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La masacre del Cuscatlán…

No, tranquilos, no va a haber ninguna masacre. Sólo quería llamar la atención del lector y a su vez recordar dos detalles importantes: 1) Efectivamente, de vender cerca de 30,000 entradas en cada uno de los dos partidos de la selección, contra Panamá y México, elevará el nivel de contagios, hospitalizados y fallecidos (más los partidos pasados contra Estados Unidos y Honduras); y 2) El presidente Bukele el 5 de julio de 2020 twitteó: “El loco de la Gavidia va a causar una masacre en San José Villanueva”. 

Pues bien, no hubo una masacre en San José Villanueva, sólo aplicamos las teorías epidemiológicas de John Snow, articulando las nuevas tecnologías de la información con mapas digitales, y mediante el modelo “Cercos Epidemiológicos Inteligentes” informamos y educamos a la población, señalamos los riesgos y evitamos que muchos ciudadanos se enfermaran y fallecieran. 

Tampoco habrá una masacre en el Estadio Cuscatlán, pero hay algo muy obvio: En la literatura epidemiológica y de bioseguridad sobre la pandemia de COVID-19 el problema de la aglomeración y la falta de distanciamiento físico (conductas sociales inapropiadas; Pizzi & Tómas, 2020) aparece como un factor sustantivo en el dinamismo de contagio, acelerando significativamente la erre sub cero (R0) parámetro que explica la cantidad de contagios que puede generar un infectado positivo.  

Recientemente, el director general de la OMS/OPS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en presencia de los diferentes ministros de Europa, hizo énfasis en cuatro aspectos fundamentales para impedir los contagios en Europa; el primero de ellos: «Evitar aglomeraciones en lugares como las discotecas o lugares donde hay mayor cúmulo de personas y no hay una buena ventilación».  

El sentido común nos hace suponer que, en un estadio como el Cuscatlán, con 30 mil personas cantando y gritando, las microgotas o flugges generan un efecto de aerosol o atmósfera viral en donde un contagiado puede amplificar significativamente el ritmo de contagio entre 2 y 4 horas de permanencia. En promedio por cada microgota o flugges que se expulsan al hablar se liberan alrededor de 1,200 aerosoles. En cambio, al gritar se emiten entre 20 y 50 veces más partículas que al hablar. Pese a la exigencia del carné de vacunación con el cuadro completo o dos dosis, sabemos que muchos vacunados pueden estar contagiados y además ser asintomáticos, ya que la vacuna sólo atenúa las posibilidades de ingresar a una UCI o fallecer, por lo tanto, estar vacunado no es garantía de inmunidad.  

Recientemente publicamos un informe utilizando el modelo de Wells-Riley, el cual es un método para estudiar la transmisión de enfermedades infecciosas por medio de aerosoles.  

Fue desarrollado por William F. Wells y Richard L. Riley para estudiar la tuberculosis y el sarampión. Sin embargo, este modelo puede aplicarse a otras enfermedades transmitidas por el aire como el COVID-19 (Miller et al, 2020). La pandemia de COVID-19 ha hecho que muchos científicos trabajen en la mejora del modelo para tener en cuenta factores como: tiempo de vida del virus y el transporte en partículas de distintos tamaños. El método para la realización de los cálculos fue ajustado por José Jiménez de la Universidad de Colorado, Estados Unidos, que es especialista en temas de Química Atmosférica, Espectrometría de Masas, Aerosoles, entre otros. Los parámetros del modelo integran: prevalencia de la enfermedad, inmunidad, universo de sujetos, tiempo de permanencia, entre otros. 

Veamos tres escenarios posibles, tanto para los partidos del 2 y 5 de septiembre, como para los del 7 y 13 de octubre: Con un aficionado contagiado que ingrese al estadio podría contagiar de 30 a 300 personas, lo que derivaría de 11 a 100 hospitalizados y de 1 a 9 fallecidos. 

Pero si ese contagiado y los nuevos contagiados compraron un paquete de entradas y van a los cuatro partidos las cosas cambian, se podría escalar de 5,000 a 19,000 contagiados, tendríamos en hospitales de 1,900 a 6,000 pacientes y terminaríamos con un rango de 170 a 500 decesos; obviamente hay diversos escenarios intermedios. 

En un estadio y en un juego tan candente, la gente se emociona, grita, canta; luego, estas conductas facilitan la atmósfera aeróbica y muchos contagiados –vacunados y asintomáticos- estarán esparciendo el virus. Posteriormente, viajará en transporte hacia su casa… 

Lea el estudio…; masacre no va a haber, pero probablemente –ojalá que no- se saturen los servicios hospitalarios. En el informe recomendamos cinco cosas: 1) aforo al 50% de todo, estadios, iglesias, restaurantes, discotecas, etcétera; 2) Vigilancia del distanciamiento social y limitación del aforo en unidades del transporte público. 3) Control del aforo en supermercados, cines y otros comercios masivos. 4) Recomendar a empresas con más de 50 empleados que un porcentaje posible y/o administrativo realicen sus actividades en modalidades de teletrabajo. Y 5) Volver al sistema online o a distancia híbrido en centros educativos públicos y privados. 

Por último recuerde: los niños y los locos siempre dicen la verdad… 

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