Acuerdos1

Los Acuerdos de Paz: El presidente como educador y los programas de estudio

En el marco del concepto de “Sociedad Educadora” (Francisco Cajiao, OEI, 2001), concretamente en los núcleos de comprensión semántica, el presidente de la República y el Estado- tiene un rol pedagógico; los discursos, cadenas, decretos, entrevistas, entre otros recursos, representan una voz oficial, y como tal generan contenidos y conocimientos que son aprendidos por la sociedad. 

El 17 de diciembre de 2020, en una de las últimas intervenciones en su visita al Mozote en Morazán, el presidente Bukele manifestó: “La guerra fue una farsa, mataron 75,000 personas de los dos bandos, incluyendo los mil aquí del Mozote, fue una farsa, como los Acuerdos de Paz. ‘¡Ay, está mancillando los acuerdos de paz’! Sí, los mancilló porque fueron una farsa, una negociación entre dos cúpulas¿O qué beneficio le trajo los Acuerdos de Paz al pueblo salvadoreño?, fueron firmados el 16 de enero de 1992, ¿qué ganó el pueblo?, ¿tuvimos seguridad?, no, ¿tuvimos desarrollo social?, ¿tuvimos justicia?, ¿inversión en educación?, ¿salud?, ¿hubo algo?, no, lo que hubo fue lo mismo, 29 años han pasado desde la firma de esos documentos”. 

Quien no ha sufrido o vivido los horrores de la guerra, o al menos, haber leído sobre su dramático impacto, posiblemente no tenga la sensibilidad o capacidad para comprender el significado de los Acuerdos de Paz. A pesar de las imperfecciones del proceso, no sólo implicó el fin de una guerra sino también una serie de reformas importantes para el fin del militarismo y la nueva democracia. 

Gracias a los Acuerdos de Paz podemos votar, opinar, tener una policía “civil” y una Fuerza Armada dedicada a sus funciones específicas. Ya no hay clandestinidad, torturas, presos y desaparecidos políticos, secuestros ni bombardeos. No es poca cosa…  

Según el historiador Carlos Cañas DinarteLos Acuerdos de Paz no tenían como meta definir el país del futuro…; fue un proceso extenso, complejo, con muchas etapas y fracasos, bajo la mirada de la ONU y de países amigos; así que no le podemos achacar a este mecanismo de diálogo el devenir contemporáneo; lo que sucedió entre 1992 y 2019 es responsabilidad de los partidos políticos y de los votantes y no de los Acuerdos de Paz” …  

Por otro lado, los Acuerdos de Paz firmados en Chapultepec en 1992 aparecen tres veces en los programas de estudio de educación básica y mediaen cuarto grado, Unidad 6.4; en séptimo grado, Estudios Sociales, Unidad 2 (2.38 Describe y explica con detalle en qué consistieron los Acuerdos de Paz en El Salvador y sus efectos positivos en la democracia salvadoreña; en primer año de bachillerato, Estudios Sociales, Unidad 2 (2.9 Explica y valora las implicaciones que tuvo la firma de los Acuerdos de Paz y su cumplimiento para la consolidación del sistema democrático; y 2.10 Investiga y describe con claridad cuales son las instituciones que surgieron con la firma de los Acuerdos de Paz y valora su importancia para la existencia y consolidación del Estado de Derecho. 

Entonces, quienes trabajamos en el sector educativo nos preguntamos: ¿Cuál es la evidencia para determinar que los Acuerdos de Paz fueron una farsa?, ¿se imagina el presidente el impacto de su discurso?, ¿el Ministerio de Educación reformará el currículo o los programas de estudio? 

No debemos olvidar que la reforma educativa de 1995 se basó en un marco político social, legal y educativo que orienta al currículo nacional, que incluyó la Constitución y los Acuerdos de Paz; y a raíz de esta plataforma se diseñaron bases, principios y se definió un enfoque y una teoría curricular que sigue vigente: “El Currículo Nacional de El Salvador se caracteriza por ser humanista, constructivista y socialmente comprometido”. (Fundamentos curriculares de la educación nacional, MINED, 1994; pág. 8 y ss). 

Parafraseando a Marc Bloch en su apología de la historia, podemos decir que “la incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado”; y agregamos: también de la ignorancia del pasado puede surgir el cometer errores en el futuro.  

Ninguna guerra por más absurda que haya sido se puede olvidar; mucho menos los acuerdos para finalizarla; y con más razón si este acuerdo logra que no haya vencido ni vencedores. Nunca debemos olvidar los horrores del complejo Auschwitz, ni los magnicidios contra Mons. Óscar Romero, José Antonio Rodríguez Porth, Roberto Poma, las hermanas Dominicas de Maryknoll o los mártires de la UCA, entre otros 70,000 muertos. 

Detrás de la guerra hubo fraudes, injusticias, ideales e ideologías; no es un proceso lineal, simple e independiente, y además fuimos parte de un ajedrez global entre los modelos de comunismo y anti-comunismo que culminó con la caída del Muro de Berlín en 1989.  

«En el estudio no existe la saciedad” (Erasmo de Rotterdam). 

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