desempleo
Stanley Piche / John Guzmán

Stanley Piche / John Guzmán

Estudiantes de Economía y negocio en la ESEN.

El Gran Confinamiento y la crisis del desempleo

La pobreza es un estado económico de incapacidad de satisfacción de las necesidades físicas y psicológicas de una persona, por ausencia de recursos esenciales como la alimentación, la educación, vivienda, programas de salud, entre otros. Según la EHPM de 2018, existen alrededor de 1.4 millones de personas que reciben un salario menor al costo de la canasta básica alimentaria ($200.96). En esencia, las personas no pueden aumentar sus remuneraciones ya sea porque sus capacidades son escasamente demandadas para realizar un determinado trabajo, porque una mejora salarial no está acompañada por un aumento de la productividad de las empresas, o por ambas. De la misma manera, muchos de esos individuos pertenecen a un mercado laboral cambiante e inestable. El presente artículo muestra las características principales del mercado laboral antes y durante el Gran Confinamiento. 

El mercado laboral antes del Gran Confinamiento 

Este artículo muestra las características básicas del mercado laboral: nivel de ocupación, desocupación e inactividad, ingresos e informalidad. Además, se dan a conocer los niveles de pobreza extrema para conocer cómo se relaciona el trabajo con las condiciones de escasez de recursos de los ciudadanos. Esta información será obtenida de la Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples de 2018. 

Aproximadamente 4.9 millones salvadoreños poseen edad para trabajar, es decir, tienen al menos 16 años y, por tanto, pueden ofertar horas de trabajo o realizar una actividad en específico que les permita generar un salario. Además, alrededor de 2.75 millones de personas poseen un empleo (empleados u ocupados), mientras que aún hay 115 mil individuos que permanentemente están buscando un trabajo dependiente o independiente (desempleados). Al mismo tiempo, hay 883 mil personas que no poseen un empleo permanente porque no encuentran un trabajo asalariado. De modo que, la tasa de desempleo es de 4 %, pero si despiden a todos los empleados temporales, esta podría llegar a ser de 35 %. 

La variación del ingreso real, es decir, aquel que se convierte en bienes y servicios, que obtienen los 2.75 millones de personas que sí trabajan también requiere atención. El 25 % de los trabajadores recibe un ingreso menor o igual a $284; el 50 % trabaja por un salario menor o igual a $470; y el 75 %, gana al menos $767. Los promedios indican condiciones favorables, sin embargo, cabe destacar que dichos montos están afectados por una distribución desigual de los ingresos. Dado que la canasta básica alimentaria cuesta en promedio $172.94 ($200.96 para el área urbana y $114.91 para el rural), aproximadamente 619,770 salvadoreños se encuentran en pobreza extrema a pesar de recibir un salario mensual, pues su ingreso real no es suficiente. Dicho déficit se compensa, en parte, por los flujos de efectivo provenientes de remesas, acumulación de horas extra u optar por nocturnidades. 

En este artículo, la formalidad es entendida como el número de personas que están afiliadas o cubiertas por un sistema de seguro social, específicamente el ISSS y AFP. En esta categoría se encuentra un 36.3 % de los ocupados. Por otro lado, la informalidad sucede cuando los empleados no están afiliados o cubiertos por los sistemas de previsión social antedichos. En esta calidad se encuentran un 63.7 % de los empleados. Por tanto, en el sector informal están laborando aproximadamente 1.75 millones de salvadoreños. 

El mercado laboral durante el Gran Confinamiento 

En el sector formal, la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador realizó una encuesta para conocer el impacto de la ampliación de medidas de emergencia por la COVID-19 en la economía de 1,009 empresas a nivel nacional. Este número representa el 40
% de su membresía, por lo que se hará inferencia sobre el total de 2,523.  

En primer lugar, se supone que cada compañía tiene la cantidad máxima de empleados posible. Así, existen 1,110 empresas que tienen 10 empleados, 782 que poseen 50, 330 que tienen 101, y, finalmente, hay 303 firmas que realizan sus actividades con 100 trabajadores. Se destaca que el total de empresas inscritas en la Cámara de Comercio opera con 113,830 empleados. En segundo lugar, cabe mencionar que el 95 % de las empresas ha reportado disminución de ventas durante el período de emergencia por el COVID-19. El 67 % del total de empresas reporta pérdidas de más del 75 %, mientras que un 40 % de las mipymes indica el desplome del 100 % de sus ingresos. En conclusión, se espera que la tasa de desempleo en este grupo aumente a 8 %. 

Para el sector informal, debido a que no se posee una base de datos que permita conocer su situación actual, el análisis se realizará con base en una correlación (asociación) entre el desempleo del sector informal y el crecimiento económico de El Salvador según datos de años anteriores. Según Fusades, en los períodos de 2008 a 2016, los empleos en el sector informal aumentaron 2.15 %, mientras que la producción creció, en promedio, 1.8 % en los mismos años, sin contar el 2009. Además, según el FMI, la economía caería en 5.4 % luego de la COVID-19. De modo que, tomando de referencia los datos anteriores y usando una regla de tres simple, se proyecta que el desempleo en el sector informal aumente en 6.45 %. 

A nivel del mercado laboral salvadoreño, se pronostica que, en el sector formal, al menos 110 mil empleados sean despedidos por la disminución de ingresos brutos de las empresas. Por otro lado, en el sector informal, se estima que al menos 113 mil trabajadores dejarán de recibir sus ingresos. Es así como la tasa de desempleo nacional pasaría de 4 % a 12 %, y el número de salvadoreños en condiciones de pobreza extrema cambiaría de 619,770 a 842,777 como producto del Gran Confinamiento generado por la crisis de la COVID-19. 

Otro posible impacto del Gran Confinamiento es la entrada y aceleración de la automatización y la inteligencia artificial en trabajos que hasta ahora eran hechos por seres humanos. Esto sucede porque, aunque el uso de máquinas no sustituya la labor humana, estas jamás se contagiarán del virus, lo que permite que las empresas continúen con sus operaciones de forma casi tradicional. Entonces si hay una fábrica que tiene solo robots y una fábrica que tiene solo humanos, la segunda, aunque sea un poco mejor en producción y no altera la tasa de desempleo, estará cerrada por la cuarentena por el miedo al contagio, mientras que la otra continuaría actividades. Esto significaría un estímulo inmenso para que muchas compañías experimenten con un sistema de producción automatizado. 

Conclusión 

La situación del mercado laboral contemporáneo es muy grave porque las empresas reportan una baja en ventas, las personas que viven del día a día en el sector informal han dejado de llevar dinero a sus hogares y porque la inteligencia artificial es una alternativa empresarial ante el Gran Confinamiento. Si el período de control sanitario se mantiene sin un plan concreto y efectivo que suavice sus consecuencias, entonces los empleos corren riesgo. Por ello, es necesario que los Órganos de El Salvador lleguen a un consenso que proponga, apruebe e implemente medidas integrales que protejan la salud y la economía, y minimicen el posible disparo del desempleo y la pobreza en el corto, mediano y largo plazo. 

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