Nota del editor: el trabajo del autor consta de un resumen más seis apartados; dada la amplitud del material, se compartirá a través de cuatro entregas. 

Contenido de la primera entrega: I) El problema: personificar el pueblo; II) Trilogía del yo (Self); y III) El ch’ortí’

I. El problema: personificar el pueblo

Una alianza sospechosa entre la dictadura y la literatura la expresa la concentración del poder en una sola persona.  Lo múltiple —el pueblo, la gente— se reduce a lo único, según el dictado (Dichtung) de la ley presidencial, o de la representación de una obra magna.  El representante único suplanta al representado múltiple.  De igual manera, una sola palabra (mango) nombra una multitud de cosas: las presentes y vigentes —el «mango» que me como hoy— las pasadas caducas —el «mango» que me comí el año pasado— y las futuras inexistentes, el «mango» que compraré en 2024.  Por el dictamen de una poética, en El Salvador siempre se discute la permanencia del legado artístico personal —autor canonizado— pero se ignoran las lenguas ancestrales, así como los aportes creativos del idioma coloquial.  «De todas» las «bombas, refranes y dichos, hay variantes y modalidades en cada lugar», que en 2021 se ignoran en su renovación constante (María de Baratta, «Cuzcatlán típico», 1951: 345, de quien R. Dalton recita las bombas).  Sin cese, circula un mapa del territorio nacional que delimita las áreas xinca, poqomam, ch’ortí’, alagüilac, náhuat, lenca y kakawira (cacaopera), algunas hipotéticas sin constancia directa.  Pero nunca se especifican sus rasgos particulares, ni su filosofía (véase figura I).   

Así, se define el carácter arbitrario de una identidad nacional.  Se trata de una convención ideológica que las ciencias humanas y las sociales adoptan como axioma fundacional de sus disciplinas: un personaje es el mundo.  No importa que definan esferas críticas de la política y del pensamiento.  En verdad, temen entablar un diálogo con la diferencia. No hay debates abiertos que incorporen la oposición, ni recopilaciones que admitan la presencia editorial de la enemistad censurada.  Ante este vacío —democracia literaria sin oposición— hay que interrogar la manera en que se inventa una nueva identidad al reciclar una doble premisa fundadora de lo salvadoreño, a saber: indigenismo sin tierras ancestrales, por el decreto de la Ley de Extinción de Ejidos (1882) y, en coincidencia que lo refrenda, el auge de un canon literario monolingüe que expulsa toda reflexión sobre las lenguas ancestrales de su territorio.  Si dicen que 1932 indica el año clave del lengüicidio —sin archivos anteriores publicados— 2022 lo refrenda al «liberar» —dicen de nuevo— la filosofía latinoamericana de todo diálogo con las lenguas ancestrales.  Este ensayo se halla a la espera que lo desmientan con la primera publicación multilingüe en doscientos años de historia independiente.   

Al repetir el acto monolingüe fundacional, no solo se descarta toda reflexión sobre los idiomas indígenas, ya sin un territorio propio que reclamar.  A la vez, se inculca la formación de un Yo (Self) colectivo que ignora esa esfera como constitutiva de la identidad nacional, hoy uniforme en su anhelo.  Para ese Yo (Self), pensar significaría discrepar y, por tanto, aceptar su confinamiento y exclusión.  El ideal pedagógico amolda el Yo (Self) colectivo a una pasividad que, en monólogo, solo acepta el castellano o, a lo sumo, otra lengua europea, las cuales monopolizan la filosofía.  Al hablar de las múltiples revueltas indígenas, el sujeto histórico se vuelve objeto de la sociopolítica y de la economía, sin derecho al habla.  Por eso, la memoria no exige rescatar la «visión de los vencidos», en sus propios manifiestos ni siquiera de los eventos más connotados: 1883 y 1932.  Los levantamientos indígenas carecen de lenguas indígenas, de igual manera que la teoría de la descolonización replica esa ausencia en 2022.       

A fin de cuestionar esa convención académica y literaria, se propone un razonamiento disidente con el castellano-centrismo.  El ensayo interroga la manera en que ese simple pronombre se multiplica de su presunta unidad hacia un trío y un cuarteto que lo bifurcan hacia varias vertientes desconocidas.  Del «soy yo» en castellano se transcurre hacia el inglés, que lo desdobla, y al francés, para compararlo con el náhuat, hasta formar un trío de Egos (Selves).  En seguida, se explica cómo el idioma ch’ortí’ establece un cuarteto, gracias a dos enlaces intermedios entre lo activo (+) y lo pasivo (-).  Por último, esa diversidad del Yo (Self) la reitera el lenca o potón, la lengua ancestral del oriente salvadoreño, denegada por las ciencias sociales y por las humanidades.  El lenca extiende el ámbito del Yo (Self) pasivo (-) hacia la negación, es decir, hacia el rechazo por investigar el habla popular y las lenguas ancestrales.  Aun si los datos son exiguos, el cacaopera parece confirmar esa escala de dinamismo descendente hacia la inactividad absoluta, esto es, hacia el desdén por crear el primer archivo bibliotecario de los idiomas ancestrales. 

