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La mirada cubista: El arte de desideologizar en la ciencia

Los investigadores y científicos corren tres grandes riesgos en su carrera profesional: 1) Continuar o amplificar el pensamiento importado; 2) Limitada relevancia de sus aportes; y 3) Anteponer lo metodológico a la calidad de su problema a investigar.

Para salir de esta trampa se puede echar mano al círculo virtuoso de los pensadores presocráticos que aún sigue vigente: Capacidad de asombro, problematizar, diseñar soluciones y comunicar. Pero también debemos considerar otros puntos de vista.

En el marco de las teorías epistemológicas de investigación, el científico se enfrenta a cuatro tipos de realidades: 1) Realidad objetiva (lo tangible); 2) Realidad percibida (lo Interpretado); 3) Realidad construida (lo cultural); y 4) Realidad creada (lo diseñado).

Lo anterior, también nos conduce a cuatro ámbitos de conocimiento: 1) Epistemológico (el lugar desde dónde conocemos); 2) Ontológico (los elementos esenciales); 3) Metodológico (mecanismos o procesos para conocer); y 4) Axiológico (valores o dimensiones sociales que condicionan el ambiente).

Estos dos escenarios nos plantean la complejidad de puntos de partida para enfrentarnos a la realidad; el investigador o científico se debe hacer múltiples preguntas desde un modelo cartesiano de espacios euclídeos (tridimensional).

En un programa doctoral, a diferencia de pregrado y maestría, el estudiante no asiste a aprender sino a aportar una solución, modelo o teoría con un sólido aparato científico. Su disertación o tesis es un trabajo profundo con un aporte original. Según Umberto Eco en “Como se hace una tesis” (1977): “Una tesis doctoral, constituye un trabajo original de investigación con el cual el aspirante ha de demostrar que es un estudioso capaz de hacer avanzar la disciplina a que se dedica (…) se trata precisamente de investigación original, hay que conocer lo que han dicho sobre el tema los demás estudiosos y, sobre todo, es preciso «descubrir» algo que los demás no hayan dicho todavía”.

A mis estudiantes de doctorado del programa del Instituto Centroamericano de Administración Pública (ICAP) siempre les invito a utilizar una “mirada cubista” (también surrealista y expresionista). Les proyecto una imagen del “Guernica” de Picasso y discutimos los principios para analizar la realidad desde múltiples puntos de vista.

Posteriormente, les invito a crear un mapa conceptual y visual de su proyecto de investigación, incluyendo su problema, variables, hipótesis, datos, posibles aportes, teorías, etcétera. Se trata de una primera foto panorámica de la propuesta.

Este ejercicio, evita la superficialidad lineal y simple de la realidad; en efecto, a veces vemos las cosas como somos y no como son; o a veces no vemos la totalidad de la realidad. Hay sesgos… Entonces, la recomendación es ver las cosas con la óptica cubista: desde arriba (oligarquía), desde abajo (pobreza), desde la derecha (neoliberal), desde la izquierda (socialista); desde el frente (lo visible) o desde atrás (lo oculto); desde lo teórico o práctico; entre otros puntos de vista.

El lugar (Locus) del científico, desde dónde hace ciencia, es un aspecto esencial. También pesan los ambientes de trabajo -campo, gabinete o laboratorio-; todo condiciona, influye y determina.

A esta tarea fundamental, Ignacio Ellacuría la llamaba “desideologizar”; y para lograr este propósito el investigador debe hacer muchas preguntas, a sí mismo y cuestionar la realidad. Los aparatos ideológicos suelen enmascarar fundamentos dominantes. Ellacuría insiste en afilar el sistema de inquisición racional de la realidad para liberarnos de los condicionamientos.

Anota Ellacuría: “Dos son los mecanismos con los que realiza su proceso de independencia y su propósito de desideologización: la duda y la negación”; y agrega la importancia de “salirse de los límites de cualquier punto de vista determinado para intentar abarcar la totalidad”. Esta es la primera tarea crítica del científico, lo demás vendrá por añadidura.

Ahora que está en boga el modelo STEAM (Science, Technology, Engineering, Arts and Mathematics). El cubismo aplicado a las ciencias puras y duras es un buen ejemplo de la integración interdisciplinaria. Y en un equipo de físicos, químicos, biólogos o matemáticos bien debe haber espacio para un artista visual o humanista; seguro enriquecería el debate científico con puntos de vista muy distintos y distantes. Al fin y al cabo, la ciencia es un arte -creatividad- y el arte genuino tiene discurso y ciencia.

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