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Los niños migrantes no viajan solos

Dentro de la agenda internacional y la estadounidense está la crisis migratoria, que toma forma o se representa muchas veces en lo que pasa en la frontera con México; según las mismas autoridades norte americanas, entre abril y mayo podrían llegar alrededor de 90 mil migrantes y, entre ellos, sobresalen los llamados menores no acompañados. 

No es la primera vez que se presenta una situación migratoria en Estados Unidos, pues en el primer trimestre del 2014 el expresidente Barack Obama tuvo que enfrentar a lo que se denominó crisis humanitaria, pues la patrulla fronteriza había detenido a más de 46,000 niños y jóvenes menores de 18 años que viajaban sin la compañía de un adulto, una cifra que superó en más de un 60% a la registrada un año antes y que según algunos cálculos los casos llegaron por encima de los 70,000 apenas tres meses después. 

Y fue esa oleada migratoria la que forzó que el entonces vicepresidente Joe Biden, se reuniera casi de emergencia en Guatemala, con los mandatarios y representantes de El Salvador, Honduras – por ser los países del Triángulo Norte, las principales naciones de origen de los menores- y México  

En ese momento, Estados Unidos ofreció $10 millones para la reinserción de los inmigrantes que fuesen repatriados y cerca de $200 millones para programas de desarrollo social y seguridad en la región.  

Siete años después, el ahora presidente Biden envía, con la misma emergencia, a Ricardo Zúñiga a Guatemala y El Salvador para abordar la misma agenda. 

Se tiene previsto que el enviado especial del Departamento de Estado para el Triángulo Norte se reúna con el presidente Nayib Bukele, miembros del ministerio de Seguridad, sociedad civil, así como la realización de una visita por parte del alto funcionario al Centro de Atención del Retornado. 

En base a la experiencia obtenida en la investigación sobre las caravanas de migrantes en el 2014 y 2017, se puede afirmar que la expresión lingüística de llamar “menores no acompañados”, no es a final de cuentas lo que está pasando en todo el recorrido por la ruta del migrante, más bien es el final de la primera parte del intento de reencuentro entre los padres de familia que residen en los Estados Unidos y sus hijos que dejaron en países como El Salvador. 

Son muy pocos los casos en el que un menor de edad, el que podría ser un adolescente, quien emprenda un viaje solo desde Honduras, Guatemala o nuestro país para recorrer casi cuatro mil kilómetros solo por territorio azteca. 

Casi en la totalidad de los casos son los padres de familia quienes con anticipación viajaron de forma irregular a Norteamérica y dejaron sus hijos bajo la tutela de abuelos o familiares cercanos, mientras ellos se fueron en avanzada preparando el camino para un incondicional reencuentro. Ya sea este en uno, dos, cinco o más años. 

Según datos obtenidos por familiares que han enviado por sus hijos, estos están pagando hasta $15 mil dólares bajo el trato de “viaje seguro”. Casi ocho mil dólares más de los que se le pagaban a un “coyote” desde territorio salvadoreño hasta la zona fronteriza en el Rio Bravo en el 2017. 

Dentro del abordaje al interés de analizar con los funcionarios las causas migratorias, debería Zúñiga de agregar en su portafolios de retorno que mientras exista un vínculo emocional entre padres e hijos migrantes, siempre existirá un precio por la reunificación. Eso significa que antes del cumplimiento de los 100 Días de gobierno de Biden, la patrulla migratoria seguirá rescatando, reteniendo y enviando a algún centro de retención a cientos de miles de menores de edad. 

A esto se le agrega que independientemente El Salvador registre en más de un año una significativa reducción en los homicidios, no es un cheque certificado para querer afirmar que la migración irregular hacia los Estados Unidos ha disminuido. Hay que agregar también que las condiciones de pobreza y oportunidades en el país no han variado en comparación con el año 2014. 

En todo caso, aunque se presentaran cifras oficiales que reflejen cierto nivel de mejoría económica y la aspiración de mejor bonanza en los próximos años, la percepción del salvadoreño común basado en investigaciones y resultados de encuestas es que aún falta mucho para que sus bolsillos sustentes sus necesidades básicas, por lo que el factor de migrar no lo descarta. 

Sobre la visita al Centro de Atención de Retornados, habría que preguntarse también si este plan está cumpliendo con su razón de fundación. 

El programa fue lanzado a inicios de 2016, por parte del gobierno central a través del Ministerio de Relaciones Exteriores. El objetivo es beneficiar a las personas retornadas y dinamizar el sector productivo en sus respectivas comunidades de origen, para generar empleo y fomentar el arraigo de este grupo poblacional en el país. Se brinda distintos servicios para facilitar la reinserción de los salvadoreños deportados a la sociedad.  

Pero cuando se le ha preguntado a más de alguna persona retornada y que ha pasado por esta oficina, ciertamente aseguran que se les dio el servicio de recibimiento y la facilidad económica para el pago del transporte que los llevaría a su lugar de origen. Pero desde esa fecha jamás se les volvió a contactar. 

Todo indica que el funcionario norteamericano se llevará la buena voluntad gubernamental de continuar trabajando o al menos de permitírseles un compás de espera para reducir las estadísticas de la migración irregular hasta los Estados Unidos.

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