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Homeschooling en tiempos de crisis

El homeschooling – o educación en casa – es una opción educativa por la que optan cada vez más personas en todo el mundo. Los padres deciden educar a los hijos fuera de las instituciones educativas públicas y/o privadas. La principal razón es la de estar en desacuerdo con el modelo tradicional de enseñanza que ofrece el sistema educativo oficial, apostando por una forma de aprendizaje innovadora. 

Las eternas preguntas que se nos vienen a la cabeza cuando hablamos de este tipo de educación son: ¿y los niños alcanzan un nivel educativo adecuado?, ¿y no necesitan de otros niños de su edad para favorecer la socialización? La respuesta es que depende mucho de los padres y de la manera de focalizar los contenidos. Existe el caso de padres que siguen un calendario similar al que ofrecen en las escuelas, por lo que el ritmo que siguen los niños es igual que los que están escolarizados, aunque la diferencia radica en la pedagogía de enseñanza. Otros lo hacen con absoluta libertad de manera que van reconociendo qué currícula quieren abarcar (incluso diseñan su propio plan de estudios), cómo organizar su tiempo y cumplir los avances durante el trayecto, y no con un plan previamente establecido. Las maneras son muchas y los recursos, ilimitados. 

Como promotora de una educación renovadora, estoy a favor de esta modalidad, así como de las metodologías y flexibilidades de las escuelas que trabajan comprometidamente con base en la educación alternativa. Para quienes no conocen estas formas de enseñanza, la educación alternativa defiende la humanidad del niño ante cualquier área de su desarrollo. La intelectualidad, el rendimiento académico, entre otros factores relacionados con su propia manera de desenvolverse en el proceso de aprendizaje, son aspectos que complementan su formación integral, pero no por ello sus mecanismos se centran en los resultados cuantificables. 

En El Salvador, hay numerosas familias realizando homeschooling o educación en casa, obedeciendo la convicción de brindar a sus hijos una educación basada en el amor, los valores humanos, la independencia, el desarrollo de su identidad, sus aptitudes y preferencias, así como erradicar de alguna manera su exposición al bulliyng. Desarrollan sus contenidos a través de plataformas virtuales o libros en papel, que escogen juntos para cada nivel, y tienen la enorme ventaja de poder optar, al mismo tiempo, por una formación profesional relacionada con el arte o el deporte, entre otras áreas importantes, donde es difícil desarrollarse plenamente por falta de tiempo, si se estudia en una escuela tradicional. Definitivamente, si la familia es consciente de que educarse en casa implica una gran  responsabilidad y mantener la constancia, vivir su etapa escolar en casa, puede ser tan idóneo y revolucionario, como fascinante.  

Actualmente se ha convertido en el modelo único a seguir, en respuesta a la pandemia por Covid-19 y, al respecto, tengo algunas inquietudes. 

Un homeschool nacional ante el COVID-19 

Las medidas implementadas por el gobierno de El Salvador, ante la amenaza inminente por la pandemia del Coronavirus, incluyen la permanencia de los estudiantes de todos los centros educativos públicos y privados, en sus hogares, de manera que la dinámica presencial está pausada. Esto ha llevado a muchos colegios y proyectos educativos, a recurrir a internet como herramienta principal para el desarrollo del trabajo académico. Las herramientas son diversas; las plataformas, aún más.  

Definitivamente, no es saludable que los niños y jóvenes se ausenten completamente de su rutina de aprendizaje. Si bien no podemos pretender que los trabajos en casa serán desarrollados con el mismo acompañamiento y ritmo de la escuela normal, es necesario que sí desarrollen actividades de formación y aprendizaje. En la educación alternativa, con modalidad homeschooling, incluso pueden avanzar más que en la escuela está comprobado. A nivel nacional, dadas las circunstancias, todos estamos en la misma dinámica: los niños acceden desde su hogar a tutoriales virtuales hechos por sus maestros. Otros, se conectan a través de plataformas y tienen encuentros colectivos de forma virtual. Hay quienes han colocado archivos con material académico, para trabajar online. Las escuelas públicas han entregado a las familias las orientaciones pedagógicas para que sus hijos estudien en casa. Todos, de alguna manera, han resuelto que, durante la emergencia, interrumpir en su totalidad la relación del niño con el estudio, es contraproducente. 

Podría pensarse que es un sueño poder contemplar cómo, de pronto, todos estamos sumergidos en una educación no tradicional. 