En el olvido del currículo universitario, pensar las lenguas indígenas se juzga una infamia contra la identidad nacional homogénea, concentrada en la obra magna de una sola persona.  A quiénes duden de la censura editorial contra las lenguas ancestrales —revestidas en castellano— se les encomienda recopilar los múltiples volúmenes ausentes sobre la lingüística, la mito-poética y la filosofía en las siete lenguas ancestrales, antes mencionadas.  Solo por su estudio —junto al del habla coloquial y regional— el Yo (Self) activo (+) podrá otorgarle el pleno derecho de habla al pueblo, sin personalizarlo en un autor singular insigne.   

II. Trilogía del Yo (Self) 

El propósito consiste en indagar la personalidad del Yo (Self) que se anhela inculcar por esa exclusión de las lenguas indígenas del currículo universitario.  Basta contrastar tres idiomas europeos —castellano, inglés y francés— para entender cómo ese Yo (Self) oscila de lo activo a lo pasivo, de la acción a la recepción.  «Soy yo», «C’est moi (eso es yo-bis)», «It’s me (ello es me)».  Mientras el inglés traslada el Yo-activo (yo (le) corto el pelo) hacia la recepción (me corta el pelo), el francés asume un carácter neutro.  Dado que no existe la diferencia entre «Moi» et «Je» en castellano, es necesario recurrir al náhuat «Naja» y «Ni-» para explicarla.  «Moi» y «Naja» no marcan el sujeto ni el objeto —el actor ni el receptor— sino denotan una ambigüedad global.  La oración náhuat siguiente (1) —tomada de Lyle Campbell, inédito en el país— ejemplifica esta distinción entre «Moi/Naja» y «Je/Ni-«.   

(1) Naja nech-chiw-ki kontár nu-tatanoy kaj esas cosas, pues ke:man yaja hoben ki-kak-tuk kah ki-chiw-tuk susedér tik te:chan  = (es)-Yo/a mí me contó mi-abuelo que esas (son)-cosas, pues cuando él (es)-joven lo ha escuchado que ha sucedido en (el) pueblo. 

Se nota la concordancia entre ‘Naja/Moi» y «Nech-/M’-me», es decir, «moi mon grand père m’a dit…» que solo el francés calcaría a la letra.  El Yo se desplaza del día a la noche, de la actividad al sueño inconsciente, con un enlace de atardecer intermedio: Yo (+) – Moi/Naja (+/-) – Me/Nech- (-).  Acaso al excluir las lenguas indígenas, la reflexión académica anhela conformar —no un Yo (+) activo en el pensar— sino un Me (-) receptivo.  El estudiantado perfecto acepta el dictado universitario en su validez castellana determinante.  Quizás.   

III.  El ch’ortí’  

Como esta trinidad no basta, el idioma ch’ortí’ nos enseña el recuadro que enmarca al Yo (Self) más complejo.  En primer lugar, el pronombre independiente Ne’n replica la transición sin marca del Moi/Naja (2a).  En seguida, hacia el lado activo —llamado Grupo A, Ergativo (+)— el sujeto del verbo transitivo (Yo) equivale al poseedor, al adjetivo posesivo (Mi).  Parecería que la pertenencia expresa un ejercicio tan dinámico como la acción que ejerce el tránsito de una actividad hacia el complemento directo o el objeto que la recibe (2b).  Así, Mi-posesivo es Yo-agente/activo al ejercer una acción sobre algo o alguien: mi-papel-ése/ello = mi(yo)-corto-ello (el papel).  Entre el vendedor y lo vendido —el cortador y lo cortado— el hacedor y los hechos se establece una jerarquía similar a la que existe entre el poseedor y lo poseído.  Acaso esta unidad califica el extremo positivo del cuarteto, según una primera serie: In- (Mi-Yo/transitivo, +) – Ne’n (+/-).   

(2) (a) (ne’n) in-mani-ø  yo Erg/1s-comprar-Abs/3s yo lo/a compro = literalmente, ((es/soy)-yo) mi-compro-él/ella in-k’jati-ø inte’ numer yo cuento un relato = mi-contar-ello un relato 

(b) in-noy-ø, mi-abuelo-(es)-él. No en vano, el Yo-mismo —My-Self— que define su identidad propia calca ese mismo pronombre personal y adjetivo posesivo en refrenda de su actividad pensante: In/m-b’a.   

