Artes
Claudia Meyer

Claudia Meyer

La pandemia y las políticas públicas que necesitamos para el sector cultural

La economía creativa engloba todas aquellas actividades, servicios y/o productos que tienen como base una idea susceptible de protegerse como propiedad intelectual, y que pueden ser objeto de comercialización. Esta nueva noción cobija dentro de sí tanto las industrias creativas, las actividades tradicionales y artísticas, e inclusive actividades de apoyo creativo como el marketing, diseños de productos o de empaques. 

El concepto economía refiere naturalmente a considerar otros términos como: oferta, demanda, mercados, modelos de negocio, competitividad y desarrollo (entre otros). En la economía creativa la cultura es un vehículo, algo que puede explorarse y tratarse para ser contenido o productos creativos, siempre y cuando, idóneamente, comprenda aspectos que puedan volverse universales y por ende magnificar su consumo a nivel global. 

Si bien este campo tiene una fuerte concepción económica, no va en detrimento de los beneficios sociales y culturales que implica la puesta en marcha de este tipo de iniciativas: el componente cultural y artístico permite visibilizar y comunicar globalmente distintivos propios de una región; a su vez, este sector es altamente inclusivo al acoger juventud, diversidad de género y mujeres como capital humano para el trabajo. 

El 2021 fue declarado Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible, en la 74ª Asamblea General de las Naciones Unidas. El desarrollo sostenible conlleva un fuerte componente económico, y desde el 2020 la economía creativa viene naufragando ante los efectos de la pandemia por COVID-19, misma que, al 2022, todavía no finaliza.     

La pandemia impactó muchas industrias y el sector cultural no fue la excepción; de hecho, fue de los primeros: el consumo cultural provoca aglomeraciones en estadios, teatros, exposiciones, conciertos, museos, etc., y estas fueron de las primeras actividades en suspenderse por tiempo indefinido. En El Salvador, el Ministerio de Cultura desde el 30 de enero de 2020 comunicó de la suspensión a partir del siguiente día de todas las actividades culturales programadas en museos, teatros y espacios administrados por el Ministerio. Al 11 de marzo de 2020, según comunicado de la Dirección Nacional de Espectáculos Públicos, Radio y Televisión, se suspendieron “todos los tipos de eventos de artistas internacionales o eventos masivos; esto con el fin de seguir indicaciones emitidas a causa de la activación de la alerta naranja…”; y a partir del 13 de marzo se suspendieron también las funciones cinematográficas. En su momento operaron solamente las industrias “indispensables” y una de ellas no fue la cultura. 

El cierre de espacios y el cese de labores ocasiona la falta de disponibilidad de efectivo, es decir de liquidez, y a la larga, de sostenibilidad. Es imposible aislar lo creativo y cultural de lo económico. Si bien los artistas salvadoreños pudieron optar y ser beneficiarios de apoyos públicos (como el subsidio de $300.00 o el paquete de víveres, las convocatorias a líneas de apoyo concursables del Ministerio de Cultura, los fondos de BANDESAL), el paliativo fue oportuno, pero no suficiente; luego el Estado tampoco está en la capacidad (ni debería) de ejercer un asistencialismo permanente.  

Si bien estamos en re apertura, vivimos en el vaivén entre la disminución y el alza en los contagios, donde los espacios no están habilitados totalmente a su máxima capacidad por bioseguridad; por lo anterior, es necesaria una visión estratégica en una situación en la que las condiciones no tienen trazas de cambiar en el corto plazo, y los artistas necesitan generar ingresos, tanto como para reinvertir en sus nuevas producciones y servicios, así como para su subsistencia y la de sus familias. Es aquí donde cobra importancia crucial la definición de una política pública. 

En la práctica, una política pública se traduce en todo aquello que un Estado decide o no realizar al respecto de temas o aspectos de la realidad de la población; es decir, el Estado se organiza acorde a prioridades y objetivos establecidos. En términos generales, la construcción de una política pública implica definir el problema, el diseño y formulación de la política, su implementación, el monitoreo y la evaluación, la retroalimentación ciudadana y la rendición de cuentas. Una política pública generalmente es un proceso de mediano a largo plazo, por ende, se consideran procesos cíclicos: acorde a la retroalimentación y a la evaluación, se realizan los ajustes pertinentes para continuar con una ejecución mejorada y fortalecida conforme a la experiencia de la primera implementación. 

A nivel global, existen multiplicidad de instrumentos que han sido producto de la creación de políticas públicas para el incentivo a las actividades de la economía creativa, como marcos regulatorios, incubadoras y aceleradoras, formación empresarial, premios, subvenciones, incentivos fiscales, entre otros. Si bien ejemplos de políticas públicas e instrumentos puedan haber muchos, no existe una receta única en ello: todo dependerá del contexto y estado de las actividades en cada nación, para así incidir de forma estratégica y pertinente (no inmediatista, ni precipitada), en el impulso de este tipo de sectores; para ello es necesaria la realización de mapeos y el montaje de las cadenas de valor (estudiar y conocer el sector). 