Homeschool bajo estrés 

No todo es color de rosa bajo este modelo de trabajo. La afectación emocional y económica ante los efectos de una pandemia de esta magnitud, no vuelve amables las condiciones para que la mayoría de padres acompañen a sus hijos con alegría, entusiasmo y convicción. Las familias están agobiadas. Si bien muchos estudiantes son independientes y manejan con destreza las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), hay aspectos que debemos visibilizar en este sentido: 

Los padres y madres sienten zozobra e incertidumbre ante lo que ocurre. Las familias salvadoreñas están sumamente preocupadas por sus emprendimientos y la forma abrupta en que pueden verse desprovistos de los recursos necesarios para proveer a sus hogares de los insumos necesarios para su manutención y sobrevivencia. Pocos han pensado realmente en el impacto psicológico y emocional de los padres y madres. El estado emocional y las pérdidas que muchos ya están experimentando como consecuencia de la situación actual, impide que estén concentrados únicamente en lo que sus hijos deben atender ante su centro de estudios. Las mismas escuelas están bajo estrés. 

Los educadores están con las manos atadas: algunas escuelas y colegios han acudido a mecanismos estrictos para el abordaje y entrega de trabajos por parte de los estudiantes. Los niños están atestados de guías de trabajo, lecturas extensas y de otras actividades que únicamente se abordarán de forma mecanizada, no hay duda. El “copypaste” será uno de los métodos por excelencia en los trabajos por internet y la comprensión lectora no será la misma: no disfrutarán de la literatura, ni de los textos digitalizados, si están abrumados de trabajo, con un tiempo de entrega innegociable. No será distinto en las escuelas, si estas han delegado el trabajo académico con base en la misma práctica, pero en papel: Los niños tendrán que transcribir, y mucho más que en su rutina normal. Muchas actividades requieren de materiales específicos y los establecimientos están cerrados. 

No dudo que los maestros también sufren estrés y deben seguir en pie para atender a distancia las demandas educativas de los alumnos, mientras temen enfermar o ser despedidos. Puede parecer un enfoque fatalista; pero es necesario, ahora más que nunca, ser empáticos unos con otros y darnos cuenta que todos somos, de alguna manera, potenciales víctimas del COVID-19.  

Permanecer en el aprendizaje amable: 

No se trata de exigir renovadas fuerzas a los educadores y los padres de familia, en una situación donde claramente no hay una fuente de inspiración a manos llenas, pero, definitivamente, todos los sectores de la sociedad debemos comprender que solo el apoyo mutuo amortiguará el impacto de la pandemia.  El trabajo y compromiso de las instituciones del Estado es fundamental para ello. Durante la pausa escolar, es recomendable que los educadores se decanten por mecanismos de enseñanza virtual y actividades para el hogar, pero basándose en metodologías no solo teóricas, sino experimentales. Hoy más que nunca prevalece la creatividad. Desarrollar sus propios tutoriales en casa, relacionar la teoría con material visual, realizar conexiones en tiempo real y conversar con los jóvenes, dotarlos de ánimo. Incluso esa calidez del contacto humano con nuestros alumnos, puede ser un incentivo poderoso para la comunidad educativa. Promover que los estudiantes realicen educación experiencial en su casa, con los recursos más inmediatos, vuelve más amable su aprendizaje en circunstancias poco normales. Que implementar metas, no implique ser inflexibles. Es difícil lograr un equilibrio, aunque debemos analizar en el tiempo, qué mecanismos de enseñanza no son nada amigables en medio de la tensión, y hacer una reingeniería en nuestros procesos a distancia. El homeschool es una hermosa manera de aprender y podría verse contaminada por la interpretación errónea de la gente, ante la coyuntura actual. 

Educación emocional en tiempos de crisis. 

La educación emocional se refiere a la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar bien las emociones, en nosotros mismos y en nuestras relaciones, incluso en situaciones adversas. 

Seguramente, en más de una ocasión todos nos hemos preguntado qué nos lleva a las personas, independientemente de nuestra cultura o historia personal, a reaccionar de una u otra forma frente a los problemas o desafíos de manera eficiente; pues bien, fue Daniel Goleman quien consideró por primera vez incorporar este concepto dotándole de  más importancia que al Cociente Intelectual. Con este término intentó dar respuesta a preguntas como por qué una persona parece tener más habilidades para relacionarse con otras, sin por ello destacar por su inteligencia, o por qué hay personas más capaces que otras de afrontar contratiempos y superar obstáculos. 

En educación este tema es crucial. No tenemos en las escuelas y colegios, un mecanismo de atención a la educación y la inteligencia emocional. Leer un libro sobre el tema, no es estar preparados para trabajar a consciencia con los estudiantes. Tampoco se toma en cuenta el estado emocional de sus padres en tiempos de crisis. Cargamos al adulto de aún más responsabilidades e imponemos juicios, cuando es este de quien depende la niñez y la juventud, durante muchos años de su vida. Hago un llamado urgente, importante y necesario al sistema educativo nacional, al Estado: tomen en cuenta la educación emocional en sus empleados, contratistas, jefes y funcionarios. El Salvador sería un país más consciente y pacífico, si reconociéramos sin prejuicios quiénes somos y de qué somos capaces; si hubiera apoyo profesional para ayudar a dirigir nuestras emociones. Nuestra herencia para la infancia sería distinta. Estamos a tiempo, aún ahora, en tiempos de crisis. 

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