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Economía salvadoreña sin anticuerpos ante el COVID-19

A principios de 2020 parecía que un leve aire de optimismo se respiraba en torno a la economía salvadoreña. Los empresarios exigieron acciones para sanear las finanzas públicas, lograr un pacto fiscal y dinamizar la actividad económica. El Gobierno respondió afirmando que pondría manos a la obra y para demostrarlo, anunció la incorporación de un asesor de lujo, un economista de Harvard, el venezolano Ricardo Hausmann, para la elaboración de un proyecto de reactivación vinculado al ambicioso Plan Cuscatlán que fue presentado durante la contienda electoral 

Con tropiezos y sin un diálogo fluido, empresarios y Gobierno dejaron ver su interés porque el país abandonara su trayectoria de bajo crecimiento económico; pero todo quedó en buenas intenciones. A tan solo dos meses de ese anuncio, el panorama cambió y ahora, la frágil y pequeña economía salvadoreña se enfrenta al monstruo del COVID-19, sin mascarillas adecuadas y sin ninguna protección. 

“Estamos ante un shock inédito, un fenómeno no visto en 100 años y al que se ha denominado el Gran Confinamiento, se trata de una desaceleración que no se había visto desde la Gran Depresión”, explicó Carmen Aída Lazo, decana de la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN), en un foro virtual organizado por FUNDAUNGO.  

La economista indicó que a diferencia de otras crisis, en este momento se presenta una combinación de shock de oferta y shock de demanda. “Aunque la economía se reiniciara pronto, tendremos consumidores que van a quedar mucho más cautelosos y conscientes de consumir menos en restaurantes o menos en el sector turismo. A pesar de que es muy difícil poder estimar con precisión los efectos, en El Salvador habrá menos ingresos para los hogares, menos recaudación fiscal y una reducción en la calidad de vida de las familias más vulnerables”. 

Lazo prevé una caída del 15 % en los ingresos de los hogares; especialmente por una pérdida masiva de empleos. La economista recordó que a raíz de la crisis financiera de 2008, en El Salvador se perdieron 40,000 empleos y pasaron tres años para recuperarlos 

“Tenemos una economía en donde 2.8 millones de personas están en el mercado laboral, pero solo una tercera parte (alrededor de 850,000) tiene empleo formal. De esa cantidad, 700,000 trabajan para el sector privado y de ese grupo, 50 % se ubica en sectores altamente afectados por la paralización de la economía como el comercio, hoteles e industria”, detalló.  

Hogares con menos ingresos por el desempleo y una posible caída del 15 % en las remesas pone en aprietos al PIB nacional y también a la recaudación fiscal. “El consumo de los hogares salvadoreños representa el 85 % del PIB y por otra parte, el 80 % de la recaudación fiscal viene del IVA y del Impuesto sobre la Renta; tributos que dependen del dinamismo de la economía. Una caída de los ingresos supone un deterioro de la posición fiscal, lo que significa que el país se va a tener que endeudar más, pero con una mayor dificultad para conseguir recursos externos en los mercados internacionales”. 

Si la actividad económica del país se detiene por un mes, se podrían perder 216,165 empleos, dijo con precisión Ricardo Castaneda, del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI). Una cifra que representa un golpe certero, una herida profunda para la economía. 

Castaneda reconoció la oportuna respuesta en la adopción de medidas sanitarias para contener el contagio del virus; sin embargo, enfatizó que lamentablemente no ocurrió lo mismo con la economía. “Las medidas se comenzaron a adoptar hacia el 20 de marzo; es decir, mes y medio después de las primeras acciones sanitarias”. 

La carrera de obstáculos por los $2,000 millones  

Para atender la pandemia, el presidente Nayib Bukele solicitó a la Asamblea Legislativa la autorización para gestionar, en préstamos y colocaciones, 2,000 millones de dólares. Sin embargo, obtener los fondos no es tan fácil porque la crisis mundial intensifica la aversión al riesgo, ya que el deterioro del sistema financiero internacional afecta la captación de financiamiento para países como El Salvador. Aunque voces como la de Alicia Bárcenas, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), se han elevado para pedir a los organismos multilaterales medidas extraordinarias para los países altamente endeudados en la región, como el caso de El Salvador, a fin de que puedan tener acceso al financiamiento en condiciones más favorables que eviten que sus deudas sean insostenibles y puedan superar esta crisis económica global.   

De la meta de los 2,000 millones, el país ha logrado 

  • $389 millones de préstamo del Fondo Monetario Internacional. 
  • $20 millones en préstamo del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento. 
  • $42 millones de un préstamo que había gestionado el país con la Cooperación Internacional de Japón.  
  • $426 millones de dos emisiones de LETES. 

Los números rojos de El Salvador  

 

Carmen Aída Lazo – ESEN 

Ricardo Castaneda – ICEFI 

Oscar Cabrera -FUDECEN 

Crecimiento económico 

-7% 

-4% 

-4.1% 

Exportaciones 

-15% 

-20% 

-15% 

Importaciones 

-20% 

 

-24% 

Deuda pública 

80% (del PIB) 

87.1% 

83% 

 

Proyecciones de crecimiento  

BCR 

FMI 

Banco Mundial 

CEPAL 

Entre -2% y 4% 

-5.4% 

-4.3% 

-3% 

¿Todo está perdido?  

El panorama para el país y para todo el mundo es negativo. Sin embargo, para Ricardo Castaneda de ICEFI, es una oportunidad para empezar a modificar la estructura productiva del país y por lo tanto, dedicar recursos para la generación de valor agregado a través de la reducción de la brecha tecnológica y la innovación. A su juicio, la crisis abre el espacio para la reconfiguración de los roles de la economía.  

Zaira Barrera de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) afirma que es el momento para sentar las bases de una economía diferente, un modelo distinto; lo que requiere planificación y pensar en las personas. “Debemos reconocer que el modelo económico de nuestro país no funciona. No deberíamos retornar a lo que teníamos, necesitamos una matriz productiva diferente”. 

En consonancia con los economistas salvadoreños, Alicia Bárcenas, desde CEPAL, señala que el futuro de América Latina será totalmente diferente. Esta crisis cambiará el tejido social de la región y demanda de los países latinoamericanos un pensamiento distinto, fuera de la caja, perfilando sus economías hacia una mayor regionalización y la búsqueda de nuevos sectores por medio de la innovación. Una innovación en donde las universidades pueden ser actores claves y que permita generar empleos e impulsar el crecimiento económico. 

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