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La mala prensa…

De repente se me ocurrió preguntarme, ¿por qué existe la “mala prensa”? y la respuesta es fácil: por dos sencillas razones, porque hay fondos públicos y porque hay gobernantes corruptos y populistas… Pero deberíamos profundizar un poco más.

¿Qué es la mala prensa?; esta categoría semántica ha sido creada por sectores políticos corruptos y populistas, que se sienten acosados por periodistas que hacen preguntas incómodas.

Sólo los presidentes, ministros o funcionarios que generan “dudas razonables” con su conducta política atraen “mala prensa”. Mala prensa es entonces un periodismo agudo, riguroso, sistemático, incómodo, investigativo, que busca evidencias y que pregunta; mala prensa es sinónimo de fastidioso, molesto, desagradable. Si la prensa pregunta y esto molesta el político ya confiesa su culpabilidad y acusa de mala prensa. Investigar –del latín In Vestigium– es ir tras la huella, esto implica preguntar, cuestionar e indagar.

Ciertos políticos nos quieren hacer creer que algunos periodistas los persiguen y hostigan por motivos políticos o ideológicos; pero en el fondo, la persecución es por que administran fondos públicos, y los políticos creen que son dueños de los fondos y que están en su derecho a hacer lo que les de la gana. Así se va creando un paradigma peligroso: Lo público no es de nadie y nadie tiene derecho a saber…

La última moda de los políticos -por la mala prensa- es declarar la información de proyectos “reservada” y generalmente por “razones de seguridad nacional”. Esto no sólo es ridículo, sino que parte del principio de que la gente es estúpida.

Obtener el poder por la vía democrática no es un cheque en blanco para hacer lo que el funcionario le dé la gana. Hay leyes, reglas y normas de transparencia y rendición de cuentas. El poder es prestado para diseñar soluciones para el bien común. El poder no es para saltarse la barda, para lograr privilegios, para enriquecerse; es para servir a los ciudadanos. Pero en la cultura política latinoamericana hemos visto todo lo contrario, y los ejemplos sobran.

Los únicos presidentes que tienen “mala prensa” se parecen mucho y son los corruptos y populistas. Ellos se encargan de construir y atraer una prensa inquisidora con sus conductas opacas y con su discurso vacío y mentiroso. Ocultan, esconden, encubren sus delitos con sermones plagados de espejismos y escenarios imaginarios, y allí, justamente aparecen los estresores y las preguntas incómodas y emerge la mala prensa.

De “mala prensa” se han quejado sistemáticamente: Donald Trump, Andrés López Obrador, Jair Bolsonaro, Nayib Bukele, Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Cristina Kirchner o Boris Jhonson. No así Barack Obama, Shinzō Abe, Pepe Mujica, Jacinda Ardern, Angela Merkel, Emmanuel Macron o Justin Trudeau; ahí está la diferencia.

Entonces, a la mala prensa se le ataca, se le persigue y se le desprestigia, aunque en su haber haya demostrado que siempre hizo lo mismo con los gobiernos de turno. Pero no, -dicen los funcionarios- la mala prensa tiene intereses políticos e ideológicos, es parte de la oposición es un engranaje en una maquinaria perversa.

Inclusive, muchos funcionarios no se dan cuenta que gracias a la “mala prensa” del pasado inmediato fue como ellos llegaron al poder, ya que debilitaron con sus investigaciones a los gobiernos y partidos políticos oficiales del momento.

En síntesis, la mala prensa es una conquista del populismo y la corrupción, es una consecuencia, una causa, motivada por conductas antidemocráticas. En este contexto, necesitamos mala prensa para malos políticos y buena prensa para buenos políticos. Insistimos, si tiene miedo ya ha demostrado su culpabilidad o su conciencia no está muy tranquila que se diga.

Por último, si no le gusta la mala prensa retírese de la política… Parafraseando a Pepe Mujica: La política es una necesidad humana, es una pasión y no una profesión; si le interesa el dinero dedíquese a los negocios, y seguro no tendrá “mala prensa”…

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