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Iván Gómez Trejos

Iván Gómez Trejos

El caudillismo va más allá de Daniel Ortega

Este 19 de julio, Nicaragua conmemora un aniversario más de la caída de la dinastía de los Somoza a manos de todo un pueblo que, en diferentes alianzas en 1979, decidió poner fin a la última dictadura impuesta por Anastasio Somoza Debayle.

La mayoría de los golpistas eran nicaragüenses relativamente jóvenes, provenientes del sector revolucionario encabezado por el Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN) y del sector profesional cuyas empresas competían débilmente con el monopolio económico somocista producto de expropiaciones, ventas forzadas y corrupción admirativa.

Pero al ver en preceptiva, 42 años después del último grito de Nicaragua Libre, no muchas cosas han cambiado en la gobernabilidad y la vida política. Por el contrario, se percibe un franco interés por parte de grupos de familias de querer permanecer en la vida política.

Actualmente unos están en el poder, como la familia Ortega – Murillo, y otros en el ajedrez de la limitada y exclusiva oposición política, como los arnoldistas y los chamoristas, quienes como que quisieran jugar a la alternancia del poder, pero sin más competidores entre ellos mismos. Y es que algo tienen en común; todos se conocen en los últimos 40 años de revolución, tiempo en el que ha habido discursos amenanzantes, pero pocas amenazas verdaderas, todo parte del folclor propio de estas familias.

Atrás quedarán los intelectuales, los pensadores, los artistas, quienes siempre tendrán sus ideas comprometidas, mismas que los llevarían, en algunos casos, al destierro o a la cárcel bajo la orden del señor caudillo que esté de turno en el poder, ya sea este sandinista o de la coalición liberal.

Tal como escribí en las primeras líneas, la caída de la dictadura somocista el 19 de julio estuvo a manos de jóvenes, quienes anhelaban un país con mayores oportunidades, con libertad de expresión y justicia social. Y así como ellos, un 19 de abril, pero del 2018, un grupo de estudiantes de la Universidad Politécnica de Nicaragua, crean el movimiento MU-19A y exigieron al presidente Daniel Ortega la descentralización del poder, cambios en la Ley electoral y el adelanto de elecciones con la observación internacional.

No era la primera vez que los estudiantes alzan su voz, ni tampoco podría decirse que fueron parte de un plan orquestado desde el exterior, y si fuera así, la decisión de los muchachos era hacerse escuchar por una apertura a la tolerancia y la necesidad de la alternancia en el poder. En fin, que más allá de la seguridad y el crecimiento económico, Nicaragua necesitaba cambios venciendo el caudillismo y dejando nuevas líneas de pensamientos frescos. A las voces de protesta se unieron otro grupo de estudiantes, estos pertenecientes a la Universidad Autónoma de Nicaragua UNAN, León, la Universidad Centroamericana UCA y hasta un grupo de jóvenes de bachillerato.

Tras las primeras muertes violentas producto de las protestas, Ortega llama al diálogo. Intervienen la iglesia católica y un grupo civil integrado por empresarios y dirigentes sociales. Ningún partido de oposición estuvo invitado, ya que los mismos universitarios insistían en cambios políticos en su totalidad. Fue en primer día del encuentro, cuando aparece la figura que quedó como el símbolo de la desobediencia civil: Lester Alemán. El joven universitario, de 20 años, quien encaró a Ortega al decirle que lo que se negociaría en ese momento era su salida del poder

La falta de tolerancia, experiencia y razonamiento, más allá de un sueño de cambio, finalizó a los pocos días. Las protestas culminaron con la imposición de la bota de Ortega, quien les llamó terroristas y hasta el día de hoy reprime cualquier tipo de movimiento que pida cambios en Nicaragua, bajo el argumento de ser enemigos de la paz.

Pero el tiempo pasó rápido desde el 2018, y, hoy, las elecciones se avecinan en Nicaragua, tal como lo rige el calendario electoral y que defendió siempre Ortega.

Y es el mismo movimiento universitario el que nuevamente alza su voz, pero para exigir voz y voto en la Coalición Nacional opositora, integrada hasta junio por siete organizaciones y que pretende sacar del poder a Ortega en las elecciones de noviembre del año 2021.

Hace más de un mes, Lester Alemán, el mismo joven, ahora de 22 años y estudiante de comunicaciones de la UCA, aseguró la existencia de prácticas tradicionales entre las organizaciones de coalición, porque ven a los jóvenes como instrumentos y no como individuos con incidencia. “Nos quieren para la foto”, publicaba la madera del diario opositor La Prensa al referirse a la molestia del movimiento universitario.

Lo que sí está claro en Nicaragua es que, hoy por hoy, y frente a las elecciones presidenciales en donde Ortega es el líder y virtual favorito, los movimientos civiles necesitan, por ley, plegarse a la casilla de un partido político, y para ello ya se está cuajando en la sopa el partido Liberal, del expresidente Arnoldo Alemán. Cualquier otro partido político difícilmente logre el consenso para equilibrar el pensamiento de cada organización opositora.

Por otro lado, está la artillería política opositora quienes hacen de asesores, coordinadores de Ong o juegan en busca de algún grado de participación que seguramente les generará divisas para sus bolsillos. Al final de cuentas, son parte de los mismos de siempre, y como siempre, tampoco se hacen a un lado para darle paso al pensamiento nuevo, al pensamiento del puñado de jóvenes quienes, con o sin razón, han demostrado defender sus ideas incluso hasta con sangre.

Y si se habla de clanes políticos en Nicaragua, no se puede pasar por alto a los chamorristas. Los seguidores del legado del periodista Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por escuadrones somocistas en 1978.

La lista podría comenzar por Edmundo Jarquín, ex candidato presidencial y disidente sandinista, casado con Claudia Lucia, hija de la expresidenta Violeta Barrios, la lista continúa con la periodista Cristiana Chamorro esposa del fallecido Antonio Lacayo, ex ministro de la presidencia de la señora Barrios de Chamorro en la década de los 90, después de haber vencido en las urnas a Ortega.

No hace falta de retroceder mucho tiempo en la historia política y nos encontraremos a Carlos Fernando Chamorro, quien ejerció un periodismo oficialista sandinista y que durante los años 80 apoyó a Ortega desde el diario Barricada, medio propagandístico del FSLN.

Algo anecdótico, que incluye a El Salvador, fue la publicación en el diario Barricada, en 1982, de la historia de un sacerdote opositor a Ortega, quien corrió desnudo dentro de una prestigiosa residencial perseguido por un hombre en un aparente ataque marital. El hecho fue precisamente cuando un grupo de personas emprendían una protesta frente a la embajada de El Salvador en Managua.

Se une al grupo familiar su hermano Pedro Chamorro hijo, ex miembro de la resistencia armada contra los sandinistas durante la guerra de los 80. Con la salida del poder de Ortega en 1990, Chamorro ocupó importantes cargos públicos. Ex embajador en Taiwán, ex ministro de tu turismo, y del grupo de legendario diputados que se aferran a la silla legislativa. En fin, una familia que, de acuerdo con el cristal que se le quiera ver, jugó y seguirá jugando al nepotismo, la injerencia y al poder.

Finalmente, con la salida hace menos de un mes, del movimiento campesino de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, y bajo el argumento que nunca fueron vistos como parte, se demuestra que en Nicaragua por décadas se ha gobernado a puro “dedazo” independientemente el credo ideológico. Así mismo, que a los políticos tradicionales morirán con el sartén en la mano, aunque tengan que pactar con el mismo diablo.

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