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El rol de los directores en época de COVID: Compartir, reunir y conectar

En un artículo de Harvard Graduate School of Education, titulado: “Share, Gather, Connect”, Emily Boudreau recomienda que, ante las incertidumbres de la pandemia por COVID-19, los directores de centros escolares o colegios y sus equipos docentes deben “comunicarse regularmente con calma y regularidad”, intentando hacer llegar a la comunidad de padres, madres y estudiantes mensajes e información para saber o aclarar lo que está sucediendo. 

Vivimos en una época en dónde las “Fake News” o noticias falsas y rumores circulan exponencialmente; la gente comparte todo lo que le llega por WhatsApp, Twitter o Facebook sin verificar, y este fenómeno desinforma, genera zozobra y crea micro climas de inestabilidad emocional en las familias; por último, afecta a la percepción de la gente y se crea un clima generalizado de desinformación. 

Si la escuela es o debe ser- un “nodo cultural” en la comunidad, ya que trabaja con conocimientos y ciencia, se espera que este centro sea una caja de resonancia de verdad; en este contexto, la comunicación es esencial. Así, los directores y docentes deberían hacer educación por otros medios, publicando en redes sociales, enviando correos y recomendando sitios web confiables. 

También los directores, dirigentes educativos y docentes tienen el rol de contener, tratar y aclarar aquellos aspectos controversiales o falsos; esto implica hacer monitoreo de lo que circula en redes sociales, clasificar y emitir opiniones calificadas, intentando exponer por qué razón algo es verdad o mentira. Hemos sido testigos de una considerable cantidad de videos, fotos y artículos contradictorios y polémicos sobre temas relacionados a COVID-19. Hay muchas especulaciones y teorías conspirativas sobre los orígenes del virus, también sobre su ciclo epidémico, curvas o el contagio y, sobre todo, mucha confusión respecto al tratamiento profiláctico y los decesos. Lo que a la fecha prevalece es la “duda”, sabemos tanto que no sabemos nada…  

Otra tarea de directores y docentes -para resolver lo anterior- es “conectar”, es decir, crear espacios de discusión, diálogo y debate, chats, webinars o conferencias virtuales en Zoom, Hangouts o Teams, para presentar información confiable y verificada. Esto, obviamente, implica investigar y crear discursos basados en fuentes confiables. 

Todo lo anterior, como ejercicio educativo, también implica ir construyendo un diagnóstico de la comunidad educativa, saber con qué recursos cuenta la gente, recopilar información de cómo y con qué se conecta o informa para posteriormente diseñar estrategias pedagógicas y didácticas más efectivas y orientadas a grupos más segmentados. En efecto, podremos definir: a) quién es el enlace familiar, padre, madre o hermano mayor; b) se informan por tv, radio, prensa o redes sociales; c) tienen o no los recursos de conectividad a internet; etcétera. 

La nueva educación, de la nueva normalidad post COVID-19, implicará una mediación multimedia, transmedia y multimodal; cada docente tendrá que identificar en su grupo de clase cómo se va a comunicar con sus estudiantes; algo así como las inteligencias múltiples traducidas a formas de comunicación. 

En este contexto y en el nuevo mapa del aula encontraremos tres posibles escenarios pautados por: 1) Alfabetización digital; 2) Recursos tecnológicos; y 3) Conectividad. Esto aportará una taxonomía de posibilidades diversas según la circunstancia de cada familia y de cada alumno. 

Los centros educativos, públicos y privados, deben ir un poco más allá de sus funciones tradicionales, no se deben limitar o reducir a cumplir los contenidos curriculares y el calendario escolar; son un centro de conocimiento y cultura comunitario, vitalicemos y dignifiquemos la escuela y en ella a sus directores y docentes.

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