Por mucho tiempo El Salvador ha crecido y se ha desarrollado de espaldas al mar. Hace unos años desconocíamos la calidad mundial de nuestras olas, la existencia de arrecifes o la presencia de cetáceos en nuestras costas. Cada año nos acercamos más al mar y se van descubriendo nuevos recursos y patrimonios, pero para poder continuar, hay ciertas cosas en las que debemos cambiar y trabajar.  

En gran medida, la distancia entre los salvadoreños y el mar se debe a las carencias de programas ambientales en todos los niveles del sistema educativo. Se ha trabajado muy poco en formar salvadoreños que se sientan identificados con el medio ambiente y que sean agentes de conservación sin importar su profesión. Conocer nuestro entorno y formar especialistas en ciencias naturales debería ser una prioridad del sistema educativo.  

Otra razón que históricamente ha alejado a los salvadoreños de los ecosistemas quizás sea la privatización de los mismos y en concreto de nuestra costa. El acceso público a la mayoría de las playas del país se encuentra restringido y cada vez son menos los espacios que se encuentran libres de construcciones. En este sentido es importante resaltar el enorme riesgo de construir en una costa altamente dinámica y expuesta a un intenso oleaje erosivo. Desde siempre, El Salvador ha carecido de un ordenamiento adecuado del territorio y nuestras leyes permiten construir en cualquier lugar de nuestra costa sin ningún estudio de impacto y riesgos naturales elaborado por expertos.  

Tradicionalmente, hemos tenido una cultura invasiva con el medio ambiente y se ha reducido la capacidad natural de los ecosistemas para adaptarse a cambios como fluctuaciones del nivel del mar y tormentas de oleaje. En algunas playas, como Barra de Santiago o el Espino, el mar ha causado grandes pérdidas económicas llevándose por delante varias propiedades y construcciones. En otros sitios de la costa para solucionar la erosión se invierte en muros fuertes y macizos que únicamente aumentan el problema. Para combatir la erosión costera existen soluciones basadas en el ecosistema (Ecosystem Based Solutions, EBAS) cuyos costos son menores y los resultados son más positivos. Estas soluciones proponen la conservación y creación de ecosistemas costeros resilientes ante la erosión e inundación cómo bosques de manglares o dunas.  

El desarrollo urbano descontrolado y la masificación turística supone un elevado peligro para los ecosistemas y consecuentemente para nuestra población. Hacen falta planes de manejo sostenibles que regulen el crecimiento urbano y cuiden nuestros recursos. Además, hay que destacar que no contamos con planes eficaces de tratamiento de residuos y desechos. El elevado desarrollo urbano se puede traducir en mayor cantidad de residuos que van a ser mal gestionados.  

Actualmente, el proyecto Surf City ha conseguido cambiar la imagen de nuestro país, las olas de El Salvador son conocidas a nivel mundial. Hemos enamorado a los turistas ofreciendo algo diferente: olas perfectas, clima espectacular, paisajes tropicales y una cultura maravillosa. Es importante valorar lo que tenemos y ser fieles a nuestra identidad como destino. Olas de calidad al lado de grandes hoteles y construcciones se pueden encontrar en muchos lugares, sin embargo, nuestro clima y naturaleza son lo que nos convierte en un destino exclusivo.  

Afortunadamente, nunca es tarde para empezar a invertir en una sociedad concienciada con el medio ambiente y crear planes de manejo de recursos naturales integrales. Dejemos de explotar recursos naturales sin conocimiento y tengamos en cuenta la sostenibilidad en el tiempo de los mismos. Apostemos por propuestas turísticas cuyo valor agregado y calidad sea la naturaleza. Creamos en la ciencia y trabajemos por formar salvadoreños que busquen el bienestar medio ambiental.  

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