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Iván Gómez Trejos

Iván Gómez Trejos

¿Otro estudio al transporte público de pasajeros?

Cada vez que ha finalizado un quinquenio presidencial, al menos en los últimos 20 años, este se retira con la batalla perdida en cuanto a la creación de un mejor servicio para el transporte público de pasajeros.

Y cada gobierno se enfrenta, a lo largo de su período, a este grupo de gremiales que buscan insistentemente mejorar sus ganancias argumentando pérdidas operativas. Pero, frente a esa “desventaja”, no se animan a dejar el negocio.
Por el lado de los pasajeros, después de más de 20 años, la única constante ha sido un servicio deficiente y las denuncias de malos tratos de parte de los operarios de autobuses y microbuses.

En la última semana de agosto, el Gobierno anunció que muy pronto iniciará un proceso de licitación para realizar un estudio de factibilidad de un sistema de transporte masivo en el Área Metropolitana de San Salvador (AMSS).
Hagamos memoria histórica, en el año 2000, bajo el gobierno de Francisco Flores, se dio a conocer el “Estudio de Organización del Transporte Colectivo de Pasajeros” en el AMSS, que fue elaborado por un Consorcio de Israel TAHAL para el Viceministerio de Transporte VMT.

Alrededor de nueve millones de dólares se gastaron en dos estudios y un plan sobre el transporte urbano de pasajeros solo en los primeros 10 años (2000-2010). No es por falta de estudios que no se resuelve este problema que en todas las ocasiones se impone la fuerza con un paro de labores. Hasta el momento, esa medida de fuerza falta que se le ejecuten al gobierno de Nayib Bukele.
El ministro de Obras Públicas y Transporte, Romeo Rodríguez, afirmó que la cartera se encuentra “en un proceso de licitación” para formular un modelo de transporte masivo, el cual podría ser un autobús de tránsito rápido.

Esto recuerda a dos propuestas anteriores. La de Norman Quijano, que como alcalde propuso la modernización con autobuses articulados; mientras que Mauricio Funes creó el Sistema Integrado de Transporte del Área Metropolitana de San Salvador (SITRAMSS) que comprendía 6.4 kilómetros. Aunque ante la espera de un préstamo de $45 millones del Banco Nacional de Desarrollo de Brasil, que nunca logró ejecutarse, la inauguración tuvo que esperar hasta el gobierno de Sánchez Cerén.

Para este proyecto también hubo un estudio de factibilidad, como el que también le permitió a Funes anunciar el Sistema Integrado de Transporte Público, en el que se sacarían los buses del centro histórico, además de la utilización del pago por tarjeta electrónica. Medida que no logró cuajar.

Lo que sí es cierto es que frente a las amenazas del sector transporte, ninguno de estos últimos gobiernos aceptó un incremento a la tarifa. A excepción, de los permisos no muy esclarecidos, ni supervisados, otorgados a los autobuses de “servicio exclusivo”, que incluye aire acondicionado a un costo de $0.35 centavos por servicio.

“La nueva propuesta del 2020 serían modelos de transporte, podemos hablar de BRT (bus de tránsito rápido, según sus siglas en inglés) que va a conectar con un monorriel o con un metro”, mencionó el viceministro. ¿Cuál será la sorpresa en la modernización?
Y la cereza en el pastel fue que, en agosto de 2019, el Ministerio de Obras Públicas presentó un estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que reveló que el BRT “no cumple con las capacidades de pasajeros” que se deben movilizar. O sea, trabajo nuevamente tirado a la basura.

¿Por qué todos los estudios terminan sin sere ejecutados? Si es un sector que se maneja con déficit, ¿por qué le interesa tanto este sector a cada gobierno de turno? ¿El poder de los buseros va más allá de la movilización del votante para acarrearlos durante las campañas políticas?

Lo que si es cierto es lo siguiente: no habrá aumento al transporte público de pasajeros, nos volverán a sacar el subsidio por medio del pago de combustibles, continuaremos con el mal servicio al usuario, al menos que se le dé una maquilladita a algunas latas de los eternos autobuses. Y, nuevamente, a ganar tiempo.

Hay que esperar qué pasará en los próximos 12 meses, tiempo que se le adjudicará a la empresa ganadora para elaborar el nuevo estudio.

Finalmente, lo que sí es cierto, es que todos los empresarios de autobuses le dieron el beneficio de la duda a cada uno de los gobiernos de turno en los últimos 20 años. Y, nuevamente las amenazas, bajo el argumento de siempre, el que no cuadran sus costos de operación.
La mesa de conversaciones entre el sector transporte y el gobierno está nuevamente servida y en cuerda floja.

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