De forma global, diversos estudios e instituciones han coincidido en  el impacto negativo y generalizado que ha sufrido la cultura, producto de la pandemia por COVID-19; un  aspecto clave en ello ha sido el acceder a la data disponible para realizar este tipo  de mediciones. En este escenario, y accediendo a datos, los expertos concuerdan en la necesidad de abordar desafíos (BID, 2020), en el corto plazo (la precariedad del trabajo en el sector, lo poco prioritario que suele ser en política pública, pérdidas de empleo, excesiva burocracia en los apoyos, etc.), mediano plazo (la identificación de “habilitadores”: lo  normativo, la organización y actualización de datos, el apoyo estatal e identificar el tipo de demanda y tendencias en lo cultural) y a largo plazo (el paso a una especialización de profesionales en el sector, diversificar la cadena de valor de los mercados culturales y las formas de financiamiento). Si bien estos desafíos están visualizados bajo la tónica de lo cronológico, no necesariamente deben ser consecutivos, sino más bien podrían ser traslapados: mientras se solventan las emergencias actuales, se pueden diseñar las actividades a mediano y luego a largo plazo. 

El pensar en desafíos, delinearlos por apartados y visualizarlos a través de su duración en el tiempo, remite a pensar en políticas públicas culturales acordes a la coyuntura actual. En materia de política pública cultural se ve permeada precisamente por las estructuras gubernamentales, presupuesto, personal calificado, la asistencia técnica en materia de asesorías internacionales y, no menos importante, la voluntad política.  

En sintonía con la importancia de la definición de políticas públicas culturales, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), presentó en 2020 una guía de políticas para un sector creativo resiliente. En esta guía las recomendaciones se enfocan en tres temas principales:  apoyo directo a los artistas y profesionales de la cultura, apoyo a los distintos sectores de las industrias culturales y creativas, y el fortalecimiento de la competitividad de las industrias culturales y creativas.  

La implementación de las medidas sugeridas en la guía de la UNESCO (2020), plantean adicionalmente las siguientes recomendaciones: la ejecución tiene mejores resultados cuando parte de las necesidades verificadas a partir de la realidad local; debe haber celeridad y eficacia en la implementación; se hace un llamado a la gobernanza participativa; a la promoción de la igualdad de género en su aplicación; el estimular la fácil movilidad de los artistas o generar nuevas formas virtuales de movilidad; y pensar e implementar desde lo digital. 

Entre toda esta reflexión acerca de cómo globalmente se han visualizado las acciones ante la emergencia, y el llevar a la palestra la discusión sobre la necesidad e importancia de la definición y actualización de políticas culturales públicas, el tema financiero como criterio para definir qué tanto importa o no la cultura se ha vuelto un tema crítico. Sobre ello Luzardo (2020), señala: “Es necesario tomar medidas que permitan a los países establecer nuevos instrumentos y estructuras de financiamiento. Estos deben reemplazar los modelos existentes, los cuales han tendido a excluir a los creativos debido a los vaivenes de sus ingresos” (párr. 21). 

Decía Lewis Carrol en su libro Alicia en el país de las maravillas: “Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí”; sin Plan General de Gobierno al que respondan las carteras ministeriales, sin claridad de cuáles son las políticas públicas en materia de cultura, sin un reglamento que habilite el funcionamiento de la Ley de Cultura, sin mapeos, cadenas de valor, cuenta satélite que provea de datos y mediciones, la gestión cultural estatal avanza sin un derrotero estratégico claro. Quedan dos años y medio del actual quinquenio; ojalá y urgentemente haya muestras de lo contrario.  

Referencias 

Banco Interamericano de Desarrollo –BID- (2020). La pandemia pone a prueba la economía creativa. Ideas y recomendaciones de una red de expertos. https://publications.iadb.org/publications/spanish/document/La-pandemiapone-a-prueba-a-la-economia-creativa-Ideas-y-recomendaciones-de-una-redde-expertos.pdf 

Luzardo, A. (2020, abril 15). ¿Qué necesita la Economía Naranja en medio de la crisis del Covid-19? https://blogs.iadb.org/industrias-creativas/es/economia-naranja-en-la-crisis-del-covid-19/ 

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura –UNESCO- (s.f.). Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible. https://es.unesco.org/commemorations/international-years/creativeeconomy2021   

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura –UNESCO- (2020). La cultura en crisis. Guía de políticas para un sector creativo resilientehttps://es.unesco.org/creativity/publications/cultura-en-crisis-guia-de-politicas-para-sector   

Comparte disruptiva

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on pinterest
Share on print
Share on email