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Nuestro Tiempo y Vamos…

Nuestro Tiempo y Vamos, dos partidos distintos, distantes pero nuevos, presentaron los mejores candidatos para los comicios de diputados y alcaldes el 28 de febrero de 2021. Los resultados no fueron favorables, a penas un diputado cada uno (Johnny Wright y Claudia Ortiz) y, una alcaldía para Vamos (Carlos Coca en San Isidro, Morazán).

No eran de los “mismos de siempre”, la mayoría presentaba hojas de vida impecables y un discurso coherente; su campaña fue sobria y basada en un marco de comunicación ético; sin embargo, nada de esto funcionó ¿por qué?

La democracia teórica o de manual es muy distinta a la procedimental. Las reglas de la política Latinoamericana suelen ser bastante sucias y desequilibradas. Lo obvio es lo menos obvio; y al final, observando la historia contemporánea, los resultados han sido recurrentemente desastrosos: corrupción, autoritarismo, populismo, etcétera. ¿Hay algún país medianamente decente en materia política en América Latina?

Anota Norberto Bobbio en su libro “Elogio de la Mitezza” (2014): “En la lucha política, incluso en la democrática, en aquella que no recurre a la violencia en la lucha por el poder, los hombres ponderados no tienen rol alguno”.

Un destacado político Latinoamericano, en una conversación me manifestó que lo que se necesitaba para llegar al poder era “Coraje y Cólera”. Otro más conocido y citable -Pepe Mujica- enarboló un discurso de la ética, la sobriedad y lo utópico con realismo: la política es una vocación para servir a la gente.

Da la impresión que lo académico, la decencia y la ética no van de la mano con el mundo político partidario; en el que prevalece la imagen y las promesas sin sentido, que el poder y los entornos partidarios transforman y corrompen y, que al final, nos quedamos con los sujetos más oscuros y que se repiten los círculos viciosos. No aprendemos…

Actualmente han perdido fuerza los conceptos tradicionales de “Derecha” (más mercado) e “Izquierda” (más Estado), vivimos una época “líquida” de indefinición ideológica en dónde comienza a prevalecer más lo digital y el humor social de los indignados.

Más allá de los momentos políticos que vivamos, al final, hacer gobierno y generar gobernanza, implica diseñar los equilibrios entre las necesidades sociales y la oferta gubernamental; y en esta ecuación siempre aparece el rol del Estado y del mercado como elementos esenciales de la democracia.

En las sociedades contemporáneas se han roto los equilibrios tradicionales, hay más “diversidad” y esto implica nuevas necesidades y formas de comunicación. Pero en el fondo hay sustratos culturales que generan presión política; y sobre todo necesidades insatisfechas.

El rol perverso de los políticos es descubrir estas necesidades y enviar mensajes a modo de respuestas, sean útiles o no, imprescindibles o no, éticas o no. Nuestro Tiempo y Vamos no cayeron en esa trampa y optaron por el camino ético, lógico y coherente, pero este camino no conecta con las emociones sino con la razón, y la política cada vez es más emocional que racional.

Al final, tenemos una Asamblea Legislativa que refleja estadísticamente la composición situacional de la sociedad contemporánea de El Salvador, nos guste o no nos guste, es la realidad: un 70% de la población que no tiene nada que perder, cansados de promesas incumplidas y de falta de oportunidades, quienes optaron por el proyecto de Nuevas Ideas; un 15% anclado en la antigua racionalidad de Derechas e Izquierdas; un 10% que representa la apatía; un 5% crítico o progresista, aquí está Nuestro Tiempo y Vamos.

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