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 2706-5421

mascaras
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Óscar Picardo

Máscaras…

“La mayoría de las personas son otras: sus pensamientos, las opiniones de otros; su vida, una imitación; sus pasiones, una cita”.

Llevamos muchos siglos preguntándonos ¿quién soy? (o ¿quiénes somos?); desde Sócrates y sus preocupaciones políticas, hasta Ortega y Gasset y sus circunstancias, los pensadores han intentado descifrar la existencia humana, siendo un tema recurrente de la filosofía, de la antropología y de la psicología.

La identidad humana es un concepto dinámico y volátil, no hay una respuesta única o exacta, todo depende desde dónde hacemos la pregunta. En términos prácticos, identidad es lo que define a la persona. Según David Buckingham, hay dos dimensiones: lo que nos distingue de los demás; y a la vez la identidad también implica “una relación con un colectivo o grupo social de mayor amplitud”. En este contexto, la identidad está asociada a aspectos biológicos, sociológicos y psicológicos.

Somos una entidad biológica, pero también un complejo entramado de lo que creemos que somos, de lo que nos gustaría ser y de lo que los demás creen que somos (self-image, self-esteem e ideal-self)​; además, representamos un dilema entre la singularidad de uno mismo y de la similitud con nuestros congéneres. Somos algo único y a la vez parte de algo, una disonancia entre ser diferente y a la vez parte de o encajar con el grupo. Lévinas lo explicaba con su teoría de descubrirnos en la alteridad: nos definimos desde los otros…

La teoría de la identidad social de Henri Tajfel y John Turner (1979) expone los elementos que emplea la sociedad para discriminar entre grupos: categorización, identificación, comparación y distinción psicosocial. Tajfel propuso que parte del autoconcepto de un individuo estaría conformado por su identidad social, esto es, «el conocimiento que posee un individuo de que pertenece a determinados grupos sociales junto a la significación emocional y de valor que tiene para él/ella dicha pertenencia».

En la definición de identidad aparece una contradicción en la configuración del yo -como experiencia individual- y la pertenencia al colectivo o los otros; este fenómeno aparece en nuestras mentes y forma parte de nuestra consciencia. Carl Rogers (1979) explicó que durante el desarrollo del “yo” se descubre esta diferenciación. Como consecuencia, esto se refleja en la conciencia del ser y el actuar de la persona y se crea la experiencia del yo que termina organizándose para formar el concepto del yo. Para Jung (1961) lo determinante en la construcción del yo es un arquetipo, una imagen simbólica con un significado universal en las diferentes culturas que moldea y transforma el inconsciente personal.

En síntesis, como plantean López y Egea (2018) la identidad no es un concepto estático. El ser humano es un ser en construcción, dinámico y en permanente cambio. La persona vive en un proceso constante de identificación (…) la identidad se transforma y se fragmenta; en la posmodernidad “el yo tiene diversas caras” (Dans, 2015) y en todas ellas la persona desea narrar un relato que cuente quién es.

Identidad y personalidad son dos conceptos que se comprenden desde una perspectiva complementaria; identidad responde a la pregunta ¿cómo somos?, mientras que personalidad responde a ¿cómo nos comportamos o proyectamos nuestra identidad?

Personalidad proviene etimológicamente de “persona” (máscara del actor) o imagen pública de alguien. Erving Goffman en identity performance (1959)​ establece que la identidad es una proyección consciente y deliberada de transmitir lo que somos; una forma de actuar frente a las audiencias… en dónde acentuamos o suprimimos rasgos de nuestra personalidad.

Entre el “yo interno” (nuestras actitudes, ideas, sentimientos) y el “yo externo”, siempre va a haber un cierto grado de incongruencia en determinados contextos o circunstancias, por conveniencia, temor, confianza o prudencia. En efecto, las necesidades de afiliación, pertenencia y reconocimiento de Maslow establecen esta tensión entre el “quien soy” y el “quién debería ser” para ser aceptado o respetado, por conveniencia o por convicción.

En este punto nos encontramos con el “Mito de Narciso”; el personaje mitológico no pudo dejar de mirar a sí mismo y se enamoró de su propio reflejo. Sin poder resistir a su propia belleza, finalmente se tiró al agua y murió. En efecto, a veces hay espejos que nos confunden y condicionan formas de ser y actuar para encajar, y aparece el narcisismo. La necesidad de validación positiva es un rasgo de las personas narcisistas, personalidades tan frágiles que necesitan un refuerzo externo.

En la actualidad, en un escenario de transformación digital y redes sociales se han potenciado nuevas “máscaras digitales”; identidades y personalidades anónimas, secretas o falsas, para odiar, opinar o disentir.

Estas máscaras digitales también están vinculadas a una redefinición de lo público y lo privado -lo visible y lo invisible-, de la libertad, de la exhibición, etcétera. Estamos frente a identidades prefabricadas, personalidad narcisistas, odiadores profesionales y a nuevas necesidades de validación positiva para resolver los problemas de inseguridad.

Entre una considerable cantidad de “amigos” o seguidores imaginarios y likes de pseudo placer, se construyen nuevas identidades que discrepan con las reales; en el mundo digital, virtual u online somos un relato ideal, incluso pueden aparecer individuos con multiplicidad de identidades -asociadas o disociativas-. En dónde es más fácil caer en las trampas de los sesgos cognitivos, para emitir valoraciones, interpretar la realidad y tomar decisiones conforme a mis intereses.

Finalmente, López y Egea (2018) señalan que los usuarios que frecuentan las redes sociales, e Internet en general, saben cuándo se exhiben que se exponen a la creación de estos sesgos. La solución que se plantean, de forma cada vez más pronunciada, es la creación de diferentes perfiles en función de la imagen que quieren transmitir de sí mismos en los distintos entornos.      

“Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto….” Importante consejo de Steve Jobs en tiempos de transformación digital y de máscaras digitales.

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