Imborrable 3
Dalia Chévez*

Dalia Chévez*

Lo que faltaba por decir de la muestra “Imborrable: la tierra de nuestras memorias”

“Imborrable: la tierra de nuestras memorias” es una muestra cocreada por niñas/os y sus familiares, activistas, defensores de derechos humanos, sobrevivientes del conflicto armado, profesionales de la salud mental, gestores culturales y artistas.

Los resultados de este proceso de cocreación se hicieron públicos el viernes 1 de julio en la Sala de Exposiciones Salarrué bajo un régimen de excepción que, hasta hoy, ha sido prorrogado por quinta vez. “Imborrable…” nació gracias al apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y del Fondo para la Consolidación de la Paz de las Naciones Unidas (PBF por sus siglas en inglés) y se inauguró y publicitó como una iniciativa del Ministerio de Cultura, una entidad que se ha limitado a replicar públicamente las sentencias de un órgano ejecutivo autocrático que se refuerza en la espectacularidad de su violencia.

Puede cuestionársele a las/los participantes: ¿Por qué sumarse a un proceso cobijado por un gobierno que siembra odio y que desde 2021 ha decidido criminalizar públicamente a las/los defensoras/es al categorizarlos como “enemigos internos”?

1- Ejercitar la cultura como derecho.

El derecho a la cultura debe ser garantizado por el Estado. Hacer cultura y resistir desde ella no puede ser un privilegio. Decidir quiénes participan y qué discursos o exigencias pueden ser visibles (por conveniencia o comodidad) en la práctica artística-cultural no debe depender de la voluntad de un gobernante o de un ministro, ni quedar bajo el control de un grupo de partidos políticos. El Ministerio de Cultura es una institución estatal que tiene como obligación “velar proteger, fomentar, difundir y crear las condiciones para el desarrollo de “los procesos culturales y artísticos impulsados por la sociedad, tomando en cuenta la diversidad cultural de los pueblos” (Ley de Cultura, Art. 4).

2- Luchar por los fondos de producción.

Es necesario captar los fondos de la cooperación internacional que se otorgan para fortalecer la cultura y darle relevancia a los colectivos y actores sociales-culturales que luchan por la transparencia, la autonomía y el bienestar común.

3- Los espacios públicos deben seguir siendo públicos.

Los espacios como la Sala Nacional de Exposiciones “Salarrué” cumplen su función primordial cuando siguen siendo espacios para encontrarnos, compartir, pensar, preguntar, disentir o acordar desde lo que suscita el arte y la cultura.

4- Ejercitar la libertad de expresión y la crítica.

Por parte del equipo curatorial (Armando Perla, Hugo Rivas y Dalia Chévez) a ningún participante se le impuso la obligación de ignorar o de apoyar la narrativa del gobierno, todo lo contrario: se integraron activistas y defensores en la muestra y en su agenda de talleres porque un proceso estatal que opera desde la activación memoria histórica y el reconocimiento de los derechos humanos no puede existir sin ellas/os. Nadie ha tenido que renegar, por ejemplo, de los Acuerdos de Paz —que Bukele calificó como “una farsa” en 2020— o de su identidad, contando con artistas de la población LGBTIQ+ quienes han podido identificarse públicamente como han querido.

 
5- Intercambio intergeneracional / Sembrar la memoria.

Porque las niñas y los niños deben hacer suya la historia del país y conocer los posicionamientos desde esas/os actoras/es defensoras/es que están siendo criminalizadas/os.

6- Instalar otros modelos de heroínas y héroes.
Porque nos urge instalar en los imaginarios otras heroínas y otros héroes que nos ayuden a superar esta retórica de guerra (veamos la malicia de la publicidad que emula la interfaz de un juego en un TikTok de Presidencia que nos invita a “Escoger tu héroe” limitándonos a seleccionar entre policías y militares*). Heroínas son las feministas que salen a las calles a protestar con rabia por los homicidios y desapariciones, como hacen Las Amorales; heroínas y héroes son las víctimas del conflicto armado que siguen luchando por alcanzar la justicia, que puede ejemplificarse a partir del trabajo del Comité de Ex Presos y Presas Políticos de El Salvador (COPPES); o en las/los que luchan porque se visibilice y se reconozca la población afrodescendiente, como las y los activistas de la organización Afrodescendientes Organizados Salvadoreños (AFROOS).

Captura de TikTok de Presidencia
Captura de TikTok de Presidencia
7- Debemos saber qué no queremos volver a vivir.

Una de las joyas de la muestra “Imborrable…” son los dibujos de las niñas y los niños que en los ochentas se refugiaron en Mesa Grande, Honduras —que han sido resguardados y prestados por el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI)—. Esos trazos son un archivo vivo (no adultocéntrico) que nos insta a recordar los terrores de la guerra… ¡TERRORES QUE NO QUEREMOS VOLVER A VIVIR!

Así que si se duda de la importancia y la validez de la muestra “Imborrable: la tierra de nuestras memorias” y de la coherencia de participar de ella, las/los invitamos a cuestionar las acciones del gobierno de turno que accede a abrir una muestra cuyos ejes son la memoria y derechos humanos cuando se encuentra vulnerando ambas construcciones en la realidad. Porque las y los participantes no van a dejar de trabajar de manera congruente desde sus trincheras, ellas/os van a seguir actuando/aportando sin miedo y sin perder credibilidad. Porque la credibilidad se alimenta día a día con lo que se hace fuera del foco, del escenario o la exposición… y no, nuestra inclusión no es una prueba de lo “tolerante” y lo maduro que es el gobierno. Es que no se había dicho lo que se tenía que decir, porque recordemos: estamos resistiendo juntas/os para diversificar las narrativas posibilitantes y los marcos de acción/resisitencia esperanzadores.

Gracias a todas y todos los que confiaron y se sumaron a la muestra y a sus actividades pedagógicas paralelas.

* Cocuradora de la muestra “Imborrable: la tierra de nuestras memorias”.
Las capturas de Tik Tok de Presidencia no forman parte de la exhibición.

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