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Mauricio González: “Hay que abandonar de una vez por todas la dolarización”

Mauricio González es un economista, investigador de la Universidad Francisco Gavidia y de la Universidad José Matías Delgado, él propone que el país abandone la dolarización para poder hacerle frente a esta crisis económica.

¿Qué es lo mejor que podría pasar en materia económica este 2021? 

Disponer de un Plan Económico que incluya un componente de emergencia por el que se atienden los problemas sanitarios del COVID-19, se provee transferencias a las familias y la pequeña empresa y luego se monta un programa de empleo; un segundo componente para la recuperación y un tercero para el crecimiento inclusivo. 

¿Estamos en una recesión económica? 

Sí. 

¿Hay posibilidades de un “corralito” en El Salvador? 

No he sabido de tensiones bancarias, pero hay mucha incertidumbre. 

Si tengo ahorros en el banco, ¿debería sacarlos? 

No he sabido de tensiones bancarias, pero hay mucha incertidumbre. 

Como ciudadanos, ¿podemos hacer algo para paliar la crisis económica?  

Mantener la calma. 

¿Qué debería hacer el gobierno en materia económica este 2021? 

Antes que nada, la autoridad económica debe proceder a la elaboración del Plan Económico referido en la primera pregunta. Luego, tomar en cuenta que la preocupación por el déficit fiscal no debe ser a tal grado que las acciones para llevarlo a niveles sostenibles terminen por llevar al abismo la recuperación. Se recuerda que esta es intensiva en el uso de recursos financieros para los componentes primero y segundo del Plan Económico. 

Al respecto, es probable que algunos analistas propongan una consolidación fiscal “tan pronto como sea posible”, quizás este año o el próximo, aduciendo que el problema fiscal es una “bomba de tiempo”, dados los niveles de endeudamiento y déficit fiscal actuales. Sin embargo, esta preocupación pasa por alto que una bomba de mayores dimensiones que la fiscal empezó a explotar a principios de los 2000, por razones que se explican luego, y que ha seguido haciendo estragos desde entonces. Cualquier cosa que suceda de 2021 en adelante puede verse como una secuela de lo que empezó con el nuevo milenio. 

La explicación: cuando se conduce un coche de forma que se exceden sus parámetros de funcionamiento, el vehículo fallará en algún momento, por ejemplo, con frenos sobrecalentados, exceso de velocidad, o falta de combustible. El coche es un sistema en funcionamiento y si sus restricciones se exceden falla. Esto pasa con una economía; se trata de un sistema cuya operación requiere respetar ciertas restricciones para que funcione bien de forma permanente. Si estas se exceden el sistema puede reventar como una bomba, y el estallido es uno que puede durar años. 

América Latina es el prototipo de esta clase de episodios que la literatura y la historia económicas han llegado a denominar como “crisis, boom y ajuste” o “sudden stop”, que resultaron en desempleo, inflación, caídas del PIB, crisis financieras, cambiarias, de balanza de pagos, etc., actuando como válvulas de escape. En el país, las válvulas de escape principales son de fácil identificación: delincuencia, subempleo y migración. Tales problemas pueden ser peores con el agudizamiento del problema fiscal, pero pudieran aparecer otras válvulas, como un empeoramiento de los niveles de pobreza. 

Por otro lado, es al menos llamativo que ante los problemas desatados por la pandemia -los de endeudamiento y déficit fiscal principalmente- entes como la CEPAL y el FMI enfatizan la importancia de utilizar los espacios fiscales que tengan los países para apoyar los primeros dos componentes que hemos incluido en el Plan Económico que hemos sugerido. De hecho, otros entes como el Banco Central Europeo, BCE, han sugerido que se gaste “lo que sea necesario” para atender el financiamiento de aquellos componentes. Otros han mencionado que “este no es tiempo para preocuparse de un déficit fiscal” y que ya habrá tiempo para eso “el día después”. 

El énfasis en “lo que sea necesario”, desde luego, no es antojadizo, ni tampoco la recomendación de “usar todo el espacio fiscal”. Existen fuertes antecedentes que respaldan tales recomendaciones. Para comenzar, estas no son nuevas; tanto en EE. UU. como en Europa se llevaron a la práctica por parte de la Fed (banco central de EE. UU.) y el BCE, a partir de los famosos “quantitative easing” o relajamientos cuantitativos -gasto fiscal masivo de billones de dólares para apoyar el aumento de la demanda agregada-, en ocasión de la Gran Recesión, GR, de 2008/9. 

