Silhouette Of Young Female Student Celebrating Graduation
Óscar Picardo Joao

Óscar Picardo Joao

Mejorar la calidad universitaria…

Hablar de calidad es fácil, todo el mundo tiene una opinión y sugerencias de cómo elevar los estándares académicos, pero hacer las decisiones correctas para que eso suceda no es tan sencillo, siempre hay múltiples barreras que superar de índole cultural, financiera o sistémica.

Luego de analizar y estudiar varias leyes internacionales relacionadas con la Educación Superior o sobre el nivel terciario (México, Singapur, Francia, Ecuador, Uruguay, entre otras), he llegado a tres conclusiones fundamentales para elevar efectivamente la calidad de los servicios educativos; solo tres, porque he tenido que contextualizar y adecuar las ideas a nuestra realidad, haciéndolas plausibles y posibles; veamos las propuestas:

1.- Para enseñar en el nivel superior, todo docente debe tener grado académico de Maestría o Master. Esta medida elevaría el performance académico, dinamizaría el mercado laboral y generaría más presión para mejorar los honorarios de los catedráticos. Además, haría más competitivo la función docente generando una dignificación real. ¿Hay suficientes docentes universitarios con maestría?, estadísticamente estaríamos muy ajustados, y eso es bueno. En sistemas de primer mundo no se admite un profesor universitario que no posea doctorado, aquí iríamos un paso atrás, pero disminuiríamos la brecha.

2.- Para ser rector, Decano o Director debe ser indispensable poseer el grado de Doctor (habría que discutir si se acepta o no a Honoris Causa…); obviamente, las funciones de dirección, liderazgo, gerencia, academic chair, coaching, etcétera deben estar en un rango superior a la comunidad de docentes e investigadores. Asimismo, en la academia debe primar un criterio meritocrático de excelencia. Será muy difícil mejorar la calidad de la educación superior con criterios hereditarios y de empresas familiares. Los fundadores de universidades deben dar un paso crucial, ubicándose en una esfera superior de control y supervisión, pero deben dejar que la academia funcione como debe ser. Por eso en Estados Unidos hay “Principal” y “Provost”…

3.- Los fondos destinados a las actividades de investigación y desarrollo deben ser no menor al 5 % del presupuesto de la institución, y los honorarios y salarios del cuerpo de investigadores no deben superar el 50 % de ese 5 %, destinando el otro 50 % a equipamiento, laboratorios y actividades científicas. Si la investigación es una de las tres principales funciones universitarias, el 5 %  es poco, pero sabemos que hay muchos compromisos administrativos y financieros y se debe ir a un ritmo adecuado. A la larga, es la calidad de la investigación y de los laboratorios, las patentes y las publicaciones, lo que define la reputación de una institución de educación superior. Si no mejora el quehacer científico no avanzamos.

La internacionalización, la movilidad, los rankings y en sí, la educación superior a nivel global poseen dinámicas muy potentes, avanzan muy rápido; además, asistimos a un profundo proceso de transformación digital, en dónde el diseño de soluciones es una prioridad y responsabilidad eminentemente universitaria.

Por el momento, nosotros nos seguimos quedando atrás, repitiendo patrones y aceptando la cómoda situación actual como algo normal. Pocas patentes, limitadísimas publicaciones en inglés, mucha investigación social y seguimos entregando títulos a jóvenes que necesitan un ascensor social.

En educación no hay cambio fácil ni democrático; sí se deben escuchar a los actores y hacer consultas, pero los verdaderos procesos de transformación implican esfuerzos, riesgos y sacrificios. Si no medimos y si seguimos haciendo lo mismo el país no va a cambiar, y sin lugar a dudas: Ninguna sociedad es superior a sus universidades, somos el techo de la calidad y los responsables del conjunto de profesionales que guían al país.

En estos días el rector de la UCA, P. Andreu Oliva SJ, con un alto sentido de responsabilidad profesional manifestaba: “Nos duele y entristece que graduados de esta alma mater lideren en el gobierno y en la Asamblea Legislativa la destrucción política, social, económica y moral de El Salvador; y ataquen a su alma mater sin fundamento, por el hecho que tenga una voz crítica; en lugar de poner los conocimiento adquiridos para el bien, los han puesto al servicio de intereses oscuros y perversos […] ”. Obviamente son una minoría, hay muchos más graduados honestos, éticos y comprometidos, pero al final, es una realidad, pasaron por nuestras universidades.

Hay muchos otros elementos que reformar y cambiar en la educación superior; pasar del sistema de Unidades Valorativas a Créditos Académicos; elevar los estándares de la Comisión de Acreditación; definir mejor la tercera función universitaria; eliminar barreras burocráticas; revisar la gobernanza; crear nuevos espacios técnicos para la habilitación laboral (similar a Community Colleges); entre otras.

Malasia, Singapur, Corea del Sur, Israel, Taiwán, Hong Kong, Camboya, Vietnam, Laos y Myanmar, entre muchos otros países pequeños, cambiaron radicalmente su configuración económica y posicionamiento global gracias a sus universidades y patentes.

En la historia reciente encontramos algunos hitos importantes de la educación superior salvadoreña: Fundación de la Universidad de El Salvador (1841); destacados rectorados de Carlos Llerena 1944 y Fabio Castillo 1962; Ley de Universidades Privadas (1965); creación de una robusta Ley de Educación Superior (1995-1997);  hoy, luego de 25 años de la última reforma la actual Dirección Nacional de Educación Superior se está arriesgando a iniciar un proceso de cambios e imprescindible actualización, con algunas podemos discrepar -p.e. obligatoriedad de la acreditación-, pero las diferencias no deben ser motivos para frenar este importante ajuste para dar saltos de calidad. Q:E:D:      

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