infalible

Infalible…

Este artículo no trata sobre la Constitución “Pastor Æternus” ni sobre la definición de la Infalibilidad Pontificia o papal; sino sobre otro problema más profundo y político relacionado con las dictaduras y sus tiranos; algo de cultura general…  

La reconocida psicóloga mexicana Ana Mayor Pérez ha escrito sobre las “Las características de los dictadores”, en términos generales señala: Narcisismo, hambre y sed de poder, vanidoso, paranoia, megalomanía, son los principales rasgos en los perfiles de Muamar el Gadafi de Libia, Alexander Lukashenko de Bielorrusia o Kim Jong-Un de Corea del Norte; su base teórica son los aportes del Doctor Seth Davin Norrholm de la Universidad de Emory. 

Se trata de personas que rebosan de confianza e independencia en sí mismos y desprenden mucha energía comunicacional. Pero también suelen estar muy absortos, son mentirosos, sin compasión, sádicos, poseen un apetito insaciable de poder, poseen un resentimiento o sed de venganza por experiencias del pasado. Estos solo son algunos de los principales rasgos de los psicópatas, según Norrholm. 

Pero detrás de estas conductas observables pueden existir problemas más complejos, de índole fisiológico y/o psiquiátrico. En el lóbulo frontal inferior del cerebro encontramos el circuito que probablemente se haya dañado en los dictadores psicópatas, donde se inhiben los impulsos agresivos creados en las amígdalas. Las personas con baja actividad en esta zona están especialmente predispuestos a comportamientos impulsivos o psicopáticos. 

Cuando nos enfrentamos a dilemas morales o decisiones, esta parte del cerebro se activa. De cualquier forma, cuando el centro del lóbulo frontal está malformado o dañado, fracasa en activarse y la amígdala del lóbulo temporal se apodera de los controles de comportamiento. 

La amígdala es el centro principal de los circuitos donde se regulan el miedo, la rabia, el deseo sexual y la memoria emocional entre otras cosas. Esta parte del cerebro está directamente conectada al hipotálamo, cuyo funcionamiento se desregula en personas con problemas emocionales. Esto puede pasar durante el desarrollo fetal, afectado por problemas genéticos o por el entorno o experiencias negativas en la niñez que se van agudizando, como haber sufrido graves abusos en su infancia o haber sufrido la pérdida de familiares muy cercanos, como los padres. 

Por lo tanto, actividades que suelen satisfacer a la mayor parte de personas no tiene ningún impacto en una persona con amígdalas anormales, escribe el Dr. James Fallon en Psychology Today. Para algunas personas, esto implica que la tendencia a las adicciones de alcohol y drogas sea mayor, mientras que los tiranos buscan colocarse en el poder. 

Según el reconocido psicoanalista Carl Jung (1875-1961), los dictadores siguen dos patrones: el de jefe tribal (Mussolini) y el de brujo o chamán (la tipología de Hitler). En opinión de Jung, los políticos autoritarios se gatillan en condiciones de crisis, caos o desencanto. 

Pese a que no existe en las nuevas clasificaciones de trastornos mentales del DMS-V (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) la denominación del “dictador”, como problema psiquiátrico, de personalidad o de neurodesarrollo, se pueden unir puntos para llegar a este perfil que es más político que clínico. 

Habrá notado que los gobernantes autoritarios suelen utilizar uniformes o vestimentas parcas repetitivas o seriales; Kim Jong-Un, Chávez, Maduro, Pinochet, Ortega, entre otros, son casos ejemplificantes de esto; además, suelen estar muy preocupados por las escenografías en sus apariciones públicas. 

Sus discursos o narrativas suelen ser extensas, y además poseen claves interpretativas sobre todo y para todo, sean asuntos de geopolítica, economía, salud, etcétera; hablan con seguridad, certeza y suelen tener a la mano sujetos verificadores que asienten y validan sus opiniones. 

Saben del bien y del mal, clasifican, catalogan, separan, definen; suelen producir actos magnánimos para proyectar una imagen distinta y potente frente a las masas. 

Suelen estar rodeados de un grupo reducido de personas de mucha confianza, quienes están probados y suelen tener funciones expansivas y especializadas, además de los aparatos militares y policiales; no toleran la disidencia ni opiniones alternativas, son radicales y exigen una sumisión a nivel de fe. Hitler tenía su equipo estelar: Goebbels, Goering, Himmler, Hess, Skorzeny, Dönitz, Jodl, Sepp, Keitel, Von Ribbentrop, Streicher, Frank, Rosemberg, Ley, Rüdiger, entre otros. 

Otra de las manifestaciones del trastorno del dictador es su preocupación por “adoctrinar” a la mayor cantidad de personas posibles, con la finalidad de fortalecer las redes de apoyo sociales y políticas; si se comienza desde los primeros niveles educativos es mejor, ya que se alojan en el cerebro ciertos principios, valores y creencias afines al régimen y a las ideas principales; luego se sigue con manipulación de masas. 

Finalmente, el factor “miedo” es esencial; crear una atmósfera de fobia generalizada evita conatos de disidencia, y para ello se utiliza todo el aparataje estatal, político, militar y policial; todos están alineados y utilizan los recursos de inteligencia para salvaguardar la integridad del dictador. El miedo es el recurso principal del trastorno del dictador…  

En síntesis, este fenómeno se manifiesta en un perfil de ser humano “superior”, que lo sabe todo, una especie de semidios, un enviado o mesías, que tiene una misión salvífica para un pueblo o para el mundo.  

En la docuserie de Netflix “Cómo se convirtieron en tiranos”, narrada por Peter Dinklage, se presenta una especie de manual para obtener el poder absoluto y describen el trastorno del dictador en seis casos ejemplificantes: «Conquistar el poder» (Adolf Hitler); «Acabar con tus rivales» (Sadam Hussein); «Gobernar mediante el miedo» (Idi Amin); «Controlar la verdad» (Iósif Stalin); «Crear una sociedad nueva» (Muamar el Gadafi); y «Gobernar para siempre» (Dinastía Kim). Es un buen espejo para aprender y saber más sobre este fenómeno. 

Finalmente, el trastorno del dictador es una construcción social evolutiva -más allá de los aspectos clínicos-, en la que participan muchas personas e instituciones; salvo excepciones, hay un ciclo, de ascenso y descenso, porque la concepción del superhombre (übermensch) propuesta por Nietzsche, rompe las tradiciones morales y éticas, es nihilista y termina sustituyendo al mismo dios, creyéndose superior, infalible (no se equivoca), omnisciente (lo sabe todo) y omnipotente (tiene todo el poder)…

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