Educación1

La formación personalista e integral en la educación básica y media de El Salvador, la gran deuda del Plan Torogoz

«No hay viento favorable para el barco que no sabe dónde va»

Séneca, el joven.

Esta frase del gran filósofo del Imperio Romano es quizá la mejor forma de describir lo que acontece en la educación de El Salvador ya que se siguen presentado desde el año 2019 políticas educativas sin contenido pedagógico y didáctico de calidad académica. En la definición del currículo educativo y sus elementos es en donde la educación debe encontrar su rumbo y es precisamente en el “Plan Torogoz” que este gobierno tenía la oportunidad de marcar un curso a seguir, tarea en la que han fallado estrepitosamente.

A manera de contexto… en El Salvador, desde la firma de los acuerdos de paz, imperó por más de 15 años en el ámbito educativo un modelo didáctico-pedagógico con ciertas nociones humanistas de corte conductual basado en objetivos. En la última administración derechista, el Presidente Elías Antonio Saca junto con la entonces Ministra de Educación Darlyn Meza, pusieron en marcha la implementación de un modelo educativo cientifista basado en la adquisición de competencias, definido detalladamente en el documento “El Currículo al Servicio del Aprendizaje” (MINED, 2008) y en muchos otros documentos operativos que se generaron con el propósito de llevar a la realidad una visón que dio gran énfasis a la educación técnica y tecnológica a nivel nacional, sobre todo con el programa MEGATEC.

El impacto de este último modelo educativo, al menos a nivel pedagógico y didáctico, fue de tal magnitud que en los 10 años de gobierno del FMLN los subsecuentes Ministros de Educación no se atrevieron a (o no quisieron) reformar los programas de estudio elaborados por sus opositores políticos que acababan de abandonar el poder ejecutivo, durante el mandato del partido de izquierda no se realizaron cambios en el paradigma de la educación salvadoreña, lo cual queda evidenciado en la vigencia de los actuales programas de estudio, aunque actualmente ya no se encuentren disponibles en la página institucional del MINEDUCYT.1

Aunque en su momento parecía que la formación basada en la adquisición de competencias contribuiría a la transformación de la realidad social del país, pronto comenzaron a surgir fuertes críticas para este modelo educativo ya que fomentaba la instrumentalización de los conocimientos y reforzaba el utilitarismo de las habilidades adquiridas (Nussbaum, 2011), es decir que caíamos de nuevo en una educación diseñada para la producción a gran escala de operarios técnicos y no de personas integrales.

Con todas las expectativas que se generaron con el inicio del gobierno del Presidente Nayib Bukele en junio 2019, era apenas lógico esperar un cambio radical en las bases pedagógicas y didácticas de la educación de El Salvador dentro de los planteamientos del Plan Cuscatlán2. Fuera de la presentación de una hoja de ruta general y las principales características de los programas insignes, en el área de educación no hubo propuestas concretas para reformar el modelo educativo o cambiar el paradigma pedagógico y didáctico. Para enfrentar la pandemia por COVID-19, el MINEDUCYT optó por aplicar una educación a la que llamaron “multimodal” ya que empleaba diferentes medios para el desarrollo de las clases en medio del confinamiento. La reactivación de la televisión y la radio educativa, así como también la implementación de clases virtuales fueron y siguen siendo el principal eje de “reforma” del actual gobierno, pero todas estas estrategias didácticas siguen el mismo currículo educativo del 2004 establecido en el último gobierno de ARENA.

El “Plan Torogoz”, dado a conocer en la tercera semana de junio de 2021, presenta una estrategia más elaborada de la que se presentó en el 2019 en el “Plan Cuscatlán”, pero no hay rastro ni mención de las bases filosóficas educativas ni de las teorías pedagógicas que servirán para transformar de fondo a la educación salvadoreña, dicho simplemente, el currículo educativo no ha sido definido. Dentro de este nuevo plan del gobierno, en un promedio de diez páginas, se aborda la prioridad número uno: “los aprendizajes de calidad y significativos a lo largo de la vida, con pedagogía y currículo pertinente e inclusivo”, pero luego de estudiarlo a conciencia, este apartado falla en establecer la orientación pedagógica y didáctica de la reforma educativa propuesta, lo cual luego de dos años de gobierno no solamente era lo esperado sino más bien lo urgente.

