentes: detrás de un telón llamado escuela

La labor docente está constantemente en tela de juicio, y parece glorificarse un día al año como parte de la celebración de nuestro gremio. En ese día, es común encontrar la frase “el arte de ser docente”, que inclusive ha servido como título de un libro. El asociar el arte con el ser docente, introduce inquietantemente una pizca de malabarismo en la profesión, haciéndolo responsable de la calidad educativa, visto como un acto individual y no colectivo, sin una conexión aparente con las condiciones; permaneciendo una vez más los diversos retos de los docentes detrás de un telón llamado escuela. 

Los docentes son actores del ámbito educativo y junto con los estudiantes representan los papeles principales de una obra que se presenta de lunes a viernes, detrás de un telón pintado de color azul y blanco. Estas escuelas representan un escenario para hacer valer el derecho a la educación de todas las personas. Por tanto, la escuela es un escenario que busca cautivar y motivar hacía el aprendizaje, pero semejante a una obra teatral no responde únicamente de contratar al mejor actor, sino que implica a su vez tener a un buen director, una adecuada escenografía, condiciones óptimas y recursos que faciliten una buena dinámica y permitan el alcance de los objetivos.  

En este sentido, en El Salvador se espera que los docentes de las escuelas públicas se suban al escenario y brinden una actuación de calidad, capaz de convencer a los estudiantes y a sus familias de cuál es la educación que necesitan. Por tal motivo, los docentes diariamente salen al escenario encontrándose con un panorama devastador: escuelas con infraestructuras dañadas, sin abastecimiento de recursos básicos, sin bibliotecas, espacios de juego o recursos tecnológicos y de conectividad que permita los aprendizajes digitales que demanda la sociedad actual.  

Según el segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativo (SERCE), retomado por Martin y Bodewing, El Salvador presenta carencias en las condiciones de infraestructura educativa, en sus servicios básicos y comunicacionales. Si convertimos esta realidad en números, encontramos en el Observatorio MINED que de los 5,143 centros educativos públicos que existen solo 685 escuelas cuentan con salas exclusivas para el trabajo de docencia, únicamente 1,400 escuelas disponen de acceso a internet y de estas solo el 20% de las escuelas cuentan con una biblioteca. 

Además, es necesario tener en cuenta que la pandemia por COVID-19 enmarcó y agudizó estas problemáticas, en donde esta falta de recursos ha sido un condicionante para brindar continuidad educativa y permitir el retorno a las escuelas. Ejemplo de ello, son los docentes sin acceso a internet o que dentro de las escuelas establecen turnos para impartir clases a causa de la baja velocidad del internet. El segundo postulado, se puede visualizar a través de la imposibilidad de algunos estudiantes para recibir clases presenciales, debido a que las escuelas no cuentan con servicio de agua potable, el cual es un requisito para la acreditación de retorno a la escuela, según el plan elaborado por el Ministerio de Educación denominado La alegría de regresar a la escuela. 

Las anteriores problemáticas se vuelven condicionantes para el desempeño docente e inciden significativamente en su bienestar socioemocional. En ese sentido, es importante introducir mejoras en todas las escuelas públicas a nivel de país, partiendo de las voces de los docentes que permita acercarnos a la realidad educativa que es tan distinta en cada rincón de nuestro país.  

A su vez, resulta necesario realizar una mayor inversión en la Política de Infraestructura Educativa, que permita abarcar en su totalidad a las escuelas públicas, asegurando infraestructuras adecuadas, condiciones de trabajo y recursos idóneos para el ejercicio docente.  

Y es que, al introducirse en las condiciones laborales, resulta incoherente seguir añorando que los docentes monten obras de Broadway y evaluarles como tal, sin tener en cuenta la infraestructura de las escuelas en las que laboran y los recursos con los que disponen para su práctica pedagógica. 

En ese sentido, para asegurar el derecho a una educación de calidad en nuestro país, es necesario entender su entramado de problemáticas que demanda de múltiples respuestas, entre ellas mejorar las condiciones de las escuelas. De forma tal, que las escuelas se conviertan en un escenario sostenible, capaz de revitalizarse año tras año, de la misma forma que las obras de Broadway, donde los docentes cuenten con los recursos y espacios idóneos para su ejercicio docente, y que a su vez estas condiciones inviten a los estudiantes, docentes, familia y comunidad a juntar esfuerzos para alcanzar la anhelada calidad educativa. 

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