Educaciónonline

Educación online de calidad

La educación no presencial o a distancia por correspondencia nace a finales del siglo XIX y principios del XX gracias al desarrollo de la imprenta y a los servicios postales; posterior a la segunda Guerra Mundial surgen las primeras universidades a distancia, por ejemplo: la Open de Inglaterra (1969), UNED de España (1972), UNED Costa Rica (1977), etcétera. Con el surgimiento de internet a mediados de los noventa se comienza a masificar la educación telemática mediada por internet u online, hasta llegar a nuestros días con el auge de los MOOC´s (Massive Open Online Course).

Cinco vertientes pueden definir la dinámica de la educación online de calidad: 1) Alfabetización digital del docente para la bilateralidad; 2) Recursos tecnológicos: laptop o PC, Tablet, Móvil; 3) Conectividad; 4) Modelo pedagógico y plataformas; y 5) Recursos didácticos multimedia.

Con la pandemia del COVID-19 se recurrió a diversas herramientas educativas alternativas por la emergencia. Eran pocas las instituciones educativas que contaban con una licencia de plataformas educativas especializadas (por ejemplo: Moodle, Blackboard, Edmodo o Sakai). Así, los más aventajados echaron mano de WhatsApp, Zoom, correo electrónico, etc.; otros subsistemas recurrieron a repartir guías impresas -por problemas de brecha digital- y al final el Ministerio de Educación definió la situación como “Multimodal”.

Por otro lado, una cosa es ser docente presencial y otra parecida, pero no igual, es ser tutor virtual; esto implica capacitación y conocimiento en diversas vías: Administrar plataforma, crear contenido digital y garantizar bilateralidad con los estudiantes.

El tema de brecha digital no es menos importante; a nivel del sistema educativo apenas el 34% de las instituciones tienen internet; y pese a la penetración de la telefonía móvil, en el plano doméstico la brecha se amplía al 50%.

La educación online puede ser de buena calidad y efectiva si contamos con todos los elementos descritos; inclusive no sólo podría ser superior a la presencial, sino que además posibilita asincronía y permite que muchos más estudiantes puedan acceder a clases desde diversos lugares, circunstancias y horarios.

Por ejemplo, es notable la calidad de muchas conferencias y tutoriales que aparecen publicados en YouTube y que pueden utilizarse como recurso didáctico complementario. Esto sumado a un guion pedagógico y didáctico, bajo una tutoría efectiva puede generar diálogo, debate y aprendizajes.

Siempre encontraremos contenidos más o menos apropiados para la educación online; existen muchos contenidos procedimentales que demandan prácticas y un tipo de hacer peculiar que no se puede realizar a través de plataformas o simuladores; pero esto se solventa con ejercicios alternativos.

Mucha gente cree que la educación presencial es insustituible y que no se puede comparar con la educación online. Creo que esta apreciación está sesgada. A fin de cuentas, ¿qué trabajo hoy en día no se realiza mediado por computadoras?, y recordemos que la educación es para la vida y no sólo para cumplir un estándar curricular. En efecto, bajo el modelo de sociedad del conocimiento, economía de la información y transformación digital, aprender online es casi un deber ser.

Los padres y madres deben confiar en los sistemas online; deben comprender que es parte del proceso de la sociedad en red que señala el destacado sociólogo Manuel Castells. Aunque ya desaparezca la pandemia, un sistema educativo de calidad y eficaz debe incorporar las tecnologías de la información y las comunicaciones en su modelo educativo; es un hecho insoslayable. Todo apunta a lo digital, a las aplicaciones y al móvil…

Finalmente, las instituciones educativas tienen que hacer el esfuerzo de diseñar una arquitectura digital coherente, con las plataformas adecuadas y capacitando a sus docentes como tutores y creando departamentos de producción didáctica transmedia (audio, video, imagen, texto, tutoriales). No se vale desfigurar la educación online con simples herramientas de videoconferencia. Ya tuvimos un buen ensayo en 2020, ahora es momento de planificar el futuro.

Hace 19 años publicamos en el IN3 de la Universitat Oberta de Catalunya: “Pedagogía Informacional: Enseñar y aprender en la sociedad del conocimiento”; no fue una simple intuición, fue un ejercicio de prospectiva basado en la evidencia. Dos años más tarde en el congreso de la Red Iberoamericana de Informática Educativa (RIBIE), en Monterrey, México, uno de los ponentes nos advirtió: El teléfono móvil cada vez será más determinante en la educación, y no estaba equivocado.

Debemos dar la oportunidad y creer en la educación online; no lo podemos detener; esto no implica la desaparición del modelo presencial ni la sustitución de docentes por computadoras. Hablamos de herramientas tecnológicas, de medios y no de fines. La revolución digital ya está transformando los sistemas productivos, las redes sociales son la nueva sociología y la educación no puede quedarse en la vieja racionalidad aristotélica y cartesiana.

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