En la sociedad salvadoreña actual, se identifica la profesión de Abogado con características poco éticas y morales: entre más embustero, más malicioso, más legalista, es un buen Abogado, si alza la voz, es un buen Abogado, utilizar argumentos pocos éticos para lograr  sentencias condenatorias, es un excelente Abogado, en  decir, si es mentiroso es un excelente Abogado; es más, algunos lo vinculan al término como: “ladrón con título”.

A mí me ocurre lo mismo y lo debo de confesar: después de haber ejercido por más de 20 años esta profesión en diferentes ámbitos, creería que las características antes señaladas podrían atribuírsele a la profesión, pero es erróneo. Hay que recordar que, si bien algunos profesionales del Derecho utilizan cualquier estrategia deleznable para lograr su cometido, por estos no debe de juzgarse a todos. Sin embargo,  si no  fuera Abogado, estaría constantemente repitiendo la frase “Todos los Abogados son lo mismo, todos los Abogados son mentirosos”.

¿Será cierto lo que la sociedad salvadoreña le atribuye a los Abogados? Previo a dar la respuesta a la interrogante, considero pertinente explicar que para que un salvadoreño adquiera la calidad de Abogado, debe de cumplir requisitos académicos y legales. En primer lugar, debe de estudiar cinco años en una Institución de Educación Superior (IES) la Licenciatura en Ciencias Jurídicas y realizar sus horas sociales (quinientas horas), cumplir y terminar todo el plan de estudio, posteriormente  completar su proceso de graduación (actualmente hay diferentes modalidades como tesis, especialización, pasantías, entre otras), lo cual puede llevar un año adicional, y finalmente obtiene su título universitario.

Pero aún este salvadoreño no es Abogado.  Previo a esto debe realizar sus prácticas jurídicas: actualmente,  la Corte Suprema de Justicia incluso  ha firmado convenios con todas las IES que ofertan la Licenciara en Ciencias Jurídicas, para la realización de estas prácticas. Dichas prácticas consisten en que el  salvadoreño, ya Licenciado en Ciencias Jurídicas, adquiere conocimientos básicos para resolver algunos juicios en diferentes ramas del Derecho. Esto puede llevar un año adicional o dos, dependiendo de la modalidad que el Licenciado en Ciencias Jurídicas optó; es decir que en este punto llevamos hasta ocho años entre estudio y trámites.

Finalmente, el salvadoreño Licenciado en Ciencias Jurídicas puede presentar  sus credenciales académicas a la Corte Suprema de Justicia,  para que esta,  una vez validos todos los requisitos legales del Licenciado,  para que esta autorice primero la juramentación de esta persona, y luego autorice ejercer la procuración, es decir, la Abogacía; este trámite puede durar de seis meses a un año.

Este salvadoreño que es señalado de “ladrón con título” debió de esforzarse y sacrificar tiempo y dinero para adquirir tal calidad. De allí podemos pensar: ¿todos los Abogados son mentirosos? Como todo en El Salvador, somos extremos, y muchas veces una sola experiencia negativa nos impulsa a juzgar a todo el gremio de Abogados, que ahora somos mas de cuarenta mil profesionales, lo cual no es lo más óptimo.

También es importante conocer como salvadoreños aforismos jurídicos  del Derecho que todo Abogado debe conocer  y utilizar en su procuración, tales como: quien puede lo más puede lo menos, quien sabe y consiente no recibe injuria ni engaño, nadie debe ser condenado sin ser oído, el Derecho nace del hecho, las cosas que se hacen contra el Derecho se reputan no hechas, las palabras deben entenderse de la materia de que se trata, lo que es nulo no produce efecto alguno, donde no hay ambigüedad no cabe interpretación.

La ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento, los hechos negados no necesitan prueba, no se presume el dolo si no se prueba, la más pequeña variación en el hecho hace variar el Derecho, no todo lo que es lícito es honesto, lo que abunda no daña, ninguno puede ser testigo en causa propia, en los testigos debe atenderse más a sus cualidades que a su número, el que calla parece que consiente, y muchos otros más… Por ello estoy convencido que el Abogado utiliza el sentido común para buscar un argumento de defensa para su cliente, ya que como Abogado está obligado a preguntarle a su cliente los hechos para aplicar el Derecho. En ese sentido, el rol del Abogado no es mentir a la contraparte, o al Juez, o Tribunal, es aplicar el Derecho a los hechos  y de esa forma decir la verdad.

Finalmente, considero importante destacar que el Abogado que se lucra de las injusticias no ejerce su profesión de letrado, sino más bien desempeña un rol alternativo que riñe con los postulados éticos y que al final le pasará factura. En el Derecho jamás debe imperar el legalismo, sino la racionalidad como un máxima de justicia, pero en la sociedad salvadoreña muchas veces florece más la cultura de la trampa y la mala fe, que los hechos objetivos que acuerpan al Derecho. Le compete al Abogado no juzgar, sino presentar los hechos como son.

Solo un país como un sistema de justicia que rinde tributo a la verdad, será un país próspero y de primer mundo. Creo que es tiempo de unificar al gremio de Abogados sin la búsqueda de objetivos individuales, sino más bien para llevar justicia a los sin justicia, para brindar seguridad jurídica a cualquier salvadoreño sin ninguna exclusión. ¡Gran reto que tenemos como gremio y así poder dejar ese legado  a las futuras generaciones!

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