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Óscar Picardo

Óscar Picardo

Las Ideas

“Las que conducen y arrastran al mundo no son las máquinas, sino las ideas”.

Víctor Hugo

Las ideas están en nuestra mente…; pueden cambiar el mundo, siendo perfectas o infames; habrá buenas, malas, nuevas o viejas ideas. Detrás de cada avance tecnológico y de cada solución, detrás de cada guerra y de cada criminal hay ideas. Lo que mejor define al ser humano como tal son las ideas. ¿De dónde vienen?, ¿por qué están allí?, ¿qué son? Siempre hay una historia… 

En la mayoría de diccionarios el concepto de “idea” tiene una acepción muy simple: una representación mental que surge a partir del razonamiento o de la imaginación de una persona; considerada como el acto más básico del entendimiento humano. Dicho en otros términos, es una representación simbólica y abstracta que surge en nuestro cerebro y que podría o no guiar nuestra conducta.

Según Pérez Porto, J., Gardey (2008), existe una taxonomía simple de: ideas fijas (obsesivas), ideas remotas (carentes de precisión), ideas delirantes (patológicas), buenas ideas (que proyectan un beneficio), malas ideas (que ocasionan un fracaso o daño), nuevas ideas (innovadoras) o viejas ideas (pensamientos recurrentes), entre otras múltiples acepciones y aplicaciones.

Cuando rastreamos en el tiempo el concepto “idea” nos tenemos que remontar hasta la Grecia presocrática; en este momento surge la tensión epistemológica entre el sujeto y la realidad que le rodea, y aparece la noción de idea como un constructo relacionado con el “Eîdos” como aspecto, apariencia, forma de recuerdo o representación mental a partir del razonamiento o de la imaginación de una persona y con el Arjé como principio estructural determinante de la realidad.

Posteriormente Platón formuló la llamada «Teoría de las Ideas». Todo parte de un mundo arquetípico, superior e inteligible de proyecciones puras –hyperuránion tópon– en dónde se sitúan las ideas jerarquizadas desde las más simples a las más elevadas y perfectas, porque según él son la única fuente de verdadero conocimiento, al ser entidades inmateriales, absolutas, perfectas, infinitas, eternas, individuales  e inmutables.

Esta teoría platónica sugiere la existencia de dos mundos paralelos e independientes pero relacionados: el mundo imperfecto de las cosas materiales y el mundo perfecto y eterno de las ideas,  creando un dualismo ontológico, explicado magistralmente en los mitos de la caverna y del carro alado. Luego Aristóteles, en De Anima, plantearía sus supuestos sobre intelecto paciente e intelecto agente y las posibilidades de inteligir, que darían pie al concepto “Tabula Rasa”.

Las ideas en la historia del pensamiento están asociadas a la capacidad de razonamiento, autorreflexión, la creatividad, imaginación y la habilidad de adquirir y aplicar el intelecto. Estas ideas pueden dar lugar a los conceptos, que son la base de cualquier tipo de conocimiento científico o filosófico, pudiendo tener un enfoque lógico (como una proposición con significado); ontológico (equiparable a una realidad); trascendental (como explicación de una realidad superior); o psicológico (como una representación mental subjetiva).

En la edad media se discutió a profundidad la teoría de los “universales”; el debate sobre las corrientes nominalistas, realistas o realismo moderado (in rem, ante re, post rem) insertan un gran problema de articulación entre la realidad y la persona humana; la pregunta fundamental es ¿cómo conocemos?, y las subsiguientes cuestiones que plantea esta pregunta son: ¿conocemos a partir de la realidad (“res”)?, o bien ¿conocemos por las posibilidades del sujeto?.

Aparecieron así diversas escuelas de pensamiento: Dogmatismo, Escepticismo, Subjetivismo, Relativismo, Pragmatismo, Criticismo, Racionalismo, Intelectualismo, Apriorismo, entre otras. René Descartes complicó el debate con su propuesta de ideas innatas (claras y distintas), Ideas facticias (imaginativas) e Ideas adventicias (perceptuales).

Habría que esperar los aportes de John Locke quien escribe en 1690 una obra dedicada a esta especialidad: “An essay concerning human understanding” (Ensayo sobre el entendimiento humano): Al contrario de lo que afirman los racionalistas, no hay ideas innatas. Más bien, obtenemos nuestro conocimiento sobre el mundo a través de las experiencias sensoriales. En términos puntuales, diría Locke:

“Llamo idea a todo lo que la mente percibe en sí misma o es objeto inmediato de percepción, pensamiento o conocimiento; y llamo cualidad del sujeto en que radica una tal capacidad a la capacidad de producir alguna idea en nuestra mente” (Ensayo, 2,8,8).

Luego Leibniz  refutó la posición de Locke y escribió “Nouveaux essais sur l´entendement humanin”  (Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano) publicada póstumamente en 1765. La obra se redacta como un diálogo imaginario entre dos personajes: Philalèthe y Théophile. Filalethes defiende la posición empirista y sus respuestas son a menudo textos directos del Ensayo de John Locke . Théophile defiende la opción racionalista y se opone a los argumentos racionalistas forjados por Leibniz.

Así llegamos a la Ilustración y luego aparecerían la psicología y las neurociencias que aclararían todo el panorama a través de las teorías del aprendizaje conductistas, psicoanalíticas o constructivistas. Pero tomemos nota de algo importante: “Crear significa tener una idea, pero un cerebro no crea nada a menos que esa nueva idea encaje dentro de la cultura en la que vive”, Francisco Mora, profesor de neurofisiología, Universidad de Iowa.

Nacemos, nuestros reflejos comienzan a operar, luego jugamos, imitamos y nos educamos; la familia, el ambiente y la cultura ponen su parte; y entre símbolos abstractos y realidades surgen las ideas, como unidades básicas asociadas que establecen una posición del sujeto en la realidad.

Finalmente, desde el punto de vista comunicativo, semiótico y lingüístico descubrimos ideas principales (de modos, de sustancias y de relaciones) y secundarias o complementarias; y desde el punto de vista político “viejas ideas” y “nuevas ideas”, las cuales suelen terminar siendo perversas.

El ser humano es un sujeto de ideas… y quizá, como señala Juan Zorrilla de San Martín: “Lo importante no es tener muchas ideas, sino la idea oportuna en cada caso”. Nuestra vida es hacer decisiones, operar o materializar esas abstracciones, ya que “en tanto que haya alguien que crea en una idea, la idea vive” (José Ortega y Gasset).

Utilizando fMRI (resonancia magnética funcional) y EEG (electroencefalograma) se descubrió que 300 milisegundos antes de resolver un problema ocurre una activación muy similar a la que se ve cuando cerramos los ojos. El artista Paul Gauguin dijo una vez «cierro mis ojos para ver», a veces es necesario apagar el resto del mundo, aunque sea por un instante, para rescatar ideas de lo más profundo de la mente.

Disclaimer: Somos responsables de lo que escribimos, no de lo que el lector puede interpretar. A través de este material no apoyamos pandillas, criminales, políticos, grupos terroristas, yihadistas, partidos políticos, sectas ni equipos de fútbol… Las ideas vertidas en este material son de carácter académico o periodístico y no forman parte de un movimiento opositor.

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