digital visualization of a chessboard
Oscar Picardo

Oscar Picardo

Guerras…

Platón, Aristóteles, Cicerón, Tucídides, entre otros pensadores, abordaron el problema de la guerra desde diversas perspectivas críticas y con doble rasero: como debilitación del mundo helénico, como dilema moral, supremacía del imperio, entre otros argumentos.  

Fue Agustín de Hipona (354-430 d.C.) en “Civitas Dei”, quien abordó el concepto de guerra como el camino para alcanzar la paz; es uno de los primeros autores occidentales en tratar el tema de “guerras justas”; será la escolástica medieval, especialmente con Tomás de Aquino (1126-1274), el sistema filosófico-cristiano que desarrolle de manera orgánica el problema de la guerra justa.  

No importa la justificación jurídica de “Ius in bello y el Ius ad bellum”, ninguna guerra es buena para los seres humanos; y siempre que se declara o asume la posibilidad de la hostilidad institucional para resolver un problema, el que sea, hay consecuencias y suelen ser vidas de seres humanos. 

El Ius ad bellum se refiere a la facultad de recurrir a la guerra o a la fuerza en general; el Ius in bello rige la conducta de los beligerantes durante la guerra y, en un sentido más amplio, incluye también los derechos y las obligaciones de los neutrales.  

Cuando hablamos de guerra nos referimos a un conflicto, generalmente armado, en el que intervienen dos o más partes. Se aplica a una lucha o enfrentamiento armado entre países o grupos de personas. A nivel global somos testigos de la guerra entre Rusia y Ucrania; mientras que a nivel local el gobierno ha declarado la guerra a las pandillas. 

Pero los asuntos de la razón y de la ética nos anteponen el diálogo como recurso principal antes de llegar al conflicto; y obviamente, detrás de cada guerra hay una escalada del conflicto que se puede y se debe frenar. 

Martin Luther King Jr. (1929-1968) usó la frase: “El odio engendra odio; la violencia engendra violencia; la tenacidad engendra una tenacidad mayor”; un principio fundamental que no hemos entendido muy bien a pesar del dolor que han ocasionado tantos conflictos. 

Cuando declaramos la guerra significa que agotamos todos los recursos, que el diálogo ha fracasado; y el único camino que queda es la represión, la confrontación y la eliminación. Los conceptos venganza, castigo, agresión, aparecen en escena. 

Las guerras son parte de una atmósfera colectiva, que suelen ser utilizadas políticamente para configurar el nacionalismo, el fascismo u otros intereses perversos; de hecho, afirmaba el prusiano Carl von Clausewitz: “La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas por otros medios”. Pero ojo, esta frase que aparece en la obra “De la guerra” se refiere a que el militar debe subordinarse a los designios del gobierno , y no al revés… 

El Arte de la Guerra, de Sun Tzu, inspiró a Napoleón, Maquiavelo, Mao Tse Tung y muchas más figuras históricas; pero esta obra no es únicamente un manual de práctica militar, sino un tratado que enseña la estrategia suprema de aplicar con sabiduría el conocimiento de la naturaleza humana en los momentos de confrontación. No es, por tanto, un libro sobre la guerra; es una obra para comprender las raíces del conflicto y buscar una solución. “la mejor victoria es vencer sin combatir”, nos dice Sun Tzu, “y ésa es la distinción entre el hombre prudente y el ignorante”… (La victoria completa se produce cuando el ejército no lucha (…) Los expertos son capaces de vencer al enemigo creando una percepción favorable en ellos, así obtener la victoria sin necesidad de ejercer su fuerza).  

Pero del otro lado de la moneda, sobre la base de las ideas de Maquiavelo, hay quienes sustentan al Estado en base a “leyes, las armas y la religión”; así, la obediencia ciudadana se garantiza mediante esquemas coercitivos,  la amenaza y la violencia, pues “no es razonable que quien está armado obedezca de buen grado a quien está desarmado”. 

Los teóricos morales Francisco de Vitoria, Hugo Grocio, Michael Walzer y John Rawls, profundizaron en el derecho natural de la guerra desde la perspectiva de la justicia, bajo argumentos de dominación, legítima defensa, emergencia suprema, agresión o recurso extremo.  

Contrario a lo que definía Hegel, la guerra no es bella, buena, santa ni fecunda; tampoco sirve para crear la moralidad de los pueblos; es una situación infame de horror. Recurrir a la guerra es sinónimo del fracaso de la razón. 

Al final, la guerra, cualquiera que sea, justa o injusta, sólo sirve para imponer, destruir, asesinar y finalmente pedir perdón… 

Disclaimer: Somos responsables de lo que escribimos, no de lo que el lector puede interpretar. A través de este material no apoyamos pandillas, criminales, políticos, grupos terroristas, yihadistas, partidos políticos, sectas ni equipos de fútbol… Las ideas vertidas en este material son de carácter académico o periodístico y no forman parte de un movimiento opositor. 

Comparte disruptiva

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on pinterest
Share on print
Share on email