La segunda serie de pronombres dependientes se llama Grupo B o absolutivo, la cual se desdobla según el aspecto.  La primera señala el sujeto de una oración predicativa —con un sustantivo (3a) o con un adjetivo (3b)— al igual que el sujeto de una oración intransitiva a aspecto completivo (3c), a explicar en seguida, y el complemento de un nombre relacional o preposición castellana (3d).   

(3) (a) winik-e’n  hombre-yo soy hombre 

(b) k’ek’o-e’n  fuerte-yo soy fuerte 

(c) p’urchi-e’n  sudo (completo)-yo sudé, estoy sudoroso 

(d) takar-e’n con- Abs/1s conmigo = con/compañía-(soy)-yo 

Como lengua ergativa, este mismo sufijo -e’n indica el objeto del verbo transitivo, es decir, el complemento directo en (4).  De esta manera, esa correlación —sujeto-objeto en un solo pronombre, Yo=Me— constituye una verdadera inactividad, tal cual «soy salvadoreño porque acepto el castellano como lengua oficial y literaria única».  El trío ch’ortí’ replica el aludido «Yo-Moi/Naja-Me» de la manera siguiente: In- (+) – Ne’n (+/-) – -E’n (-).  Por su exclusión de la Academia de Historia, sin la historia de las lenguas ancestrales y sus rasgos —de la Academia de Lengua, sin lenguas indígenas— se reitera que el Yo (Self) utópico se sitúa en la pasividad negativa (-), en claro contraste con la actividad creativa del In/m-b’a ch’ortí’, «my-self».   

(4) u-k’ay-e’n Erg/3s-regañar-Abs/1s me regaña = su-regañar-yo. 

Esta serie de sufijos del Grupo B o absolutivo la completan prefijos personales, que implican un aspecto incompletivo con los verbos intransitivos como en (5a), es decir, una actividad en desarrollo continuo:  p’urchi-e’n, estoy sudado vs in-p’urchi, sudo, estoy sudando.  Igualmente, marca el sujeto de un verbo transitivo en una de las varias voces que lo vuelve intransitivo.   

(5) (a) in-patna ajk’in tuno’r  yo-trabajar días todos  trabajo todos los días. 

(b) in-ja-j-tz’a  Yo-golpear-pasivo-voz media  yo-(soy)-golpeado. 

En efecto, las treinta lenguas de la familia maya privilegian el aspecto más que el tiempo en el verbo.  En castellano, esta categoría la expresa la diferencia entre el imperfecto, incompletivo (lo comía), y el pretérito, completivo (lo comí), así como «ser/estar + participio»: es bombardeado vs. está bombardeado.  Intraducible literalmente, el inglés distingue entre I’m doing (incompletivo) y I’m done (completivo), ambos en el presente.  El sujeto que realiza la acción (-E’n) —estoy bebiendo— no se identifica con quien la termina (In-): estoy bebido/borracho.  Otra manera de explicar esta categoría de aspecto consiste en visualizar el transcurso de una acción: comienzo a beber, estoy bebiendo, he bebido/estoy borracho, donde el verbo auxiliar antes de beber expresaría un aspecto de inicio, acción incompleta o imperfecta, en proceso, y acción completa o perfecta.  Se recuerda que el incompletivo también se llama imperfectivo, mientras el completivo corresponde al perfectivo.

Para la temática de este ensayo, el significado del Yo (Self) cambia del pensar activo y crítico sobre una identidad nacional plurilingüe —filosofías indígenas incluidas— hacia su realización completa y monolingüe, filosofías indígenas excluidas.  Así, el ch’ortí’ cuestionaría el canon literario salvadoreño que rechaza la mito-poética de las lenguas ancestrales, durante los dos siglos de vida independiente (1821-2022).  El cuarteto ch’ortí’ lo desglosaría la serie lineal siguiente.  De lo activo (+) a lo pasivo (-), hay dos enclaves transitorios: In- (Mi-posesivo/Yo-sujeto transitivo, +) – In- (Yo-incompletivo, +/-) – Ne’n (Yo pronombre independiente, +/-) – -E’n (Yo completivo/predicativo/objeto transitivo, -).  El dilema por indagar consiste en averiguar cómo esta multiplicidad del Yo (Self) se expresa en la lengua ancestral del oriente de El Salvador, es decir, en el idioma que la academia niega en nombre del uniforme castellano-céntrico. 

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