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Óscar Picardo

Óscar Picardo

Encuestas…

“La verdadera encuesta será el día de las elecciones (…) nuestras encuestas dicen otra cosa (…) lo que vemos en territorio no coincide con la encuesta (…) las encuestas se equivocan”.

Tengo una creencia sin base científica, es decir solo una corazonada, que cuando muchas encuestas reflejan una foto similar, algo de eso no va a suceder. Pero no me lo tomen en serio, es sólo intuición. No obstante, entre los resultados de las encuestas y la realidad de los resultados pasan cosas…

Estamos entrenado al núcleo de la campaña electoral, y los errores de campaña se pagan con votos. Cada error y cada acierto cuenta; y recordemos que una registro de datos tomado a inicios de enero, para finales del mismo mes pueden haber cambios.

Tenemos que reiterar insistentemente que las encuestas no predicen el futuro, sino que reflejan una atmosfera o mentalidad de un momento concreto. Obviamente, en las ciencias estadísticas y en la demoscopia hay “tendencias” que se deben de leer e interpretar de modo coherente.

La opinión -doxa- no es un tipo de conocimiento o lenguaje científico fijo, se trata de un conjunto de valores, circunstancias, percepciones y prejuicios volátiles, muy vulnerable y sujeto de modificaciones, por experiencias y juicios de valor.

Según Platón la opinión o doxa es el resultado de la “creencia” y la “ilusión”, influenciados por el entorno; son las sombras de la realidad, a veces desfiguradas por los efecto de la luz, otras veces más cercanas a la realidad, pero no es la realidad, sino un juicio o una idea más emocional que racional.

Hay opinión pública y opinión personal, es decir algunas creencias compartidas y otras de cada individuo; pero tanto una como otra puede cambiar o ser afectada. Pero todas las opiniones son válidas (aunque hay algunas descabelladas) y deben ser respetadas incluso cuando no se está de acuerdo con ellas. Esto no quiere decir que no se puede discutir al respecto, en cambio se puede contra argumentar con otra opinión.

Una opinión se basa en las premisas, sin éstas se convierte en una creencia sin razonamiento y por ende indiscutible. Un alto grado de certeza puede contrastar con la experiencia de la duda; la verdad o valides se dirime con la evidencia, lo cual supone un conocimiento comunicable y reconocible por cualquier otro entendimiento racional. Un bajo grado de certeza es una situación en la que el conocimiento estaría más o menos cerca de la ignorancia. En una situación así, no es posible afirmar algo con seguridad.

Entre estos dos extremos -duda y certeza- situamos un conocimiento que no es perfecto y no ofrece la suficiente confianza en su validez por lo que pueden darse dos situaciones: La duda (insuficiencia del conocimiento y confianza en la validez);  la opinión (afirmación débil). El conocimiento científico y la evidencia resuelve este dilema.

En política prevalece la ideologización, las emociones, la narrativa, la opinión pública, fenómenos que mueven las maquinarias electorales y las nuevas masas digitales. En últimos días de campaña estamos observando y analizando nuevos hechos que pueden afectar los sistemas de creencias.

Recordemos la teoría psicológica de Albert Ellis (ABC: Activating event; Belief; Consequences), un evento sometido a un conjunto de creencias genera una consecuencia conductual; un video, un spot, una noticia, un meme, para bien o para mal, puede implicar un cambio de percepción y modificar el patrón del voto que tenía planificado; luego, lo que contesté en una encuesta ha cambiado, ya no opino lo mismo.

Existe una casuística muy amplia en las mal llamadas “encuestas equivocadas”; las encuestas no se equivocan si están bien diseñadas bajo estándares científicos y con un muestreo representativo sólido. Lo que cambia es la opinión de la gente. Pero insistimos, las encuestas no pronostican el resultado electoral, presentan una proyección de lo que piensa la gente en el momento del levantamiento de datos.

En no pocos casos, los encuestados también ocultan su opinión; tanto en el caso del plebiscito de la paz de Colombia en 2016 o el caso del Brexit en 2019, como en el reciente caso de Guatemala con el Movimiento Semilla, no fue que se equivocaron las encuestas, sino que le gente manifestó lo “políticamente correcto” o lo esperado, ante un encuestador extraño. Aquí prevalece el miedo o la vergüenza.

Finalmente, existen personas que utilizan los datos de las encuestas para mentir o manipular (por ejemplo, el candidato del partido GANA de Santa Ana Oeste inventó unas gráficas y utilizó los logos del CEC-UFG en TikTok), como parte de una estrategia de campaña; y otros que “cocinan” con los datos, realizando proyecciones, correcciones, ajustes estadísticos, uso de error muestral, mezclar datos pasados con recientes, etcétera para llegar a pronósticos más certeros.

Como sea, hay que leer las encuestas con cierta distancia crítica, no hacer cuentas alegres y sobre todo estar atentos a la evolución de los hechos políticos cotidianos; a veces las cartas están echadas, otras veces no…

Disclaimer: Somos responsables de lo que escribimos, no de lo que el lector puede interpretar. A través de este material no apoyamos pandillas, criminales, políticos, grupos terroristas, yihadistas, partidos políticos, sectas ni equipos de fútbol… Las ideas vertidas en este material son de carácter académico o periodístico y no forman parte de un movimiento opositor.

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