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El Humor social y la conducta social ha cambiado

Lpsicología social busca estudiar, comprender y explicar cómo los pensamientos, sentimientos y comportamientos individuales están influenciados por la presencia real, simbólica o implícita de otros seres humanos. Por otra parte, el humor es una disposición o expresión del ánimo de un sujeto. Entonces, ¿puede existir un humor social?, ¿puede, determinado fenómeno, incidir en el humor o estado de ánimo de la gente?, y finalmente: ¿la gente puede actuar políticamente o votar influenciada por este humor social?  

El Humor social se puede definir como el estado de ánimo de una comunidad o sociedad; en función de esta circunstancia, se percibe, procesa e interpreta la realidad y la información, y afecta las decisiones que se toman en cuanto aceptación o rechazo de la comunicación, el modo de vivir y las aspiraciones. Tiende a influir significativamente en las opiniones, actitudes, posturas de fenómenos, instituciones y personajes. 

La conducta social, por su parte, son formas de actuar colectivas, generalizadas y contagiosas, sobre la base de cohesiones, rumores, creencias y valores compartidos. Efectivamente, antes le llamamos “fenómenos de masas”… hoy también se clasifica como “primaveras”. Así, los sujetos pierden su individualidad y actúan como rebaño, se contagian, siguen tendencias –hashtags-. 

El análisis del humor social y la conducta social es un asunto que puede ser tratado por biólogos matemáticos, sociólogos y psicólogos sociales, e implica un análisis holístico basado en datos, que generalmente aportan las encuestas y estudios sectoriales. 

Partamos de un principio fundamental metodológico para entender el humor y la conducta social: Los compartimentos o clases. En las sociedades Latinoamericanas han existido tres grandes bloques demográficos socio-económicos, que poseen paradigmas distintos, humores y conductas diferentes: Una minoría con la vida resuelta, una segunda minoría en un proceso de ascenso social y una mayoría en problemas serios de supervivencia. Esto ha sido clasificado tradicionalmente clásico así: Ricos, clase media y pobres. 

Las redes sociales ocasionaron un fenómeno particular: desconectar los elementos articuladores entre los tres bloques demográficos; en el pasado las clases dominantes generaban un fenómeno de dependencia que inmovilizaban el humor y la conducta de los grupos subyacentes a través de estructuras de dominación –educación, empleo, cultura, etcétera-. Las redes sociales hiper-democratizaron la información, ocasionando una independencia de pensamiento y un fenómeno fractal. 

Partiendo del principio de que el voto es una decisión emocional, en materia electoral, en el pasado, influían cuatro elementos en la toma de decisiones para emitir el voto: La tradición, la propaganda, la moda y el miedo; estos elementos moldeaban el humor y las conductas electorales. Actualmente, en la sociedad de la información (Castells) hay una nueva lógica en red, y a través de la web y de sus plataformas o redes sociales, se han creado otros nodos de información que influyen en las decisiones y modifican el humor y la conducta. 

Las redes sociales han acelerado el proceso de la “relativización de todo”; ya no dependemos de la autoridad clásica –empresarial, religiosa, académica, etcétera-; es la imagen, los textos breves o Twitter, las fakenews, el influencer en Youtube, los que movilizan las “nuevas verdades”, creando otros humores y conductas. Los símbolos también han cambiado, son digitales y “líquidos” (Bauman), por lo tanto, volátiles, dinámicos y efímeros.  

La “relativización de todo” implica una subversión axiológica; ahora, el desdén, el insulto, la malcriadez y el uso disruptivo de la autoridad, están por encima de otros valores que eran bien vistos, pero no fueron eficaces; en efecto, la honestidad, la honradez y la ética del pasado no fue genuina y permitió y posibilitó la corrupción. El nuevo humor y conducta social les da oportunidad a nuevos discursos estridentes.    

También el tradicional caudillismo o liderazgo político ha cambiado; hay proyecciones vicariantes o sustitutas de carácter digital; nos referimos a espejismos virtuales, a fenómenos que se despliegan en las redes sociales de forma viral. No se admira o se sigue a alguien por lo que es o por lo que hace, sino por lo que proyecta, por su capacidad de producir “likes” o por ser un influencer de consumo. Los nuevos liderazgos son binarios y algorítmicos. 

Entender esto es clave para leer e interpretar encuestas…; y sobre todo para comprender lo que sucederá en las próximas elecciones. Obviamente a la base de los pronósticos puede haber una importante cuota de populismo ocasionado por el fenómeno de la ayuda o subsidio gubernamental asociada a Covid-19. Pero hay algo más, un humor y una conducta social anti-Arena, anti-FMLN, anti cualquier otro partido que no sea afín a Nayib Bukele. Más bien, existe una atmósfera en el compartimento de las mayorías – ¿80 %? – que ubican a Bukele en un plano o cuadrante anti-sistémico; en efecto, se ha creado una imagen blindada y redentora en torno a la figura del presidente; y desde ese lugar, con una súper estructura digital se influye digitalmente en el humor y conducta de la gente. Por otro lado, la proyección vicariante de ver en el presidente a una figura distinta, antagónica, mesiánica, en el que muchos jóvenes se ven reflejados; Bukele es desdén, histriónico, irreverente; y esto también modifica el humor y la conducta social. Algo más: ¿Alguien compite con él…?  

Consideremos en el análisis un fenómeno particular adicional: El “partido espejo”; así como todas las grandes marcas tienen un producto espejo de menor calidad para responder a los clientes insatisfechos, también Nuevas Ideas tiene a Gana; en efecto, mucha gente votará por Nuevas Ideas y otros por Gana, de modo consciente y también inconsciente; la bandera de Gana tiene la golondrina, y esto generará confusión. 

Los partidos políticos no han resuelto sus “pecados” del pasado – y ya es tarde para que lo hagan -; no es un tema de simple desgaste, se trata del fin de un ciclo, no hay vuelta atrás. El humor y la conducta de la gente ha cambiado… 

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