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Gerardo Calderón Tobar

Gerardo Calderón Tobar

Las brujas no dividen, Bukele sí: respuesta a Raúl Velis

Puesto que Raúl Velis ignora en su comentario el resto de señalamientos y posturas políticas que declaran las artistas en su performance asumo que, para el momento que escribió su opinión, no pudo ver el performance entero ni logró obtener el guión completo para leerlo. 

Esto enciende varias alarmas. El oficialismo se ha empeñado desde el principio por el control de la verdad. Es por ello que en sus cuentas se ventiló, de todo el performance, únicamente el microfragmento de 45 segundos de la “maldición”, obviando por supuesto el resto de demandas y posturas políticas que plantearon las artistas. Puntos tan importantes con los que estoy seguro Raúl coincidiría en su mayoría.  

Las artistas abordan en su acto las siguientes temáticas: 

  • Denunciaron la violencia feminicida, específicamente del caso de Chalchuapa, y de las defensoras, mujeres y niñas desaparecidas. 
  • Denunciaron el fallido Plan Control Territorial. 
  • Denunciaron a Bukele y su gobierno por aprovecharse del pueblo cansado e históricamente saqueado y engañado. 
  • Denunciaron la militarización y la consolidación de una dictadura. 
  • Denunciaron la improvisación del manejo de la pandemia que ha llevado a la muerte de personal médico y pacientes. 

Ya conocemos las artimañas mediáticas de este gobierno para sacar de contexto cualquier crítica y revertir su impacto para dividir a la gente. Las artistas pudieron estar vestidas de directoras ejecutivas o de monjas y el régimen siempre hubiera reaccionado igual: sacando al ejército de troles para viralizar su verdad tergiversada y victimizándose. Divide y vencerás, dice el dicho. Las brujas no dividen, Bukele sí. Capitalicemos sobre ese conocimiento ya aprendido, no le creamos a Bukele, busquemos siempre el otro lado de la historia y evitemos las divisiones. Nos necesitamos más unidas que nunca. 

Lo otro que me preocupa del comentario de Raúl es que a pesar de que menciona que las artistas llevan sus rostros tapados, omite indagar en el por qué. Yo no lo sé con certeza, pero al verlas en vivo percibí que cuidaban mantener cubiertos sus rostros en cada movimiento, percibí que no querían ser identificadas. Cabe entonces al menos preguntarnos si estamos siendo dominados por la narrativa oficialista, al darle más valor a la “hechicería” que al hecho de que mostrar nuestro rostro al hacer una demanda legítima sea un riesgo inminente que conlleva acoso, agresiones y hasta detenciones arbitrarias por la fuerza policial, como ya lo hemos visto. 

Por último quisiera complejizar un poco más la conclusión a la que Raúl llega en su párrafo número uno donde sentencia que “Esta burda manifestación solo ha servido para… contribuir a la concepción negativa de la feminidad como algo místico, ignorante y delirante”. Yo creo que esta declaración habla más de las propias creencias del autor que del performance o del concepto de feminidad. 

Él dice que es un “tiro que salió por la culata”. Por el contrario, yo creo que las artistas confrontaron brillantemente nuestros propios preconceptos y estereotipos machistas. Con su arte nos abrieron una ventana de oportunidad para preguntarnos qué tan cómplices seguimos siendo, inconsciente o conscientemente, con los sistemas de discriminación que decimos combatir. 

Según la psicología moderna los estereotipos con los que crecemos sesgan profundamente nuestra forma de percibir el mundo, y configuran nuestro cerebro para procesar la realidad a manera de reafirmar las creencias con las que fuimos “educados”. El psicólogo James Garbarino (2020) plantea que estos “sesgos de confirmación” ocurren cuando “solo prestas atención, reconoces e incorporas información que se ajusta a esa creencia preexistente. El sesgo de confirmación asegura que la evidencia contraria sea ignorada o descartada (como la ‘excepción que prueba la regla’).” 

Por ejemplo, en sociedades donde prevalece el racismo, como en Estados Unidos, no importa que haya miles de “personas latinas buenas” y que sean la mayoría; siempre serán percibidas como la excepción a la regla que establece que los latinos son problemáticos o desviados. Se conciben estos casos como situaciones aisladas. 

Este mismo sesgo de confirmación nos hace amplificar y sobredimensionar los hechos que sí coinciden con nuestros estereotipos, como fue el caso de la opinión que comento. Ver a artistas vestidas de brujas nos puso los pelos de punta. Sin embargo, si estas artistas hubieran salido disfrazadas de empresarias, las hubiéramos percibido como la excepción que confirma la regla patriarcal de que las mujeres que ejercen poder son “místicas, ignorantes y delirantes”. 

La batalla contra los abusos del gobierno es también una batalla contra nuestros propios preconceptos. Estos performances que nos descolocan y nos confrontan son cruciales para mover la discusión fuera de la narrativa oficial enraizada en la violencia machista, hacia un marco más libre donde realmente podamos imaginarnos una sociedad cuyo centro sea el radical cuidado de la vida. 

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