La recomendación del gasto fiscal masivo para prevenir los efectos más nefastos de una crisis como la actual puede asociarse con el manejo macroeconómico por parte de muchos países del referente más importante de este tipo de fenómenos: la Gran Depresión, DP, de los años 1930, es decir, hace casi un siglo. Este episodio de la historia económica universal es probablemente el más fascinante y estudiado por los macroeconomistas que buscan conocer las causas para derivar lecciones valiosísimas que pudieran aplicarse a crisis posteriores. Obviamente, las causas identificadas han variado según la corriente económica de la que procedan los investigadores -especialmente keynesianos, monetaristas, y heterodoxos-, pero hay una de aceptación prácticamente universal: la falla de los bancos centrales y otras agencias asociadas en el manejo macro de una crisis en flexibilizar la política monetaria -entre otras cosas, aumentando la oferta monetaria mediante la impresión de dinero- para apoyar la recuperación de la demanda agregada de manera que esta impulse el aumento de la oferta agregada y con ello la reanudación de la actividad económica y el crecimiento.  

En otras palabras, lo que sucedió fue que los bancos centrales se retuvieron de dirigir recursos para rescatar bancos -solo en EE.UU. quebraron miles de bancos en el período más doloroso de la GD-, rescatar empresas pequeñas, medianas y grandes para mantener el empleo y la producción; y apoyar a desempleados y sus familias mediante el “dinero arrojado de un helicóptero” obtenido en general de la impresión de dinero por parte de la autoridad monetaria. En otras palabras, los bancos centrales de los países en que azotó la GD provocaron -tal vez inadvertidamente, pero no siempre- la profundización de la GD al ejercer una política monetaria endurecida e inflexible ante el fenómeno. 

¿Qué tiene que ver todo esto con El Salvador? Para ver la relación hay que retroceder un poco en las causas de la GD. La pregunta que hay que hacer es: ¿Por qué los bancos centrales practicaron una política de austeridad monetaria en vez de una política monetaria expansiva? Antes de seguir hay que mencionar que al examinar la historia y los números se encuentra que fue sólo después que la política monetaria se flexibilizó -de aquí el relajamiento y la flexibilización cuantitativos- y casi inmediatamente, los efectos de la GD sencillamente se revirtieron, ¡en cada país que arrojó por la ventana la austeridad! 

No estoy diciendo que la austeridad sea mala per se. Solo digo que en el caso de la GD era una invitación al suicidio. Igual que hoy con el COVID-19. Ahora respondemos la pregunta: los bancos centrales no relajaron la política monetaria porque si hacían lo contario, es decir si expandían la oferta monetaria, habrían perdido cierta parte de sus reservas en oro, dada su adherencia al patrón oro de la época. Estamos hablando de hace unos 90 años, cuando los países occidentales, los más grandes en su mayoría, adoptaron un tipo de cambio fijo, el patrón oro en este caso, por el que se dotaba a la economía internacional de una dosis importante de orden y estabilidad que fueron notables por un período. 

Pero aquel orden y estabilidad saltó por los aires cuando apareció la GD, y la rigidez o falta de flexibilidad en la respuesta monetaria que imponía el patrón oro solo prolongó la crisis. Autores como Barry Eichengreen, Peter Temin y Ben Bernanke han puesto de manifiesto la culpabilidad del patrón oro en relación con la GD. Entonces, otra vez: ¿Qué tiene que ver esto con El Salvador? El régimen cambiario de El Salvador tiene todas las características principales del patrón oro, en las que no abundamos aquí por el carácter de este escrito; pero el lector puede encontrar detalles en otros de nuestros escritos. 

Nótese que el país no tiene política monetaria porque no puede emitir dólares y por eso “no puede ir con todo” contra la pandemia y sus efectos. Esto también significa que en el país no se pueden aplicar algunas de las lecciones más importantes que se derivan de la GD. 

La prioridad del país ahora es la de aumentar de forma apremiante su espacio fiscal que por ahora es prácticamente nulo. Esto requiere abandonar de una vez por todas la dolarización y aprovechar la mayor o poca capacidad que para dinamizar la recuperación estaría disponible una vez pueda emitir su propia moneda. A esto se agrega que los peligros de una inflación o hiperinflación por el gasto expansivo son inexistentes dado el proceso deflacionario por el que atraviesa su economía; cosa que también sucede en Europa y en menor medida en EE.UU. En realidad, la deflación es un resultado colateral de crisis como la actual. También ocurrió con mucha fuerza y causó mucho daño en la GD. 

Para finalizar, “a grandes males grandes remedios”. Los problemas del país no se pueden manejar con acciones superficiales y cosméticas. De hecho, la crisis actual ha sido aprovechada por varios países para llevar a cabo transformaciones de gran calado en sus economías. 

Se habla que el GOES tiene un «As» bajo la manga, ¿cuál cree que es? 

No lo sé. 

¿Debería el GOES hacer una reforma de pensiones? ¿Cuál? 

Las autoridades económicas no se han destacado por comunicar sus planes, discutirlos, y obtener un grado razonable de apoyo para su puesta en marcha. Creemos que esto debe hacerse en el caso de las pensiones. 

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