Aunque no se puede negar que la respuesta del ejecutivo en el rubro educativo durante la pandemia del COVID-19 ha sido operativamente acertada, a dos años de iniciado su mandato, ni el Presidente Bukele ni la Ministra Carla Hananía han develado los detalles de la tan esperada y necesaria reforma educativa. La oportunidad para dar el paso definitivo y abandonar de una vez por todas el modelo educativo cientifista en favor de proponer e implementar un modelo verdaderamente humanista parece que está siendo desaprovechada de la forma más flagrante. Cuando en el “Plan Torogoz” se mencionan en repetidas ocasiones conceptos como el “desarrollo transversal de saberes y competencias” (pág. 37) es evidente que no se han abandonado las perspectivas pedagógicas del modelo educativo de formación por competencias que aún sigue vigente en el país; y aunque es posible encontrar conceptos en este documento como “formación integral” (pág. 38), “pensamiento crítico” (pág. 39) y “evolución de las capacidades de los estudiantes” (pág. 40) estos conceptos por si solos no define un modelo educativo, ni mucho menos un currículo.

Muchos pedagogos contemporáneos, entre ellos Altarejos & Naval (2011), han planteado ya las bases de un modelo educativo que deja atrás el humanismo de la Ilustración ya que toma la concepción de la persona humana en su sentido más antropológico; es precisamente en este primer punto en el que se debería basar el aspecto “personalista” de un nuevo modelo educativo para El Salvador, ya no es congruente hablar del “hombre” en la educación moderna. Es necesario establecer el paradigma de la persona humana como verdadero centro de la educación y definir las bases pedagógico-didácticas del proceso mediante el cual se forman todas las dimensiones que le constituyen como persona humana, este debería ser el verdadero paradigma de la formación integral.

Según Altarejos & Naval (2011, págs. 191-227) la formación personalista e integral a la que nos estamos refiriendo debería contemplar cinco grandes áreas: lo estético, lo afectivo, lo moral, lo intelectual y lo cívico. Así concebido, en este modelo ni siquiera cabría hablar de asignaturas en un primer momento ya que no está centrado ni en el conocimiento que se “construye” ni en las competencias que se “adquieren”, sino en el desarrollo de las potencialidades o capacidades de la persona humana (Nussbaum, 2011) En este contexto podríamos incluso plantear la concepción de capacidades macro, capacidades intermedias y capacidades específicas dentro de las cinco áreas anteriormente mencionadas. Al ser este un modelo educativo novedoso, el contexto les brinda la oportunidad a los responsables de la elaboración del currículo educativo salvadoreño de poder teorizar nuevos postulados pedagógicos y plantear metodologías didácticas que se salgan del encuadre de la formación por competencias para generar conocimiento experimental sin precedentes en la región.

Si en verdad lo que este gobierno desea es una educación digna, deberíamos estarnos planteando cuestiones de fondo y no construir sobre un modelo educativo instrumentalista y utilitarista como lo es la formación por competencias. ¿Cuál es el verdadero modelo educativo salvadoreño en la actualidad?, ¿Por qué en el Salvador no estamos hablando de un verdadero modelo educativo personalista e integral? Estas preguntas (las cuales no fueron respondidas en el “Plan Torogoz”) debería ser contestadas de forma urgente por la Ministra Carla Hananía, pero también por todas las universidades salvadoreñas que se dedican a la formación de docentes, ya que es el Ministerio de Educación Ciencia y Tecnología junto con la academia quienes deberíamos plantearnos este importante reto de dar un golpe de volante y marcar un rumbo educativo concreto y a largo plazo pero con base en las ciencias educativas: la pedagogía, la didáctica y la antropología; esto con el único fin de favorecer el desarrollo personal e integral de la niñez y la juventud de nuestro país.

Bibliografía

Altarejos, F., & Naval, C. (2011). Filosofía de la Educación. Navarra, España: EUNSA.

MINED. (2008). El Currículo al Servicio del Aprendizaje. San Salvador, El Salvador: Ministerio de Educación.

MINEDUCYT. (2021). Plan Torogoz. San Salvador, El Salvador: Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología.

Nussbaum, M. (2011). Creating Capabilities, The Human Development Approach. Cambridge: Harvard University Press.

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